Gabriel García Márquez (1927-2014)

Philip Swanson

Resumen


Poco después del comienzo de la obra maestra de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad (1967), el fundador de Macondo (ese famoso pueblo ficticio y polvoriento, epicentro del universo literario colombiano) les enseña a sus hijos a leer y escribir presentándoles 'las maravillas del mundo': "no sólo hasta donde alcanzaban sus conocimientos, sino forzando a extremos increíbles los límites de su imaginación" (García Márquez, 1978:21). Esto puede interpretarse como una suerte de modelo de escritura, y también como la forma de leer el texto tan mágico y realista que el lector está por empezar. Es allí donde yace la energía y la ambigüedad que hacen de la escritura de García Márquez algo tan convincente. En esta, la primera novela de lo que Occidente dio en llamar "los países en vías de desarrollo", se convoca al lector a un acto de imaginación política, a abandonar la pasividad y atreverse a inventar un nuevo tipo de realidad. A la vez sugiere que la literatura no puede ser más que ficción, y cualquier realidad alternativa no pasa de ser fantasía. De allí que, en las postrimerías de la novela, cuando la última persona de la siguiente generación en creerse la verdad sobre una masacre -autorizada entre murmullos oficiales- de huelguistas en una plantación bananera de propiedad estadounidense (el momento político clave de la narración) le pregunta al cura de su parroquia qué tan cierto fue aquel hecho, el cauto sacerdote responde "a mí me bastaría con estar seguro de que tú y yo existimos en este momento" (García Márquez, 1978: 354).

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DOI: https://doi.org/10.5294/4251



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