1984 Representaciones de las Farc en la prensa:
guerrilla comunista o narcoguerrilla
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1984 Press Declarations of the Farc:
Communist Guerrilla or Narco-Guerrilla

1984 Representações das Farc na imprensa:
guerrilha comunista ou narcoguerrilha

Julián Penagos-Carreño2

1 Este trabajo hace parte de la investigación "El enemigo eterno. Proceso de representaciones de las Farc en la prensa: 1964-1996", realizada para optar por el título de Maestría en Historia de la Universidad de los Andes.

2 Universidad de La Sabana, Colombia.
julianpc@unisabana.edu.co

DOI : 10.5294/pacla.2015.18.1.2

Recibido: 2014-03-03
Enviado a pares: 2014-03-03
Aprobado por pares: 2014-05-31
Aceptado: 2014-06-11

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Penagos-Carreño, J. Marzo de 2015. 1984 representaciones de las Farc en la prensa: guerrilla comunista o narcoguerrilla. Palabra Clave 18(1), 12-40. DOI: 10.5294/pacla.2015.18.1.2


Resumen

Este artículo presenta una parte de la investigación concerniente al proceso de construcción de representaciones en la prensa nacional e internacional sobre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo -Farc-EP- durante un periodo que comprende su inicio como grupo guerrillero en 1964 y su consolidación como un ejército que puso en vilo al Estado colombiano en 1996. Este ensayo se enfoca de manera exclusiva en los meses de mayo a junio de 1984, el primer mes del "cese al fuego" acordado con el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986). Se trabaja la ambivalencia de las representaciones y cómo poco a poco se empieza a configurar la imagen de una narcoguerrilla.

Palabras clave

Periodismo, prensa, representaciones, conflicto armado (Fuente: Tesauro de la Unesco).

Abstract

This article presents a part of the research study regarding the process of constructing representations within the national and international press about the Revolutionary Armed Forces of Colombia - People's Army (FARC - EP) throughout a period from its inception as a guerrilla group in 1964, to its consolidation as an army which set the Colombian State on edge in 1996. This paper is exclusively focused on the months of May to June 1984, the first month of the "ceasefire" agreed with the government of President Belisario Betancur (1982 -1986). The ambivalence of representations is discussed herein, as well as how the image of a narco-guerrilla gradually takes shape.

Keywords

Journalism, press, representations, armed conflict (Source: UNESCO Thesaurus).

Resumo

Este artigo apresenta uma parte da pesquisa referente ao processo de construção de representações na imprensa nacional e internacional sobre as Forças Armadas Revolucionárias da Colômbia-Exército do Povo —Farc-EP— durante um período que compreende seu início como grupo guerrilheiro em 1964 e sua consolidação como um exército que preocupou o Estado colombiano em 1996. Este ensaio centra-se exclusivamente nos meses de maio a junho de 1984, o primeiro mês do "cessar-fogo" acordado com o governo de Belisario Betacur (1982-1986). Trabalha-se a ambivalência das representações e como, pouco a pouco, se começa a configurar a imagem de uma narcoguerrilha.

Palavras-chave

Jornalismo, imprensa, representações, conflito armado (Fonte: Tesauro da Unesco).



Introducción

Este artículo presenta una parte de la investigación concerniente al proceso de construcción de representaciones en la prensa nacional e internacional sobre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo -Farc-EP-, durante un periodo que comprende su inicio como grupo guerrillero en 1964 y su consolidación como un ejército que puso en vilo al Estado colombiano en 1996.

Este ensayo presenta de manera exclusiva los resultados de investigación de los primeros 15 días del cese al fuego efectuado en el proceso de paz durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986), específicamente entre el 28 de mayo y el 14 de junio de 1984. En esta medida, el trabajo hace la pregunta: ¿cuáles han sido las representaciones que pueden ser reconocidas en seis periódicos (cuatro nacionales y dos internacionales) entre mayo y junio de 1984, desde la información (noticia, crónica, reportaje) y la opinión (editorial, columnas de opinión), sobre las Farc-EP?

Para dar cuenta de este interrogante, el conflicto armado colombiano es tomado aquí no solo como un fenómeno social, sino como un hecho que se ha construido simbólicamente a través de las narraciones y las imágenes que se transmiten y leen de él, que inciden en la comprensión o no del mismo, siendo la prensa un escenario en donde se producen y reproducen todas estas significaciones que, incluso, pugnan entre sí (Barón & Valencia, 2004). Por lo tanto, las representaciones3 son construcciones discursivas que "interactúan socialmente y configuran maneras de darle sentido a la existencia, universos de significación, referentes de identidad, pautas de reconocimiento sobre lo común y lo diverso, lo igual y lo diferente, consolidadas en el tiempo a través de intercambios sociales y ordenes institucionales" (Bonilla & Raya, 1998:20).

Por lo tanto, en primer lugar, se intentará demostrar que las representaciones son un proceso que con respecto a la prensa se da en tres niveles discursivos: bélico-militar, político y moral. El nivel discursivo bélico-militar trata de los actos de guerra como enfrentamientos, acciones de las Farc y operaciones militares. El nivel político hace referencia a la negociación, legislación, políticas de seguridad y valores ideológicos de la guerrilla. Por último, el nivel moral consta sobre el juzgamiento de las acciones por parte de los medios, ya sea con calificaciones como correctas o incorrectas o malos y buenos.

En segundo lugar, los juicios de valor presentados en cada medio determinan la tipología de relación de poder entre los bandos en contienda, y pueden ser: de asimilación, de identificación o de neutralidad. De asimilación, cuando la prensa arguye que la guerrilla debe ser eliminada; de identificación, cuando afirma que debe ser entendida y se exponen y comprenden sus intenciones, y de neutralidad, cuando se realiza una exposición de los hechos sin emitir ningún juicio, en una especie de indiferencia hacia el hecho o grupo.

En tercer lugar, el producto final de todo este proceso da como resultado una entidad histórica o representación de ese otro como enemigo, que estará relacionado con un nivel de relación axiológico (juicio de valor: malos/buenos), uno paraxiológico (someter o ser sometido) y un plano epistémico (conocer u ignorar al otro), y que dará como resultado la actitud mostrada frente a ese enemigo según la teoría de los Spillman:

1. Desconfianza: todo lo que proviene del enemigo es malo o, si parece razonable obedece a razones fraudulentas. 2. Culpar al enemigo, el enemigo es responsable de las tensiones existentes y tiene la culpa de todo lo que es negativo en las circunstancias predominantes; 3. Actitud negativa, todo lo que hace el enemigo es con intención de perjudicarnos; 4. Identificación con el mal, el enemigo encarna lo opuesto de lo que somos y de aquello por lo cual luchamos, quiere destruir lo que más estimamos, y por consiguiente debe ser destruido; 5. Simplificación negativa, todo lo que beneficia al enemigo nos perjudica y viceversa; 6. Negación de la individualidad, todo lo que pertenece a un grupo determinado es automáticamente nuestro enemigo; 7. Negación de la empatia, no tenemos nada en común con nuestro enemigo; los sentimientos humanos y los criterios éticos hacia el enemigo son peligrosos e imprudentes (1991: 59-60).


Metodología

Este estudio realizó un análisis del discurso, siguiendo las premisas de Teun van Dijk (1990), de una muestra de tres periódicos y una revista nacionales (El Tiempo, Voz Proletaria, El Siglo y Semana) y dos periódicos internacionales (El País de España y el New York Times). Fueron tres los criterios para escoger la muestra: primero, diarios o revistas de cobertura internacional, nacional y regional de alta lecturabilidad con el objetivo de realizar comparaciones en los sistemas de representación. Segundo, diarios o revistas que han permanecido en el tiempo, para obtener una visión temporal de los sistemas de representación. Tercero, periódicos o revistas de oposición, para obtener una perspectiva más amplia de las luchas de la significación en los sistemas de representación. La unidad de análisis de esta investigación es toda "información periodística"4 que aparezca en cada uno de los diarios que haga referencia de manera directa a las Farc.

La coyuntura histórica escogida es la del 28 de mayo de 1984, fecha de iniciación del cese al fuego entre las Farc y el gobierno Betancur. Aquí se presenta el rastreo de notas periodísticas realizado hasta 15 días después de la fecha fijada. Se analizaron 61 piezas periodísticas.5


28 de mayo de 1984

Menos de 14 días atrás las Farc ordenan el cese al fuego en todos sus 27 frentes. Por otro lado, el Ministerio de Defensa ejecuta la misma acción el 1 de junio. El acuerdo es el resultado de dos años de negociaciones entre este grupo guerrillero y la comisión de paz conformada por representantes del gobierno y la iglesia. Se vislumbra la posibilidad del fin del conflicto, sobre todo cuando Betancur había dado estatus político a las Farc, cambiando por completo la estrategia de lucha antisubversiva del gobierno anterior.6

En este contexto, el proceso de representación de los periódicos analizados puede graficarse de la siguiente manera:

La tabla 1 muestra el comportamiento general del sistema de representaciones de la prensa sobre las Farc entre mayo y junio de 1984. En ella se pueden ver tres comportamientos: primero, una conducta ambivalente en torno al proceso y a la guerrilla, que se manifiesta en los niveles de relación del medio con las Farc, yendo y viniendo constantemente entre los juicios paraxiológicos y el epistémico-cognitivo. Segundo, una actitud de los medios generalizada y anclada en la desconfianza; la mayoría de los artículos de prensa analizados, aunque tienen un nivel de discurso político (lo que guarda coherencia con el nivel de relación epistémico en cuanto a que los medios de prensa tenían la intención de conocer las propuestas políticas de las Farc), en realidad muestran cierto recelo acerca del éxito de los diálogos y de las verdaderas intenciones de la guerrilla. Tercero, la posición de los periódicos internacionales analizados no tienen ambigüedades en el tipo de discurso que manejan: el New York Times desde un nivel bélico hace juicios morales sobre la guerrilla y tilda a sus miembros de malos, los encaja en la lógica de la Guerra Fría, exige su eliminación y los llama narcoguerrilleros y comunistas. Mientras tanto, El País de España realiza su representación desde un modelo político de conocimiento y neutralidad, dotando de legitimidad la lucha insurgente, al comparar a las Farc con una guerrilla partisana.

Sin embargo, las representaciones tienen matices, no son continuas e incluso nunca son homogéneas; en ese caso, existen distintos modelos de representación que se superponen, se confrontan y a veces coexisten en un mismo medio.


El modelo optimista: la esperanza por la paz

Es un modelo característico de los medios nacionales. Su duración es corta debido a que está relacionado con la coyuntura. Nace de manera tímida el primer día del cese al fuego pero rápidamente se va diluyendo a medida que el proceso avanza y la representación realizada del enemigo renace poco a poco. Periódicos como El Tiempo, El Siglo, Voz Proletaria y la revista Semana utilizan un lenguaje positivo, convocando el apoyo al proceso y a ilusionarse con un fin negociado al conflicto bélico con las Farc. Argumentan que la ilusión empieza a "edificarse" cuando Belisario Betancur toma el poder y que por medio de la creación de la Comisión de Paz, con el decreto 2711 de 1982, y la nueva ley de amnistía (Ley 35 de 1982) se da paso a los diálogos con la guerrilla, que tendrán sus frutos con los acuerdos de La Uribe del 28 de marzo de 1984. En esta primera etapa la representación de la guerrilla como un sujeto político parece ser evidente, aunque no dura mucho, pues la desconfianza no solo para con la guerrilla sino con el gobierno hacen que este modelo no subsista y quede limitado solo al comienzo del acuerdo de cese al fuego.


El modelo político: las Farc como guerrilla partisana

El diario El País de España realiza una construcción de la representación de las Farc como una guerrilla política, dando reconocimiento de estatus político a las acciones violentas realizadas por el grupo. Primero, afirma que los delitos de esta guerrilla son delitos políticos que deben ser juzgados como tales (7 de junio, 1984): delitos como sedición, sublevación y rebelión que incluso -sugiere el diario- deben tener perdón gubernamental para poder continuar con un proceso de paz.

Segundo, el 28 de mayo de 1984, El País escribe sobre las relaciones con el partido comunista colombiano, desligándolo de intenciones violentas y ubicándolo dentro de un marco político de dependencia institucional.

Están consideradas (las Farc) como el brazo armado del Partido Comunista Colombiano, pro soviético, que, pese a ser uno de los partidos tradicionales del pais, no pasa de los 100.000 votos. Es una organización con considerable disciplina interna, y se espera que los 27 frentes obedezcan la orden de silenciar las armas.

Tercero, en el mismo artículo habla de las finalidades políticas de participación democrática de la guerrilla: "Las Farc, dirigidas por hombres de 70 años que han pasado su vida combatiendo, nacieron en los núcleos rurales, donde tienen sus principales seguidores, y ahora pretenden transformarse en el Partido Agrario Nacional".

En general, El País celebra los acuerdos de paz y ve con esperanza la firma de la tregua como una forma para poner fin a un conflicto que lleva tanto tiempo y que ha "desangrado a Colombia". Incluso su discurso es, en ciertos sentidos, de carácter pedagógico, ya que son comunes los artículos en donde reseña la historia del grupo guerrillero (sus orígenes y motivaciones). Esto, sin duda, tiene que ver con el público al cual se dirige, ya que a los lectores españoles se les debía dar un contexto de la situación colombiana para su mejor comprensión.

El modelo de las Farc como una guerrilla partisana que tiene motivaciones políticas y que tiene orígenes agrarios será mantenido por el medio durante el mes en el que se realizó el estudio, será constante y no tendrá cambios bruscos. El País asumirá una posición neutral e intentará, siempre que pueda, conceder apoyo al proceso.


El modelo de la desconfianza: la agenda oculta de las Farc y el gobierno

Este modelo de representación se caracteriza por una actitud de desconfianza y duda en torno al proceso y a las intenciones de la guerrilla de las Farc y el gobierno. Empieza antes del 28 de mayo de 1984, cuando medios como El Tiempo, El Siglo y el New York Times reseñan acciones bélicas y resaltan las bajas militares y la temeridad del accionar guerrillero en momentos previos a la firma del cese al fuego. Los medios concluyen que la guerrilla está aumentando sus ataques para demostrar su poder bélico y aparecer como un grupo fuerte. Incluso, el periódico El Siglo expone la teoría, que se trabajará más adelante en el periódico New York Times, de que las Farc se han convertido en una narcoguerrilla y han dejado de lado sus ideales políticos (21 de mayo, 1984).

En la edición del 4 de junio de 1984, Semana cuestionaba la operatividad de la comisión de paz tildándola de obsoleta: "hay quienes sostienen que esta Comisión de 40 miembros en donde tienen cabida todos los sectores, es más representativa que operante...". Incluso la revista habla de la subordinación de esta comisión a decisiones de la clase política del país "y que independiente de la intensidad con la que trabajen sus miembros, buena parte de la responsabilidad para que la paz se traduzca en fórmulas concretas radica en la voluntad política de los partidos y en la luz verde que el Congreso dé a los proyectos que presente el Ejecutivo en las próximas sesiones del Congreso".

El principal cuestionamiento realizado por la revista Semana es que la paz no estaba en manos de la comisión sino de la clase dirigente, que tendría la última decisión en los acuerdos que se llevaran a cabo en los diálogos con las guerrillas. Por otro lado, este tono pesimista estaba enmarcado por la poca viabilidad de éxito para cumplir las promesas que el gobierno podría hacer a la guerrilla. En esta instancia, el medio utiliza fuentes oficiales que confirman la imposibilidad de llevar a feliz término las negociaciones: "Como lo señaló a mediados de la semana el contralor Rodolfo González García el gobierno no está preparado para responder a los requerimientos socio-económicos que demandará la protocolización de un acuerdo de paz con las Farc" (Semana, 4 de junio, 1984).

Con la posición enraizada en el posible fracaso de las negociaciones, la revista se pregunta por qué las Farc querían negociar.

¿Acaso están derrotadas, o cansadas, después de 30 años de lucha? ¿Acaso buscan un "año sabático" para reorganizarse internamente y fortalecerse para arremeter de nuevo contra el sistema? ¿Acaso creen haber encontrado las condiciones para renunciar a las armas y actuar dentro de un marco legal? ¿O acaso obedece esta tregua a una consigna de sus aliados del exterior? (Semana, 4 de junio, 1984).

La revista maneja tres hipótesis: una, el grupo realmente quiere negociar; dos, el grupo armado está debilitado y necesita tiempo para reorganizarse; tres, existen intereses internacionales. En el artículo del 11 de junio de 1984, una a una, las hipótesis son analizadas y descartadas hasta quedar la más "plausible". La primera se elimina por la mala situación social y económica del país: "La situación nacional, difícil como nunca, hace poco probable que el móvil de las FARC sea la esperanza de un cambio económico y social, que obviamente el gobierno está en la imposibilidad de cumplir (Semana, 4 de junio, 1984).

La segunda se descarta por los efectos bélicos negativos que podría traer una pausa prolongada en los integrantes de la guerrilla:

No es en cambio tan fácilmente descartable la posibilidad de que las FARC estén buscando un año de tregua para reorganizarse politicamente y regresar posteriormente a la lucha, legitimadas con el argumento de que el gobierno no satisfizo sus expectativas. Pero esta teoria también tiene sus bemoles. En primer lugar, porque nada indica que las FARC estén necesitadas de una reorganización interna. Al contrario, parecen estar en su mejor momento militar y politico. En segundo lugar, con un año de tregua se arriesgan a debilitar su estructura y su efectividad ofensiva.

Pero la tercera se ve como la más acertada. La revista realiza una conexión el conflicto armado colombiano con hechos coyunturales de índole internacional: guerra en El Salvador, el desenlace de la guerra en Nicaragua y Fidel Castro en Cuba.

Queda abierta una última posibilidad, y es que la de que en la tregua con las FARC existan intereses internacionales. Una solución negociada con la guerrilla en Colombia, que es el pais que ha acaudillado las gestiones de Contadora, fortalecerá sustancialmente la vigencia de los métodos que este grupo propugna y que, a su vez, constituyen la única alternativa ante un conflicto generalizado en Centroamérica.

Por último, la revista Semana advierte que la paz es una esperanza que no puede ser descartada por el pueblo colombiano, pues aunque las negociaciones sean difíciles y tengan muchos factores que la pueden hacer fracasar, es una posibilidad que podría terminar en el fin del conflicto. Aun así, afirman que este es un paso que debe darse porque "la peor diligencia es la que no se hace".

Por otro lado, la desconfianza también recae en el gobierno: para la revista Semana, realizar unos diálogos con la guerrilla hace parte de una estrategia de Betancur de ir con los vientos de cambio del continente; a raíz de la llegada del sandinismo al poder en Nicaragua y la preocupación por una expansión del comunismo desde Cuba, se pasa al miedo de que el conflicto armado colombiano desemboque en algo parecido al centroamericano. Es decir, la revista Semana argumenta que la intención del gobierno es evitar la "centroamericanización" de la guerra colombiana. "Las difíciles condiciones internas del país eran caldo de cultivo para que la onda expansiva del conflicto centroamericano traspasara las fronteras y repercutiera en el contexto nacional. Había entonces que navegar río arriba para construir un dique" (4 de junio, 1984).

Desde lo discutido en la revista Semana, se puede deducir que en 1984 no había una verdadera voluntad de paz ni de parte del gobierno, ni de la guerrilla. Este discurso político de desconfianza con el enemigo causará que la revista tenga una actitud de radical rechazo frente a todos los actos de la guerrilla e incluso de caracterizarlos de manera peyorativa.

Esto se hizo evidente en la reseña de una entrevista realizada por Radio Caracol a Manuel Marulanda Vélez dentro del marco de la primera semana de paz después de la firma del cese al fuego publicada en la edición del 5 al 11 de junio (Semana, 11 de junio, 1984).

Los aspectos de las respuestas del líder guerrillero que recalcó la revista fueron:

1. Su lenguaje "folclórico" lleno de "haigas", tratando de enfatizar la poca cultura del personaje en cuestión y su origen humilde de campesino.

2. La "sorprendente" habilidad para responder las preguntas hechas por los periodistas.

3. La "frialdad" y "descaro" a la hora de referirse al secuestro y a las "vacunas" que son para él "colaboraciones" de la clase alta para la causa.

4. Además, la revista habla con continua sorna sobre el "debut" de este personaje en sociedad, la forma como se "robó el show", y realiza continuas metáforas sobre el espectáculo.

Es evidente que este modelo se enmarca dentro de la teoría de los Spillman, en donde la actitud del medio se manifiesta en que todo lo que proviene del enemigo es malo, todo lo que hace obedece a razones fraudulentas, siempre tiene la intención de perjudicarnos y jamás tendremos nada en común con él, y tener sentimientos de empatía hacía el enemigo es peligroso e inadecuado (1991: 59-60).


El modelo del enemigo interno: de guerrilla comunista a narcoguerrilla

Este modelo se inserta en la lógica norteamericana del periodo de Ronald Reagan de radicalizar la lucha contra el enemigo comunista, que se manifestaba por guerras de "baja intensidad" por todo el mundo para acabar con ese "eje del mal", término que se utilizaba para referirse al bloque de países prosoviéticos. En este marco de referencia, periódicos como The New York Times, El Siglo, El Tiempo, la revista Semana y Voz Proletaria manejan una primera representación de la guerrilla como un grupo comunista que busca crear un frente unido para la toma del poder en Colombia; de manera simultánea, los dos primeros construirían la representación de las Farc como una narcoguerrilla, lo que definiría a este grupo armado en un futuro cercano.

La revista Semana parece reconocer un estatus político de la guerrilla por analogía, pues relaciona a esta guerrilla con Cuba y la Unión Soviética. Los reconoce como movimiento revolucionario que quiere un cambio en la sociedad. Aunque, definitivamente, la caracterización política de la guerrilla es realizada de manera más clara por El País de España y no por la revista Semana. En realidad, los medios nacionales se dedican a reseñar las "actitudes" en torno al proceso de paz de Betancur y las Farc y no a dar una explicación política del mismo. Su tono es moralista, se habla de malos (guerrilla) y buenos (el pueblo colombiano, el ejército).

En sentido contrario pero utilizando el mismo modelo de representación, Voz Proletaria intenta legitimar la lucha guerrillera de las Farc haciendo referencia a su pasado rural y campesino y a la lucha en contra de las oligarquías y del imperialismo yanqui. En la visión de Voz, el grupo guerrillero representa al pueblo y lucha por él. En este caso, también se maneja un lenguaje moralista, pero los malos son el gobierno y el ejército, mientras que el grupo de las Farc son los buenos. El periódico manifiesta una actitud de asimilación que se basa en la toma del poder bajo cualquier forma; en él se puede dar cuenta de una posición ideológica de eliminación del enemigo (en este caso el gobierno y ejército) bajo la combinación de todos los métodos de lucha y de adherirse al éxito de la guerrilla sandinista. Para el medio de comunicación, Colombia se encontraba en una coyuntura revolucionaria perfecta.

Por otro lado, la representación del término narcoguerrilla empieza cuando se descubre el campamento de Tranquilandia en marzo de 1984, un complejo de tierra controlada por el Cartel de Medellín en el río Yarí, Caquetá, zona de influencia de las FARC. El hecho, como lo reseña El Siglo, dio pie para que el embajador de Estados Unidos en Colombia, Lewis Tambs, acuñara para ellas el término narcoguerrilla (27 de mayo, 1984).

The New York Times tiene una posición ambivalente en torno a la situación colombiana. Aunque también apoya al gobierno colombiano por su esfuerzo por lograr la paz con los grupos guerrilleros, continuamente se refiere al problema del narcotráfico relacionándolo con las Farc. El periódico consecutivamente sitúa la discusión dentro de lo bélico-militar, reflejando una actitud negativa ante la situación del país, hasta el punto de proponer una solución violenta manifestada en una total war para acabar con el conflicto.

Así las cosas, la actitud del diario es despolitizar la grave situación en Colombia y criminalizar a los grupos guerrilleros. El camino que recorre el periódico The New York Times tiene el propósito de llevar a las Farc de una guerrilla prosoviética a una narcoguerrilla.

La representación es construida de la siguiente manera: el diario cuestiona a la guerrilla en torno a dos temas: el primero tiene que ver con la relación con el narcotráfico y el segundo, con su supuesto anacronismo con los valores ideológicos del comunismo. Incluso, el asunto del negocio de la droga es descrito con una analogía a las guerrillas centroamericanas, que, según The New York Times, utilizaron el narcotráfico como forma para patrocinarse y comprar armas. "The Reagan Administration, although withholding public comment on the peace talks, has also sought to portray the leftists as allies ofthe traffickers and has speculated that 'hot' drug money is being channeled to guerrilla groups in Central America" (5 de junio, 1984).

Específicamente, en un artículo del 5 de junio de 1984 aparece una primera utilización del concepto del grupo armado ilegal como narcoguerrilla. "But the country's army, which has made no effort to disguise its disapproval of the discussions with the rebels, has repeatedly stressed the rebels' links to drug smugglers, referring to them as 'narco-guerrillas'".

El medio también informa sobre la negativa de la guerrilla a ser tildados de narcotraficantes. "Colombia's five rebel organizations have denied any formal accord with the traffickers of cocaine and marijuana to the United States, conceding only that 'war taxes' are occasionally extracted from drug operators -as well as farmers and businessmen- in regions where the insurgents are active".

La negativa de los guerrilleros a ser calificados como delincuentes relacionados con el narcotráfico es justificada por un hecho, también reseñado por The New York Times, que crea confusión sobre esta representación: el secuestro de la hija de un narcotraficante, realizado aparentemente por la guerrilla,7 que el periódico tilda como un acto de enfrentamiento por la supremacía en el manejo del negocio de la droga.

But a Colombian official argued that although the guerrillas had received protection payments from some cocaine operators, their relations with the drug network were tense. After the daughter of a prominent trafficker was kidnapped by rebels in late 1981, narcotics smugglers linked to some army sectors reportedly formed a paramilitary unit known as "Death to Kidnappers" that subsequently killed several respected leftists.

Estos cuestionamientos se reflejan en algunos periódicos colombianos de la época. El 15 de junio el periódico El Siglo (1984) se pregunta si es posible la paz con la guerrilla, y reseña los debates que se llevan a cabo en el Congreso de Estados Unidos sobre el vínculo de esta con el narcotráfico. El 21 de junio de 1984, este mismo periódico publica un editorial titulado "La narcoguerrilla", en el que confirma las visiones del diario estadounidense y expone que en Norteamérica ya se ha comprobado el nexo entre las guerrillas comunistas con el narcotráfico.

En respuesta, el periódico Voz Proletaria defiende el enfoque contrario. El 24 de mayo realiza una reseña de una columna del periodista Daniel Samper publicada en El Tiempo el 18 de mayo, en donde habla de los antecedentes históricos de malas relaciones entre las Farc y los jefes de la mafia:

Hay que recordar la historia real de las relacionas entre subversivos y capos que siempre estuvo marcada por la enemistad. Hay que recordar que el MAS nació cuando el grupo guerrillero secuestró a elementos del comercio de la droga y en ciertas zonas del país el brazo de la mafia ha dado muerte a figuras de la izquierda (...) a estas alturas del partido, no existe aún prueba contundente que demuestre la fraternidad Institucional entre ambas (guerrilla y mafia...), algunos piensan, como D'Artagnan, que hasta una simple duda debe paralizar los esfuerzos de paz. Otros creemos que muchos quieren sembrar la duda justamente con el propósito de estorbar los esfuerzos de paz.

Además, el 7 de junio Voz Proletaria cita a Manuel Marulanda Vélez para afirmar que las Farc no tienen ningún vínculo con el narcotráfico y que todo es "invención del embajador norteamericano".

La construcción de esta representación es importante, y por eso haremos una pequeña transgresión al corpus de análisis y reseñaremos otra pieza periodística de esta índole publicada en The New York Times. En un artículo de diciembre 12 de 1984, el periódico habla de un segundo cuestionamiento a las Farc: la guerrilla colombiana es una guerrilla anacrónica. La construcción es la siguiente: el medio realiza una referencia constante a las raíces de la guerrilla insurgente, que se encuentran en la guerra civil entre conservadores y liberales, pero de inmediato hace un salto a la conversión en los sesenta de estas guerrillas liberales en grupos de izquierda de orden marxista-leninista. Es un gran salto, pero no podemos exigir que un diario extranjero describa todos los hechos entre el 48 y el 64. Debe decirse, eso sí, que existe una generalización errónea. No todos los grupos guerrilleros nacieron de los ejércitos de autodefensa liberales, y tampoco sus ideologías políticas se enmarcan por completo en el orden del marxismo-leninismo.

Yet in a country where more than 200,000 people died in the late 1940's and early 1950's in a period known as La Violence and guerrilla warfare has continued almost without interruption ever since, nothing absorbs public attention more than frustration at the collapse of the peace process and fear of a further increase in violence. The guerrilla insurgency has its roots in a civil war between the country's two traditional parties, the Liberals and the Conservatives that took over 200,000 lives between 1948 and 1958. By the 1960's, some former Liberal guerrillas had shifted to the left, while new Marxist-Leninist groups began to emerge.

Uno de los elementos que ayudó a que estas dos representaciones tomaran fuerza fue el fracaso del proceso de paz con Betancur. En ese instante, la guerrilla de las Farc empieza a significarse como un ejército fuera de tiempo, anacrónico y relacionado con el narcotráfico. Además, el hecho quetermina por establecer la configuración de esta representación es la toma del Palacio de Justicia realizada por el M-19, por lo que, según el periódico, el proceso de paz fue un fracaso, y se reseñan distintas recriminaciones hechas por parte de la clase política colombiana al gobierno de Betancur. "The seizure of the building by M-19 guerrillas on Nov. 6 was the most dramatic evidence to date that the cease-fire had broken down. But the fierce counterattack 28 hours later, which left more than 100 dead, including 12 Supreme Court justices, demonstrated no less dramatically that the army's patience had run out".

Entre la indignación por el hecho, el medio reproduce las fuentes que afirman que una salida política al conflicto es imposible y se anuncia una guerra total.

"All his energy was directed at obtaining the cease-fire, but it was never clear what would come afterward", a politician said. "The guerrillas believed they had been promised sweeping social and political reforms, but it was soon apparent that this was not possible." Even before the April 19 Movement, or M-19, announced last June that it was resuming "total war," the peace process looked bruised. On the one hand, the M-19 was openly using the truce to recruit and train youths in urban slums. On the other hand, the army, angry that the guerrillas had been allowed to keep their weapons, frequently harassed and attacked rebel camps.


Conclusión

En este trabajo se ha expuesto una relación entre el discurso, los medios y las representaciones. El proceso puede relatarse de la siguiente manera: la realidad se deconstruye y construye por medio del lenguaje que conforman discursos con una intención (sea política o no); estos discursos circulan en los medios de comunicación y se legitiman en ellos a raíz de su mediación cognitiva intrínseca. Al ser legitimados los discursos, se convierten en representaciones de la realidad, que buscan consenso social; cuandouna representación permanece en el tiempo y es aceptada socialmente se instala en el nivel de categoría histórica. Transversalmente a este proceso, intervienen los mecanismos de apropiación y los esquemas culturales e históricos como determinantes de producción del discurso. Por lo tanto, este proceso de construcción de representaciones es, por un lado, político, debido a los intereses particulares que intervienen y que tienen en los grupos de presión (instituciones políticas, religiosas, del gobierno, grupos armados, delincuentes etc.) su mayor agente de transformación. Por otro lado, es un proceso cultural, debido a que, primero, ve el conflicto como un hecho social que se construye semióticamente y, segundo, expone discursos y los lleva al escenario de las luchas por la significación y el sentido de un acontecimiento o sujeto.

Un proceso de paz necesita la legitimidad de la opinión pública para que reciba el apoyo de los distintos sujetos sociales involucrados. En este sentido, los medios de comunicación poseen un papel importante en cuanto a que, a partir de las informaciones y el cubrimiento que realicen, pueden construir representaciones que beneficien o no al proceso. Estas representaciones están plagadas de silencios (desviación), acuerdos (consenso) y discusiones (controversia legítima).8

Dentro de la esfera del consenso se hayan: uno, las Farc era una guerrilla comunista con un pasado rural-campesino y con una propuesta política. En este caso, los medios confirmaban la imagen que el secretariado quería mostrar. Efectivamente, después de la VII Conferencia (4 al 14 de mayo de 1984), las Farc cambian su estrategia de ser una guerrilla defensiva a ser una guerrilla ofensiva con la proyección de tomarse el poder. En este sentido, realizaron una combinación de todas las formas de lucha, y mientras fortalecían su poder militar también hacían proselitismo y jornadas de rehabilitación en zonas rurales, involucrando a habitantes con bajas condiciones de vida. Sumado a esto, la estrategia de lucha contrainsurgente de Julio César Turbay había mermado la confianza en las instituciones dentro del imaginario de la población, debido a las denuncias de violación de los derechos humanos. Esto causó que la opinión pública sintiera una mediana aceptación de la lucha guerrillera y estuvieran en contra de un gobierno represivo. En consecuencia, y para prepararse para el cese al fuego y empezar a participar de la política, las Farc agregaron a su nombre las siglas EP, ejército del pueblo. Los teóricos que han estudiado la historia de las Farc están de acuerdo en que para ese entonces el grupo guerrillero se centra en los diálogos y se vuelve más político. Incluso desconocen al Frente Urbano Ricardo Franco, al mando de Javier Delgado, un grupo disidente que no está de acuerdo con los diálogos y que afirma que la lucha armada es la única solución (Bolívar 2006; Medina, 2006; Pécaut, 2008; Velásquez, 2011; Sánchez, 2013).

En este caso hubo una correspondencia entre la imagen que quería proyectar la guerrilla y lo que publicaron los medios. Sin embargo, también hubo consenso en la duda sobre las verdaderas intenciones de la guerrilla y del gobierno, y el éxito del proceso de paz. La prensa analizada hizo referencias continuas a la relación de esta guerrilla con bloques comunistas, en específico con Nicaragua y el Frente de Liberación Sandinista. Así mismo, puso en tela de juicio el éxito del proceso, al criticar duramente las comisiones de paz por su poco poder decisorio.

En la esfera de la controversia se tratan los temas de la guerrilla anacrónica y la narcoguerrilla. En este caso se pueden debatir estas ideas sabiendo, por ejemplo, que aunque el bloque soviético empieza poco a poco a manifestar crisis, el triunfo de las guerrillas centroamericanas argumentaría lo contrario, que las Farc están a tono con el ambiente revolucionario del continente. Así mismo, varios autores se permiten reseñar que para esa época, aunque las Farc cobraban impuestos a las cosechas de coca, no tenían aún una relación directa con el negocio. Incluso se advierte que en 1981 se forma el grupo Muerte a Secuestradores (MAS), un escuadrón narcoparamilitar con funciones de combatir a "sangre y fuego" a las guerrillas (Pécaut, 2008; Velásquez, 2011; Palacios, 2012; Sánchez 2013).

Ahora bien, ¿cuáles son los silencios de los medios? Dentro de la esfera de la desviación, encontramos principalmente el desconocimiento de las causas objetivas del conflicto, algo que Belisario Betancur había pregonado desde el 7 de agosto de 1982; en razón de eso, el presidente ejecutó el Plan Nacional de Rehabilitación (PNR), sobre todo en zonas "rojas" de conflicto. La prensa, durante el mes analizado por este estudio, no hace referencia a ninguna de las dos, ni al pensamiento de que desmovilizar a las Farc no es acabar con el conflicto. Tampoco se habla de los costos de la guerra o de la paz, o del fortalecimiento del narcotráfico y el nacimiento de los paramilitares y la forma como afectaron el proceso.

La construcción de la imagen de las Farc como enemigo durante la coyuntura de un proceso de paz es ambigua, ambivalente y heterogénea. En 1984 nos encontramos con unas representaciones que luchan entre sí y que se debaten entre darle legitimidad política a la guerrilla o despolitizarla completamente y criminalizarla de una vez por todas. Es un juego escenificado en el teatro del comienzo del fin de la Guerra Fría y el camino que llevará hacia las "nuevas guerras". La guerrilla es entonces un enemigo cuya representación se debate entre la guerrilla comunista y la narcoguerrilla.


3 La teoría de las representaciones tiene una variada tradición disciplinar. Desde la psicología, se plantea que las representaciones son construcciones mentales de la realidad (Moscovici, 1975). Por otro lado, Emile Durkheim expone el concepto de representación colectiva como una construcción de la realidad entre los individuos y los medios con los que existe interacción (Durkheim & Mauss, 1903). El historiador Roger Chartier, en el libro El mundo como representación, trabaja su historia cultural ligada más a los símbolos y a la circulación de los mismos, por esto su trabajo maneja el concepto de representación colectiva basado en Mauss y Durkheim, a partir de la cual estudia tres polos: el estudio crítico de los textos, las formas de circulación de los mismos y el análisis de las prácticas de apropiación de estos textos, en donde "se apoderan de los bienes simbólicos, produciendo así usos y significaciones diferenciadas" (Chartier, 1992: 50). Aquí la representación colectiva se presenta de acuerdo con la relación o el encuentro del "mundo del texto" con el "mundo del lector" basado en Ricoeur. Este trabajo toma a la representación como una construcción semiótica de la realidad, y sólo haría énfasis en el "mundo del texto" y no en el del lector, por eso la representación, como tal, no sería colectiva ni social.

4 Se entiende por información periodística el texto que contiene: un titular (antetítulo, título y subtítulo) + un cuerpo informativo (que es la información que desarrolla ese titular) + unos recursos visuales. Nota: no se tomarán las informaciones denominadas "breves", "rápidas", "cápsulas", "panorama noticioso", de los medios de comunicación seleccionados. Así mismo, se debe tener en cuenta que no se analizará la representación de las imágenes a menos que estén articuladas íntimamente con el texto.

5 El presente ensayo no citará todas las piezas periodísticas analizadas; hará referencia a las más representativas de la tesis que se quiere demostrar.

6 El gobierno anterior, de Julio Cesar Turbay (1978-1982), había aplicado la política del Estatuto de Seguridad, que logró disminuir el accionar guerrillero, sobre todo el del M-19, a costa de la represión y de violaciones a los derechos humanos (Velásquez, 2011: 53).

7 La confusión se ahonda aún más cuando en realidad el secuestro se realiza a la hermana de Fabio Ochoa, miembro del Cartel de Medellín, por parte de la guerrilla del M-19.

8 Daniel Hallin expone en el libro The "Uncensored War": The media and Vietnam tres esferas del comportamiento de los medios con respecto a Vietnam: la esfera del consenso, todos aquellos temas en los que los periodistas están de acuerdo y no hay discusión; la esfera de la controversia legitima, aquellos temas que los periodistas debaten y que hacen parte de la agenda mediática legitima de la guerra, y la esfera de la desviación, aquellos temas tabú que no son discutidos dentro la esfera de la controversia (Hallin, 1989: 117).



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