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Artículos
Ángel Torres-Toukoumidis 1
Santiago Castro-Arias 2
Moisés Pallo-Chiguano 3
Andrea Mila-Maldonado4
1
0000-0002-7727-3985.
Universidad Politécnica Salesiana, Ecuador
atorrest@ups.edu.ec
2
0000-0002-5684-8006.
Universidad Politécnica Salesiana, Ecuador.
scastroa1@ups.edu.ec
3
0009-0002-3007-410X.
Universidad Politécnica Salesiana, Ecuador.
jpallo@ups.edu.ec
4
0000-0001-8683-7255.
Universidade de Vigo, España; Universidad Internacional de la Rioja, España.
andreadelcarmen.mila@unir.net
Recibido: 03/08/2025
Enviado a pares: 10/09/2025
Aceptado por pares: 09/11/2025
Aprobado: 11/12/2025
Para citar este artículo / To reference this article / Para citar este artigo: Torres-Toukoumidis, Á., Castro-Arias, S., Pallo-Chiguano, M. y Mila-Maldonado, A. (2026). Tendencias léxicas, emocionales y temáticas de los debates presidenciales. Casos México, Estados Unidos y Ecuador. Palabra Clave 28(4), e2842. https://doi.org/10.5294/pacla.2025.28.4.2
Resumen
Este artículo analiza comparativamente los debates presidenciales recientes en Ecuador, México y Estados Unidos, identificando tendencias léxicas, emocionales y temáticas mediante técnicas de procesamiento de lenguaje natural. Se examinaron cinco debates oficiales entre 2024 y 2025 mediante análisis léxico, afectivo y temático, utilizando frecuencias, diversidad vocabular, distribución emocional, polaridad y redes de tópicos. Los resultados muestran una fuerte personalización del discurso centrada en los candidatos, con mayor riqueza léxica en Estados Unidos, repetición en México y focalización temática en Ecuador. Emociones como la confianza y la anticipación dominaron en los tres contextos, seguidas por el miedo, lo que revela estrategias de movilización contenidas. Los índices de legibilidad fueron alarmantemente bajos, lo que plantea tensiones en la accesibilidad ciudadana al lenguaje político. Temáticamente, Ecuador priorizó seguridad y gobernabilidad, México abordó programas sociales y cuestiones de género y Estados Unidos enfatizó política exterior y liderazgo institucional. El estudio muestra que, aunque cada país articula prioridades políticas distintas, los debates funcionan como una plataforma estratégica donde se combinan liderazgo, gestión emocional y construcción temática con la lógica mediática que caracteriza a las democracias contemporáneas.
Palabras clave: Análisis del discurso; comunicación política; discurso electoral; emociones mediáticas; procesamiento de lenguaje natural; retórica presidencial.
Abstract
This article presents a comparative analysis of recent presidential debates in Ecuador, Mexico and the United States, identifying lexical emotional and thematic patterns through natural language processing techniques. Five official debates held between 2024 and 2025 were analyzed using lexical diversity, emotional polarity and thematic network mapping. The results reveal strong personalization of discourse around candidates with greater lexical richness in the United States, repetition in Mexico and focused vocabulary in Ecuador. Emotions such as trust and anticipation were the most frequent emotions followed by fear indicating restrained mobilization strategies. Readability scores were notably low in all three countries, raising concerns about linguistic accessibility in public communication. Thematically Ecuador emphasized security and institutional challenges, Mexico focused on social programs and gender, while the United States highlighted foreign policy and executive leadership. The study shows that, although each country articulates different political priorities, debates function as a strategic platform combining leadership, emotional management, and thematic construction under the media logic that characterizes contemporary democracies.
Keywords. Discourse analysis; political communication; electoral discourse; media-driven emotions; natural language processing; presidential rhetoric.
Resumo
Este artigo analisa comparativamente debates presidenciais recentes no México, nos Estados Unidos e no Equador, identificando tendências lexicais, emocionais e temáticas por meio de técnicas de processamento de linguagem natural. Foram examinados cinco debates oficiais entre 2024 e 2025, mediante análises léxicas, afetivas e temáticas, utilizando frequências e diversidade vocabular, distribuição das emoções, polaridade e redes temáticas. Os resultados indicam forte personalização do discurso centrado nos candidatos, com maior riqueza lexical nos Estados Unidos, repetição no México e focalização temática no Equador. Emoções como confiança e antecipação dominaram nos três contextos, seguidas pelo medo, o que revela estratégias de mobilização contidas. Os índices de legibilidade foram alarmantemente baixos, o que gera tensões na acessibilidade cidadã à linguagem política. Tematicamente, o Equador priorizou a segurança e a governabilidade, o México abordou programas sociais e questões de gênero, e os Estados Unidos enfatizaram a política externa e a liderança institucional. O estudo mostra que, embora cada país articule prioridades políticas diferentes, os debates funcionam como plataforma estratégica, em que liderança, gestão emocional e construção temática se combinam à lógica midiática que caracteriza as democracias contemporâneas.
Palavras-chave: Análise do discurso; comunicação política; discurso eleitoral; emoções midiáticas; processamento de linguagem natural; retórica presidencial.
Los debates presidenciales representan un pilar fundamental en las democracias contemporáneas, funcionando como espacios discursivos donde los candidatos despliegan estrategias comunicativas para influir en la percepción ciudadana y, potencialmente, en los resultados electorales (Waisbord y Amado, 2017). En estos escenarios no solo se debaten ideas y planes de gobierno; también se disputan significados, se construyen identidades políticas y se activan emociones que moldean el comportamiento electoral (Brader, 2005). Esta centralidad ha sido ampliamente documentada en contextos democráticos consolidados, especialmente en Estados Unidos, donde los debates han evolucionado en paralelo con el ecosistema mediático y digital.
El desarrollo informático, junto a los avances en el procesamiento de lenguaje natural y el análisis de los debates presidenciales, ha transitado desde perspectivas centradas en la retórica y el encuadre mediático hacia modelos más complejos que exploran las dimensiones léxica, emocional y temática del discurso político (Grimmer y Stewart, 2013). Estos enfoques permiten descomponer los discursos en unidades analíticas que revelan cómo se emplea estratégicamente el lenguaje para persuadir, movilizar y segmentar audiencias. En particular, el estudio de las emociones, de las palabras clave y de los temas dominantes ofrece una mirada profunda sobre las dinámicas de poder simbólico que se presentan en eventos de alto impacto mediático y político (Eaton, 2024).
No obstante, a pesar de la sofisticación metodológica alcanzada en estas investigaciones, persisten vacíos críticos que limitan una comprensión integral del fenómeno. Por un lado, existe una marcada concentración geográfica de estudios en contextos anglosajones, lo que ha generado un sesgo interpretativo en torno a la construcción de significados políticos y afectivos en el discurso electoral (Giordano, 2020). Mientras, en las democracias latinoamericanas, por el contrario, los debates presidenciales, particularmente de Chile y Colombia, han recibido una atención fragmentaria y mayoritariamente descriptiva, carente de marcos analíticos comparativos (Mila et al., 2022). En este escenario, surge la necesidad de incorporar investigaciones que aborden los debates presidenciales desde una óptica comparativa, capaz de capturar tanto las singularidades nacionales como las posibles convergencias discursivas en sistemas políticos diversos. Por tanto, este análisis plantea tres interrogantes centrales: ¿qué tendencias léxicas distinguen los debates presidenciales recientes en México, Estados Unidos y Ecuador?, ¿cómo se manifiestan y distribuyen las emociones en el discurso de los candidatos? y, finalmente, ¿cuáles temas dominan la agenda de debate en cada país?
Con estas interrogantes, el carácter innovador de esta investigación radica en dos contribuciones decisivas: primero, adopta un enfoque comparativo inédito entre tres democracias con trayectorias contrastantes: EE. UU., potencia global con una tradición institucional consolidada (Attili y Salazar, 2022); México, nación latinoamericana con complejidades estructurales y tensiones democráticas persistentes (Ordóñez, 2025); y Ecuador, democracia andina de alta volatilidad institucional (Barzola-Plúas, 2022). Segundo, el estudio integra las dimensiones léxica, emocional y temática mediante técnicas de procesamiento de lenguaje natural y análisis de emociones basado en lexicones, aplicadas a un corpus textual representativo de debates presidenciales en los tres países, de lo cual no existe precedente para el contexto de los debates presidenciales.
Al tratarse de una comparación entre tres países con tradiciones políticas distintas, resulta necesario evitar una lectura centrada exclusivamente en sus divergencias. Por ello, este análisis incorpora también las coincidencias discursivas que emergen de los debates, tales como la recurrencia en el uso articulado de apelaciones emocionales y la selección estratégica de evidencia para legitimar posiciones. Este enfoque permite comprender que, aun en contextos diferenciados, existen puntos de convergencia que caracterizan la comunicación política contemporánea.
En suma, el presente trabajo ofrece una comprensión más profunda, sistemática y situada de cómo se articula el poder discursivo en los debates presidenciales de tres democracias paradigmáticas del siglo XXI basándose en los debates presidenciales realizados en México y EE. UU. durante 2024, y en Ecuador durante 2025, lo que delimita claramente el análisis a un único ciclo electoral por país. El abordaje comparado y multidimensional enriquece el campo de la ciencia política y da herramientas empíricas y conceptuales para repensar el lugar del lenguaje en las democracias contemporáneas, en una era marcada por la polarización afectiva, la sobreinformación y la centralidad de las emociones en la comunicación política (Ponce y Rincón, 2018).
Marco teórico
Funciones del lenguaje y estructuras retóricas en los debates políticos
La política no puede entenderse sin el lenguaje, pues este es el medio a través del cual se constituyen los grupos sociales y se construye lo que entendemos como política, y donde las prácticas discursivas pueden tener efectos ideológicos, como la producción y reproducción de relaciones de poder (Chilton y Scháffner, 2011), porque los discursos de los candidatos son ejercicios de poder y persuasión (Roitman, 2014). En los debates presidenciales, el lenguaje cumple varias funciones que contribuyen a construir imagen, proyectar realidades hipotéticas y desmentir hechos (Bond et al., 2017); así mismo, las estrategias de descortesía y la agresión verbal cumplen roles de deslegitimación, coerción, entretenimiento y auto/defensa (Schubert, 2022), orientados a influir en el electorado.
Esta persuasión emplea una de las tres estrategias retóricas, en términos de ethos, pathos o logos (Brawner y Rus, 2018). En el primer aspecto, la construcción del ethos de credibilidad permite proyectar una imagen creíble del candidato como figura confiable, comprometida y capaz de gobernar, que se manifiesta en marcas enunciativas específicas, como el uso del pronombre personal "yo", que configura el ethos del hablante (Roitman, 2014), ya que cada discurso contribuye a la construcción de la identidad del candidato. Esto debe entenderse en relación tanto con lo que representa a nivel político y personal (su ethos prediscursivo) como con lo que comunica en su intervención concreta (su ethos discursivo) (Sandré, 2014). Según Sahajpal et al. (2003), la construcción de la credibilidad y autoridad del líder también se apoya en el uso de recursos discursivos del paralelismo, la anáfora y la epiplexis.
Asimismo, se trabaja el pathos con argumentos que movilizan la voluntad, la imaginación y las emociones de la audiencia mediante figuras ad auditores y adpopulum (Swiçczkowska y Doliwa, 2012) o que recurren a la retórica de la experiencia vivida para desmitificar la figura presidencial y utilizar la propia historia del candidato para conectar con el público (Leitão et al., 2006). En esta línea, Brawner y Rus (2018) señalan que la estrategia ligada al pathos es la más efectiva en términos de compromiso mental, y según Yang y Wooldridge (2015), existe una correspondencia entre las emociones y los elementos argumentativos, de modo que el conflicto entre opiniones opuestas se refleja negativamente en las emociones de los debatientes.
El logos se manifiesta en el uso del razonamiento lógico con el objetivo de fundar una proposición persuasiva a través de estrategias de argumentación compleja de resolución de problemas para justificar la necesidad de las propuestas, así como en la argumentación sintomática, para sostener que se poseen las habilidades y el carácter adecuados para tener éxito como presidente/a (Reijven, 2021). Esto se hace formulando de manera recurrente tres afirmaciones centrales: que una acción política es necesaria, que se la llevará a cabo si se resulta elegido/a y que el oponente no lo hará, e incluso responden a las objeciones para reforzar la coherencia lógica del discurso (Reijven, 2024). Adicionalmente, se ha demostrado que este tipo de razonamientos exige una mayor carga de trabajo mental por parte de los receptores con opiniones neutrales (Benlamine et al., 2017).
Estas estrategias buscan convencer y posicionar ideológicamente al hablante frente a sus oponentes y al electorado, es decir que el éxito político depende de persuadir al votante mediante un lenguaje capaz de movilizar, conectar con el público y construir narrativas convincentes (Al-Tarawneh et al., 2024). En este sentido, el lenguaje persuasivo influye en la configuración de la opinión pública, en el proceso y en los resultados de las políticas públicas (Feldman, 2024).
Emociones y afectividad en el discurso político
Las emociones permean las experiencias cotidianas de los individuos y de los países y están estrechamente entrelazadas con las relaciones de poder, las percepciones públicas y las estructuras sociales (Beattie et al., 2019). Como indican Bilgic y Gkouti (2021), las emociones estructuran el discurso político, lo legitiman y, al mismo tiempo, pueden ser un medio de resistencia y reconfiguración de estas dinámicas, hasta convertirse en "sitios afectivos de contestación" (Koschut, 2019) donde se desafían y resignifican las normas que regulan su expresión y posibilitan nuevas formas de relación entre los sujetos y el Estado.
Estas luchas emocionales, como señalan Gustafsson y Hall (2021), también implican disputas sobre quién puede o debe sentir determinadas emociones, qué sentimientos importan y cómo se distribuyen las obligaciones, los derechos y las jerarquías afectivas en el espacio político. Así, las emociones pueden adoptar formas diferenciadas, como emociones de lealtad, cuando fomentan la unidad y el apoyo, o de antagonismo, si crean división y oposición (Herrmann et al., 2024), pero esta distinción no es fija ni unívoca, ya que depende del enfoque analítico desde el cual se las observe.
Y cuando los afectos se articulan en el discurso mediante significantes reconocibles, se transforman en emociones que dotan al discurso de fuerza movilizadora (Solomon, 2012) y estructuran el discurso político, lo que influye tanto en el contenido como en la recepción de los mensajes, por ejemplo, en la construcción del adversario y la generación de emociones como el miedo, particularmente a través del uso de la polaridad negativa (Nieto y Otero, 2018). De hecho, se ha observado que la exposición a debates presidenciales puede intensificar la polarización, particularmente entre votantes que presentaban bajos niveles de polarización antes de que se den (Warner y McKinney, 2013).
Un estudio de Aytaç et al. (2025) ha identificado que las emociones negativas, como el descontento, la desesperación y la ansiedad, generan adhesión, rechazo o participación política -de baja implicación- e incluso influyen en la motivación de los individuos para buscar información política, especialmente cuando esta búsqueda es voluntaria y autoinformada (Funck y Lau, 2024). El discurso político también apela a emociones positivas, lo que se asocia con mayor positividad respecto de la política, un menor cinismo y una mayor disposición a la participación y búsqueda de información política, sin importar la identificación partidaria (Ellithorpe et al., 2019). Así mismo, las emociones no polarizadas que recurren a afectos ordinarios contribuyen a la legitimidad, el atractivo y la normalización de discursos políticos (Leser y Spissinger, 2020). Por ello es necesario observar las emociones de forma diferenciada y no solo según su valencia positiva o negativa, porque diferentes emociones, aun cuando compartan una orientación similar, pueden tener efectos muy distintos (Bil-Jaruzelska y Monzer, 2022).
Por último, la razón y la emoción son inseparables, mientras que el juicio cognitivo es receptivo a las técnicas afectivas de persuasión; por tanto, las emociones cumplen un papel político importante, al asegurar la atención del público, generar lealtades y negociar relaciones de poder (Martin, 2013). En palabras de Groenendyk (2011), las emociones, de alguna manera, rompen con la lógica individualista y abren paso a formas de acción colectiva.
Temáticas recurrentes y construcción de agenda en los debates políticos
La construcción de agenda es el proceso mediante el cual ciertos temas adquieren prioridad y visibilidad en el espacio público, al punto que condiciona la atención y el debate político (McCombs y Shaw, 1972). En los debates, la construcción de agenda se da a través de distintas estrategias. Entre ellas está el control discursivo de respuestas a través de expresiones como "Primero en todo", para evadir preguntas y abordar otros temas o mostrar apoyo a una política, atacar, refutar o aclamar (Montiegel y Robinson, 2019), ello con la finalidad de redibujar la línea de conflicto orientándolo hacia temas donde se tiene ventaja, encuadrándolos a su favor y modulando el tono con el que se los aborda (Boydstun et al., 2013a). Sin embargo, como señalan Boydstun et al. (2013b), este control no es total, porque la prominencia del tema en la opinión pública predice la atención de los candidatos, condiciona la receptividad de los votantes y restringe las habilidades de los candidatos para enfocar la agenda de manera estratégica. Y como estas agendas están influenciadas por valores comerciales, el formato del debate y el papel del moderador, como elementos que configuran el contenido temático de las preguntas (Turcotte, 2015), por ende, puede que los subtemas tengan mayor impacto que los temas generales (Arman y McClurg, 2024).
Dentro de las agendas fijadas, se establecen temáticas que configuran las prioridades del debate, organizan la atención y moldean la percepción de la realidad política. Como señala Magleby (2011), el cambio es uno de los temas más recurrentes para rechazar las políticas del pasado, proyectar una promesa de renovación institucional, simbólica y moral, y diferenciarse de los oponentes. De manera similar, el tema ambiental se repite constantemente en los discursos electorales (Paz et al., 2022), aunque no necesariamente con un enfoque propositivo o de compromiso ecológico, sino para presentar como obstáculo al desarrollo económico y promover discursos negacionistas.
Otros temas recurrentes son las cuestiones relacionadas con la agenda nacional, autonómica y local, con marcada preferencia por elementos controvertidos y polarizantes que generan espectáculo y audiencias que banalizan el debate público y empobrecen el espacio democrático (Peris y Pérez-Sánchez, 2021). También persisten temáticas como la inseguridad, la corrupción y la economía, que tienden a mantenerse, por su impacto en la percepción ciudadana y en la evaluación del desempeño gubernamental (Somuano, 2018). No obstante, la jerarquía de estos temas puede reconfigurarse según el contexto político y económico; por ejemplo, en escenarios de recuperación poscrisis, las preocupaciones materiales inmediatas tienden a ganar protagonismo, mientras que la corrupción o la legitimidad institucional pasan a un segundo plano (López et al., 2017).
Metodología
El objetivo general de esta investigación es analizar comparativamente el discurso político de los debates presidenciales en Ecuador, México y Estados Unidos con el fin de identificar tendencias léxicas, emocionales y temáticas. Derivando de allí, como objetivos específicos están: examinar la estructura léxica y la diversidad del vocabulario utilizado en los debates presidenciales de cada país; determinar las emociones predominantes, la polaridad discursiva y la legibilidad de los mensajes emitidos por los candidatos presidenciales; y explorar la organización semántica y temática del discurso mediante redes de coocurrencia y análisis de tópicos.
Los debates presidenciales de Ecuador (2025), México (2024) y Estados Unidos (2024) como casos de estudio responden a una lógica comparativa estratégica que articula tres dimensiones analíticas: diversidad geopolítica, contraste institucional y variedad retórica (Cockcroft, 2001). En primer lugar, los tres países representan contextos electorales heterogéneos, tanto por su tradición democrática como por su grado de polarización y exposición mediática. En segundo lugar, cada nación presenta particularidades en la organización y formato de los debates presidenciales: mientras que en Ecuador predomina una estructura de confrontación directa con moderación formal (Gallardo, 2025), en México se combinan bloques temáticos con interacción libre (Urcid-Puga y Coloma, 2024) y en Estados Unidos se observa una estrategia comunicacional altamente personalizada (Wicke y Bolognesi, 2025). Finalmente, los tres casos permiten observar la adaptación de las narrativas políticas a distintos públicos electorales y configuran modelos discursivos que van desde el énfasis programático hasta la construcción emocional del liderazgo. El estudio no identifica patrones comunes entre los países; más bien reconoce tendencias argumentativas específicas dentro de cada contexto nacional, determinadas por la cultura política, los formatos del debate y las estrategias discursivas de los candidatos.
El enfoque metodológico de este estudio es de naturaleza cuantitativa, sustentado en la implementación de técnicas automatizadas de procesamiento de lenguaje natural (PLN). Este enfoque permite identificar y medir fenómenos lingüísticos, afectivos y temáticos presentes en los discursos políticos, mediante el empleo de métricas objetivas que garantizan la replicabilidad de los resultados. La cuantificación del lenguaje político se ha consolidado como una herramienta válida en los estudios de comunicación electoral y ha facilitado el análisis comparativo entre países, culturas y sistemas políticos (Grimmer y Stewart, 2013).
En cuanto al diseño metodológico, se optó por el análisis de contenido, definido como una técnica sistemática, empírica y replicable para examinar el contenido manifiesto y latente de los mensajes (Krippendorff, 2018). Este enfoque resulta especialmente pertinente para el estudio de discursos emitidos en debates presidenciales, ya que permite descomponer los mensajes en unidades observables léxicas, afectivas y temáticas, y analizar su frecuencia, distribución y articulación semántica. En esta investigación, el análisis de contenido se apoyó en herramientas de PLN que amplifican la capacidad del investigador para procesar grandes volúmenes de texto sin perder profundidad analítica. En lo que respecta al análisis automatizado del lenguaje, la aplicación de técnicas de procesamiento de lenguaje natural se fundamenta en los lineamientos propuestos por Grimmer y Stewart (2013) acerca de las oportunidades y limitaciones del uso de textos como datos en la investigación en ciencia política. Finalmente, la identificación de tópicos se sustenta en la formulación original del modelo desarrollada por Blei et al. (2003), que constituye la referencia fundacional y el estándar metodológico para la extracción probabilística de temas en grandes corpus textuales.
Las herramientas de recopilación de datos consistieron en la obtención de cinco debates presidenciales difundidos a través de canales oficiales de YouTube. El caso ecuatoriano correspondió al debate celebrado el 23 de marzo de 2025 entre Luisa González y Daniel Noboa. En México, se analizaron los tres debates organizados por el Instituto Nacional Electoral, realizados el 7 de abril de 2024, 28 de abril de 2024 y 30 de mayo de 2024, con la participación de Claudia Sheinbaum, Xóchitl Gálvez y Jorge Álvarez Máynez. Finalmente, se incluyó el debate presidencial de Estados Unidos del 27 de junio de 2024 entre Kamala Harris y Donald Trump. Cabe mencionar que la presencia de tres debates en el caso mexicano responde a la estructura oficial del proceso electoral de 2024. Para garantizar que esta sobrerrepresentación no genere un sesgo en la comparación, cada debate fue procesado de manera individual y sometido luego a procedimientos de normalización basados en número de turnos, extensión discursiva y densidad léxica. Este tratamiento permite nivelar el peso analítico de los casos y asegura que la comparación entre países no se vea distorsionada por diferencias en la cantidad de material disponible. Todos los eventos tuvieron una duración aproximada de dos horas y fueron seleccionados por su relevancia comunicativa, su estructura formal estandarizada y su impacto en el proceso electoral.
La transcripción completa de cada debate fue realizada mediante el software Transkriptor, en su versión profesional de pago, lo que garantizó alta fidelidad en la conversión del material audiovisual a texto. A su vez, este mismo programa fue empleado para traducir el debate de Estados Unidos del inglés al español, de modo que todo el corpus quedó homogeneizado en un solo idioma y esto permitió la aplicación uniforme de las herramientas de análisis. Esta decisión técnica se alinea con recomendaciones metodológicas en análisis textual multilingue, que sugieren estandarizar el lenguaje de estudio para facilitar la comparación entre casos (Chen et al., 2024).
Con el fin de asegurar la fiabilidad del corpus, las transcripciones generadas por el software Transkriptor fueron sometidas a una verificación humana exhaustiva. Esta revisión incluyó la corrección de errores de segmentación, puntuación, asignación de hablantes y posibles distorsiones derivadas de la traducción automática. Una muestra del corpus fue además cotejada por un segundo investigador para confirmar consistencia en la revisión. Este protocolo garantiza que los resultados, especialmente aquellos relacionados con legibilidad, no dependan únicamente de los límites de la automatización y puedan ser interpretados con suficiente rigor metodológico.
El procedimiento metodológico se desarrolló en cuatro fases secuenciales entre el 1 y el 16 de julio de 2025, utilizando el lenguaje de programación Python y bibliotecas de código abierto. En la primera, se llevó a cabo el preprocesamiento del texto. Utilizando las bibliotecas spaCy y NLTK, se aplicaron técnicas de normalización, eliminación de signos de puntuación y palabras vacías (stopwords), corrección ortográfica, lematización y tokenización. Solo se conservaron palabras alfabéticas de tres o más caracteres y se descartaron aquellas de escasa relevancia semántica o carga ambigua.
La segunda fase se centró en el análisis léxico. Se calcularon frecuencias absolutas de aparición de palabras y bigramas, se estimó el índice de diversidad léxica (type-token ratio) y se evaluó la adherencia a la ley de Zipf, a través de representaciones gráficas log-log. Estas métricas permitieron identificar niveles de riqueza y concentración del vocabulario en cada uno de los contextos nacionales, así como rastrear posibles sesgos retóricos o estrategias de reiteración discursiva. Las visualizaciones fueron generadas mediante las bibliotecas WordCloud y Matplotlib.
En la tercera fase se abordó el análisis afectivo y de accesibilidad. Se empleó la librería NRCLex para identificar la distribución de ocho emociones básicas: alegría, tristeza, ira, miedo, disgusto, confianza, sorpresa y anticipación, en cada intervención. Simultáneamente, se utilizó TextBlob para estimar la polaridad general de los mensajes, clasificándolos como positivos, negativos o neutros, y Textstat para calcular los índices Flesch Reading Ease y Flesch-Kincaid Grade, lo cual permitió medir la legibilidad y complejidad de los discursos, variables clave para evaluar la accesibilidad del lenguaje político a diferentes públicos.
La cuarta fase se orientó al análisis temático. Se construyeron redes de coocurrencia de palabras con la biblioteca Networkx, lo que facilitó la visualización de nodos conceptuales densos y vínculos semánticos entre términos clave. Estas redes permiten detectar tanto la centralidad como la dispersión temática en el discurso. A su vez, se implementó un modelo de Latent Dirichlet Allocation (LDA) mediante Gensim, que permitió identificar los tópicos predominantes en cada debate y estimar su distribución probabilística dentro del corpus.
El estudio incorpora un enfoque ético orientado al tratamiento responsable de datos públicos y al uso transparente de métodos computacionales. El corpus está compuesto por debates presidenciales difundidos por canales oficiales y disponibles en espacios de acceso abierto, lo que permite trabajar con material que no contiene datos personales ni información privada de individuos ajenos a la función pública. Esta condición delimita un entorno de análisis que no requiere consentimiento informado ni procedimientos de intervención directa, pero que sí demanda una gestión cuidadosa de las fuentes y del contexto en que fueron producidas.
Cada etapa del proceso, incluida la obtención de los archivos, la transcripción, la segmentación, la traducción del debate de Estados Unidos, la normalización y la preparación de los textos, fue desarrollada siguiendo una secuencia metodológica con el fin de garantizar la reproducibilidad del estudio. El contenido original se mantuvo íntegro y se respetó su contexto de emisión, evitando alteraciones que pudieran modificar el sentido de las intervenciones correspondientes a los debates analizados.
Con el fin de reducir errores de reconocimiento y segmentación, se incorporó una verificación manual destinada a revisar y corregir inconsistencias. Este procedimiento permitió disminuir los efectos de posibles sesgos algorítmicos y asegurar que el corpus procesado reflejara con la mayor precisión posible el material original. La adopción de estas medidas favoreció un manejo responsable de los datos y una interpretación coherente con las condiciones de producción de los discursos.
El análisis se llevó a cabo sin almacenar información sensible y sin elaborar perfiles individuales. El estudio se centra exclusivamente en discursos pronunciados por actores públicos dentro de procesos electorales y no involucra la identificación de ciudadanos o colectivos específicos. El manejo del corpus siguió principios de integridad, respeto a la fuente y responsabilidad en el uso de información pública, en concordancia con lineamientos éticos para investigaciones en entornos digitales. Estas acciones permiten situar el estudio dentro de un marco ético que reconoce las implicaciones del trabajo con datos abiertos y fortalece la consistencia metodológica de los resultados.
Resultados
Antes de presentar las particularidades discursivas de cada país, es necesario subrayar que el análisis comparado revela también un conjunto de coincidencias sustantivas que enriquecen la comprensión global de los debates. En los tres contextos se observa una marcada personalización del discurso, donde los candidatos se convierten en ejes la narrativa política. De igual forma, la presencia predominante de emociones como la confianza y la anticipación indica una estrategia afectiva compartida orientada a proyectar solvencia, claridad de liderazgo y capacidad de acción. En el plano temático, las referencias recurrentes a seguridad, economía, institucionalidad democrática y bienestar social sugieren la existencia de una gramática retórica común que trasciende las diferencias nacionales. Reconocer estas convergencias permite equilibrar la interpretación, evita una lectura centrada exclusivamente en las divergencias contextuales y muestra que los debates dialogan con tendencias comunicativas presentes en democracias mediáticas contemporáneas.
Estructura léxica y diversidad del vocabulario
El análisis léxico de los debates presidenciales de Ecuador, México y Estados Unidos reveló tendencias discursivas diferenciadas que reflejan no solo los estilos de comunicación política, sino también las prioridades temáticas y el grado de institucionalización del discurso electoral. En Ecuador, la estructura léxica se articuló alrededor de figuras políticas centrales: "Noboa", "González" y tópicos como "narcotráfico", "seguridad social" y "dolarización". Este patrón sugiere un discurso altamente focalizado en temas de gobernabilidad y crisis institucional. En México, el léxico estuvo dominado por referencias a "Claudia", "Gálvez", "mujeres", "corrupción" y "programas sociales", enmarcando una narrativa centrada en género, bienestar y cambio político. En Estados Unidos, las palabras más frecuentes incluyeron "Trump", "Biden", "presidente", "Putin" y "economía", lo que denota una orientación hacia el liderazgo ejecutivo, la política internacional y la estabilidad económica.
En la nube léxica del caso ecuatoriano (Figura 1) se aprecia cómo nombres propios y términos institucionales configuran el núcleo discursivo. Palabras como "corrupción", "economía", "educación", "niñez" y "narcotráfico" revelan un discurso politizado que apela a preocupaciones estructurales, mientras que la alta presencia de "Ecuador" y "ecuatoriano" refuerza una fuerte autorreferencialidad identitaria.
Figura 1. Diversidad de vocabulario en los debates de Ecuador
Fuente: elaboración propia a partir de los debates.
En contraste, el paisaje léxico del debate mexicano (Figura 2) evidencia una narrativa más programática y social, con énfasis en "salud", "programas sociales", "educación" y "corrupción". Las menciones a "mujeres" y "cambio" indican la introducción de una perspectiva de género y transformación institucional como ejes del discurso.
Figura 2. Diversidad de vocabulario en los debates de México
Fuente: elaboración propia a partir de los debates.
La nube de Estados Unidos (Figura 3) muestra un discurso centrado en actores ("Trump", "Harris", "Biden") y problemas de orden global como "Putin", "aborto", "Ucrania" y "pandemia". Se constata un uso reiterado de términos como "presidente" y "democracia", lo que reafirma la tendencia del debate estadounidense a centrarse en el liderazgo y las instituciones de representación política.
Figura 3. Diversidad de vocabulario en los debates de EE. UU.
Fuente: elaboración propia a partir de los debates.
Si bien las nubes de palabras ofrecen una representación visual del vocabulario predominante, su función es principalmente descriptiva, sin aportar la precisión necesaria para una comparación rigurosa entre países. Para fortalecer la solidez del análisis léxico, se incorpora los resultados de la ley de Zipf. Esta ley, al describir la relación inversa entre la frecuencia de una palabra y su posición en el ordenamiento del corpus, brinda una base cuantitativa robusta para interpretar la concentración y repetición del vocabulario. Esta decisión metodológica amplía la capacidad interpretativa del análisis y evita que la lectura dependa de visualizaciones ornamentales que, aunque útiles para un primer acercamiento, no sustituyen la precisión que exige una comparación sistemática.
La diversidad léxica medida mediante el índice tipo/token permitió identificar variaciones relevantes: Estados Unidos obtuvo el valor más alto (0,254), seguido de Ecuador (0,236) y México (0,160). Esta diferencia sugiere que el discurso estadounidense posee una mayor riqueza vocabular, posiblemente asociada a la pluralidad de registros utilizados, mientras que el léxico mexicano se caracteriza por una mayor repetición, quizás como resultado de la homogeneización partidista. Este hallazgo se refuerza con la ley de Zipf, cuya representación gráfica muestra que, si bien todos los discursos se ajustan a la distribución esperada del lenguaje natural, Ecuador y Estados Unidos presentan pendientes iniciales más pronunciadas, indicando la existencia de vocablos altamente frecuentes que organizan semánticamente el discurso, mientras que México presenta una curva más plana, lo que implica una mayor concentración en pocos términos (Figura 4).
Figura 4. Resultados de aplicación de la ley de Zipf
Fuente: elaboración propia a partir de los datos obtenidos en los debates.
En cuanto a las combinaciones léxicas, los bigramas y trigramas más frecuentes reflejan estructuras de sentido que complementan la narrativa central de cada país. En Ecuador, expresiones como "Luisa González", "Daniel Noboa", "tráfico de drogas" y "seguridad social" evidencian una fuerte personalización del discurso y la focalización temática en seguridad y bienestar. México presenta combinaciones como "México City", "Sochil Gálvez", "programa social" y "cambio de gobierno", lo que revela una narrativa centrada en el bienestar ciudadano, la representación territorial y la transformación institucional. En Estados Unidos, los bigramas y trigramas se centran en cargos ("vice president", "president Trump"), medios de comunicación ("ABC News", "debate presidencial") y problemas globales ("conflicto en Ucrania", "cuidado asequible"), lo que confirma la tendencia de ese discurso a ser altamente personalizado y mediatizado. Estas combinaciones no solo delimitan las prioridades temáticas de los debates, sino que además evidencian las distintas formas de construcción narrativa utilizadas para conectar con el electorado en cada país.
Emociones predominantes, polaridad discursiva y legibilidad
El análisis emocional de los discursos evidencia un patrón recurrente en los tres países, en el cual la emoción de confianza ocupa el lugar central, seguida por la anticipación y el miedo (Figura 5). Esta configuración afectiva revela una estrategia comunicacional común entre los candidatos, cuyo propósito es proyectar liderazgo estable y visión de futuro en contextos electorales altamente competitivos. En Ecuador, la confianza responde a la necesidad de contrarrestar la desafección ciudadana frente a una institucionalidad fragmentada. En México, dicha emoción está intensificada, probablemente como respuesta a un electorado crítico y polarizado. En el caso estadounidense, aunque se mantiene la prevalencia de emociones positivas, el equilibrio entre emociones de orientación positiva y aquellas ligadas a la alerta (como miedo o ira leve) indica una narrativa más sofisticada y controlada que se ancló en el ethos presidencial y la disputa bipartidista.
Figura 5. Distribución de emociones sobre los debates presidenciales
Fuente: elaboración propia a partir de los datos obtenidos en los debates.
Estas tres figuras muestran cómo la confianza y la anticipación se convierten en pilares emocionales transversales, utilizados para reforzar la credibilidad, movilizar el voto y reducir el umbral de incertidumbre. Emociones como el disgusto, la ira o la tristeza son significativamente menos frecuentes, lo que evidencia una contención discursiva que busca evitar el rechazo visceral del electorado y preservar la imagen pública del candidato. Se trata de una afectividad estratégica que no recurre al exceso emocional, sino que opera por acumulación de afectos estabilizadores.
En cuanto a la polaridad, México presenta la mayor puntuación positiva (0,127), lo que denota una orientación discursiva más conciliadora o propositiva. Ecuador (0,065) y Estados Unidos (0,073) mostraron polaridades más neutras, posiblemente como reflejo de los contextos institucionales tensos o del formato de los debates. Esta diferencia en la valencia afectiva de los discursos no solo influye en la percepción ciudadana, sino que también revela distintos estilos de persuasión electoral: mientras algunos apuestan por la construcción de un relato esperanzador, otros privilegian la confrontación simbólica moderada como herramienta de diferenciación.
Respecto a la legibilidad, los índices Flesch Reading Ease y Flesch-Kincaid Grade confirman que los discursos presentan un nivel de complejidad excesivo. Los valores negativos en el primer índice, junto a cifras inverosímiles en el segundo (Ecuador: 601,29; México: 335,58; EE.UU.: 3.320,23), revelan construcciones sintácticas poco accesibles para la mayoría de la población. Esta complejidad puede atribuirse a la combinación de largas oraciones subordinadas, uso excesivo de términos técnicos o imprecisión en las transcripciones. En el caso estadounidense, la traducción automática puede haber elevado artificialmente la densidad léxica y afectado la legibilidad del texto. En definitiva, estos resultados alertan sobre una desconexión entre el discurso político y la capacidad de comprensión del ciudadano promedio.
Organización semántica y análisis de tópicos de los debates presidenciales
La exploración de la organización semántica mediante redes de coocurrencia revela una arquitectura discursiva distintiva en cada país, determinada por el grado de centralización temática, la complejidad topológica de la red y la jerarquía de nodos léxicos. En Ecuador (Figura 6), la red presenta un núcleo compacto centrado en tópicos como educación, economía, asamblea y nombres propios como "Noboa" o "Luisa". Esta estructura sugiere una narrativa controlada, que articula demandas sociales con actores políticos identificables, lo cual refuerza la idea de una personalización moderada y una temática dominada por lo institucional.
Figura 6. Red de coocurrencia de debates presidenciales de Ecuador
Fuente: elaboración propia a partir de los datos obtenidos en los debates.
En el caso mexicano (Figura 7), la red es más difusa, pero amplia, con nodos múltiples que aluden a temas como mujeres, salud, programas sociales, corrupción y futuro. La ausencia de un nodo dominante permite interpretar esta red como una expresión de pluralidad discursiva, donde diferentes agendas temáticas conviven y se interrelacionan sin subordinarse entre sí. Esta estrategia puede leerse como una forma de ampliar el alcance del mensaje político hacia públicos diversos, a costa de una menor focalización programática.
Figura 7. Red de coocurrencia de debates presidenciales de México
Fuente: elaboración propia a partir de los datos obtenidos en los debates.
Por su parte, la red de coocurrencia de Estados Unidos (Figura 8) evidencia una organización más vertical y jerárquica, con un núcleo semántico dominado por nombres propios ("Trump", "Biden", "Harris") y temas clave como aborto, economía, seguridad y frontera. Además, se observa una fuerte intermediación mediática en el discurso, con la presencia de nodos como "ABC", "debate" o "news" lo que sugiere una narrativa moldeada por la lógica de la cobertura noticiosa y el espectáculo político.
Figura 8. Red de coocurrencia de debates presidenciales de EE. UU.
Fuente: elaboración propia a partir de los datos obtenidos en los debates.
Estas configuraciones reflejan tres modelos discursivos distintos: el ecuatoriano, con énfasis institucional; el mexicano, de tipo policéntrico; y el estadounidense, con fuerte concentración en la figura presidencial y los grandes temas de agenda. La coocurrencia no solo visibiliza los temas predominantes, sino que permite identificar cómo se agrupan semánticamente, lo que ofrece un mapa estructural del debate. Esta técnica demuestra su utilidad para evidenciar la cohesión o fragmentación del discurso político en campañas presidenciales contemporáneas.
Discusión y conclusión
La personalización del discurso político constituye uno de los rasgos más consistentes en los debates presidenciales analizados, donde los nombres propios de los candidatos ocupan posiciones destacadas en la frecuencia léxica y los bigramas más recurrentes. Esta centralidad de los liderazgos individuales refuerza la lógica de personalización ya observada en estudios de Brubaker y Hanson (2009), donde se señala que los debates electorales tienden a reducir la confrontación programática a una competencia entre figuras. Además, la presencia simultánea de nombres y entidades partidarias o institucionales indica que la imagen del candidato se construye en tensión con el marco institucional que representa, en línea con lo descrito por Roitman (2014) sobre la articulación entre ethos prediscursivo y ethos enunciativo.
Por su parte, los estudios de Brader (2005) muestran el uso funcional de las emociones en el discurso político, y el análisis desarrollado aquí evidencia que confianza y anticipación se distribuyen de manera distinta en cada país, lo que amplía la comprensión de su activación en contextos electorales diversos. Las investigaciones de Schubert (2022) y Sandré (2014) sobre interacción y gestión del turno señalan patrones específicos en el diseño del intercambio argumentativo; de allí que en la comparación de los cinco debates permite observar variaciones en la organización del desacuerdo y en las estrategias de toma de palabra que dependen de las reglas mediáticas de cada formato. Las contribuciones de Waisbord y Amado (2017) sobre comunicación política y mediación digital plantean una relación entre visibilidad, liderazgo y construcción temática; en esta investigación la evidencia empírica indica que estos procesos se estructuran de forma diferenciada según la agenda nacional y la presión del ciclo informativo.
La distribución temática del discurso muestra enfoques diferenciados que responden a las particularidades de cada contexto político. En Ecuador la atención se concentra en cuestiones asociadas a la seguridad, la corrupción y la economía, mientras que en México se combinan referencias a instituciones, problemas sociales y género, en un discurso con fuerte carga nacionalista. En Estados Unidos predomina un enfoque orientado a la política exterior, liderazgo presidencial, el aborto, la salud y la seguridad nacional. Este patrón coincide con las observaciones de Boydstun et al. (2013a), quienes advierten que los candidatos buscan reconfigurar la agenda mediante la selección estratégica de temas donde poseen ventaja, aunque, al mismo tiempo, estas agendas no son totalmente controlables, ya que responden también a la presión de la opinión pública y a la cobertura mediática que precede y sigue al evento.
La riqueza y variedad del vocabulario empleado muestra distintos modos de producción discursiva. Estados Unidos presenta la mayor diversidad léxica, lo que indica un espacio discursivo más plural y mediáticamente fragmentado, con la intervención de múltiples actores y registros. En contraste, México registra el valor más bajo, con un lenguaje más homogéneo, articulado en torno a consignas partidistas y fórmulas retóricas recurrentes. Ecuador, con un índice intermedio, concentra su vocabulario en actores y problemáticas nacionales y denota un repertorio más focalizado. Estas diferencias responden a la interacción entre formatos de debate, estilos comunicativos y culturas políticas (Hinton y Budzyriska-Daca, 2019), así como a las dinámicas del sistema de medios en cada país. Una menor diversidad léxica no equivale a pobreza discursiva, sino que revela cohesión temática o rigidez argumentativa, según el marco retórico dominante en cada contexto.
La confianza es la emoción predominante en todos los casos, seguida por la anticipación y el miedo, para generar legitimidad, proyectar expectativas de futuro y movilizar alertas ante amenazas percibidas. Este patrón coincide con lo que sostienen Bilgic y Gkouti (2021) sobre el papel de las emociones en la legitimación del discurso político y su función como recursos para estructurar jerarquías afectivas. En contraste, emociones como disgusto y sorpresa se mantienen en niveles bajos, como estrategia de contención que busca evitar la confrontación directa o la disrupción discursiva, lo que contrasta con lo documentado por Scott et al. (2021) en contextos marcados por la incivilidad o el ataque personal donde el tono emocional no es inherente al formato, sino que se negocia culturalmente.
A pesar de su función pública, los discursos analizados presentan niveles de legibilidad extremadamente bajos, con puntuaciones negativas en el índice Flesch Reading Ease y valores inusualmente elevados en el Flesch-Kincaid Grade. Este fenómeno puede explicarse parcialmente por la complejidad sintáctica de los enunciados, la extensión de las oraciones y la densidad silábica del vocabulario utilizado, pero también por posibles distorsiones derivadas de transcripciones automáticas sin puntuación ni segmentación adecuada. Aun con estas consideraciones, los datos sugieren que el lenguaje empleado en los debates se aleja de un ideal de claridad ciudadana.
La personalización y el uso de recursos emocionales observados en los debates plantean una problemática que trasciende el análisis lingüístico y se vincula con sus efectos en la vida política, social y cultural. La centralidad de los candidatos en la construcción del discurso desplaza la atención hacia figuras individuales, lo que redefine los modos en que se forman las percepciones y se organiza el apoyo ciudadano. La activación de emociones como confianza, anticipación o preocupación orienta la recepción del mensaje y condiciona la evaluación pública de los actores involucrados. Estas prácticas influyen en la circulación de ideas y en la forma en que se establecen las prioridades colectivas. El estudio permitió examinar las dinámicas expresadas en cada país y abre un espacio para reflexionar sobre su impacto en la forma en que se construye la agenda pública y en los procesos de deliberación democrática.
El enfoque adoptado en este estudio demuestra que el análisis computacional del discurso es una herramienta eficaz para detectar tendencias léxicas, emocionales y temáticas en los debates presidenciales, a través de una mirada comparativa que permite observar tanto regularidades en los distintos sistemas políticos y contextos mediáticos como divergencias entre unos y otros. El uso combinado de técnicas de análisis de frecuencia, redes de coocurrencia, modelos de tópicos y métricas afectivas aporta evidencia empírica para interpretar fenómenos retóricos y simbólicos con una base reproducible. En conjunto, este estudio demuestra que el discurso político en los debates presidenciales constituye una narrativa de poder estructurada a través de liderazgos personalizados, apelaciones emocionales y ejes temáticos definidos por el contexto nacional. Estas narrativas presentan programas, construyen imágenes, jerarquizan problemáticas, activan afectos y establecen marcos de interpretación política, operando como dispositivos estratégicos de construcción simbólica en el espacio público. En este escenario, el debate presidencial se afirma como un espacio discursivo estratégico para la producción de sentido político en las democracias contemporáneas y su análisis resulta clave para comprender las transformaciones actuales de la comunicación electoral.
El estudio presenta limitaciones vinculadas al alcance comparativo y a las condiciones específicas de los procesos electorales examinados. Los debates analizados responden a dinámicas políticas propias de cada país y a agendas que surgen en un periodo concreto, lo que sitúa la interpretación dentro de marcos temporales definidos. La comparación entre Ecuador, México y Estados Unidos permite identificar configuraciones discursivas, aunque estas dependen de la estructura en los formatos mediáticos y de las prioridades temáticas de cada campaña. Estas limitaciones influyen en la forma en que se interpretan las coincidencias y las variaciones entre casos y hacen que la generalización de los resultados tenga que considerar las particularidades de cada contexto nacional y las condiciones bajo las cuales se producen los debates.
Declaración de intereses
Los autores declaran que no tienen ningún conflicto de interés financiero, profesional o personal que pudiera haber influido en el desarrollo, análisis o interpretación de los resultados presentados en este artículo.
Declaración de ética y consentimiento
Este estudio no involucró seres humanos ni animales como sujetos de investigación. El corpus utilizado proviene exclusivamente de fuentes públicas y oficiales (transmisiones de debates presidenciales), por lo cual no fue necesario someter el estudio a un comité de ética ni obtener consentimiento informado individual.
Disponibilidad de datos o materiales
Los datos generados y analizados durante esta investigación están disponibles mediante solicitud dirigida al autor de correspondencia. Debido a restricciones de derechos de reproducción sobre los contenidos audiovisuales originales, no se difunde públicamente el corpus completo. Sin embargo, los scripts de procesamiento utilizados en Python están disponibles para fines de replicación metodológica.
Consentimiento para publicación
Este manuscrito no contiene información personal ni imágenes identificables de individuos. Por consiguiente, no se requiere consentimiento para su publicación.
Declaración de uso de inteligencia artificial
Se utilizaron herramientas de inteligencia artificial exclusivamente para el procesamiento automatizado del lenguaje natural. Las bibliotecas empleadas fueron spaCy, NLTK, NRCLex, TextBlob, Gensim, TextStat y NetworkX, cuyo uso se limitó al análisis computacional de los textos. No se utilizó inteligencia artificial generativa para redactar contenido textual del manuscrito.
Declaración de contribuciones autorales (CRediT)
Ángel Torres-Toukoumidis: conceptualización, metodología, software, validación, análisis formal, investigación, curación de datos, redacción; borrador original, visualización, supervisión, administración del proyecto, obtención de financiamiento. Moisés Pallo Chiguano: conceptualización, metodología, redacción; revisión y edición. Santiago Castro: análisis formal, investigación, visualización. Andrea Mila-Maldonado: validación, redacción; revisión y edición.
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