"Sin teoría no hay posibilidad de evolución de las prácticas":
diálogo con Armand Mattelart
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Practices Cannot Evolve without Theory:
A Dialogue with Armand Mattelart

"Sem teoria, não há possibilidade de evolução das práticas":
diálogo com Armand Mattelart

Sergio Roncallo Dow2

1 Esta entrevista fue posible gracias al amable apoyo de Enrique Hurtado Caro y el equipo de la Dirección de Relaciones con Egresados de la Pontificia Universidad Javeriana.

2 Universidad de La Sabana, Colombia.
sergio.roncallo@unisabana.edu.co

DOI:10.5294/pacla.2015.18.3.1



Hace algún tiempo tuve la oportunidad de conversar con Armand Mattelart. Desde el futuro de las facultades de Comunicación hasta el Pato Donald y la ideología, la conversación con el profesor Mattelart fue una oportunidad para ver que muchas veces no son los más jóvenes quienes mejor comprenden el presente y que no hay que hablar con términos intrincados para comprender la tecnicidad propia del hombre. Sin lugar a dudas, Mattelart sigue siendo uno de los referentes en el momento de pensar la espistemología de la comunicación hoy en día.

SERGIO RONCALLO. ¿Cómo ve, por sus años de trabajo y por los años recientes en los que ha estado en el campo, el panorama de las facultades de Comunicación? ¿Siente que estamos acompasados con los tiempos que estamos viviendo? ¿Nos estamos quedando atrás? ¿Cómo ve esto?

ARMAND MATTELART. [risas] Bueno, estamos en una fase de desarrollo amplio, la ampliación. El hecho de que muchos estudiantes se postulen en esta carrera es importante, pero también somos víctimas de nuestro éxito. Creo que es importante que haya una variedad de posibilidades de carrera en curso, de especialidad, que es más compleja que antes. Antes sabíamos de una primera etapa, donde las escuelas de Comunicación eran finalmente las hijas de las escuelas de periodismo. Me remonto a hace tres o cuatro decenios, incluso cinco. Por tanto, creo que existe ese problema de una diversificación, donde en una primera etapa de desarrollo de las facultades de Comunicación en América Latina, como muchas veces en Europa también, con modalidades muy distintas, eran fundamentalmente las que tenían una visión crítica de la realidad de los medios, de la comunicación, por lo cual, finalmente, ellas fueron fuentes importantes de construcción de teorías críticas y también de prácticas críticas: radio comunitaria, televisión comunitaria, etcétera.

Por ende, creo que esta primera fase, al final, fue muy influida por un contexto político, en todas partes más o menos, pero progresivamente también se agregó a este tipo de entrada en la comunicación la demanda empresarial, la demanda organizacional, la que no se puede obviar, pero además con la ventaja que tenían de que había un mercado de trabajo que se ofrecía, porque, en la primera etapa del desarrollo de las facultades de Comunicación, fundamentalmente la idea era desembocar en un oficio en los medios tanto alternativos como los medios clásicos, tradicionales. Por tanto, la competencia vino de esta entrada en la comunicación a través de lo organizacional, de lo estratégico, y creo que en muchos países latinoamericanos hay una competencia fuerte.

Ahora, hay que tener en cuenta también que durante mucho tiempo, durante las décadas de 1980 y 1990, hubo una retirada del pensamiento crítico, lo cual es claro, es comprobable, nadie va a negarlo. Por tanto, en este contexto, es evidente que se retiró la perspectiva crítica de las facultades de Comunicación, incluso sí siguió, es evidente, pero minoritariamente en relación con los años anteriores cuando crecieron fuertemente. Si revisa, por ejemplo, las actas de la conferencia que se organizó en la Universidad Javeriana en 1980, puede ver que es un estado de lo que era el pensamiento comunicacional en ese momento y que los que intervinieron tenían esta filosofía de las facultades de Comunicación anclada realmente en la crítica social.

Pienso que después de este periodo de desertificación del campo en la crítica, incluso sí siguió la crítica, lo cual no se puede negar, hubo un repunte de interrogaciones, de reflexiones críticas, sobre adónde iban estos paisajes mediáticos, sobre todo que se agregó a ello la llegada de las nuevas tecnologías, con nuevas preguntas. Y me parece que a partir de fines de la década de 1990 hay realmente una ampliación de los intereses, la cual es el resultado de la presión de las tecnologías, que hace que a las tecnologías de la comunicación y la información se les apropien muchos otros actores/sujetos, diversos de aquellos que tradicionalmente nos hablaban. Y me parece que otra cosa es la presión de las disciplinas. Después de tantos años de práctica y de enseñanza en la comunicación, me doy cuenta de que cada vez más hay una competencia entre las formaciones en comunicación. Veo que ahora están retomando una vía, una perspectiva crítica, con una competición con las otras facultades. Es evidente que los historiadores, los geógrafos, hay tantos, la gente que viene del arte, la gente que viene de la arquitectura, concretamente, hoy están encaminados en la reflexión, se incorporan a la reflexión sobre la comunicación. Por tanto, las facultades están obligadas a tener en cuenta este hecho, este hecho material, no que las tecnologías determinen eso, no. Es también el ambiente, los problemas que se plantean en la sociedad y además el mercado de trabajo, es evidente.

SERGIO RONCALLO. Ahora, me sorprende una cosa que dice. Me parece muy interesante además. Hace un momento hacía la distinción entre el periodismo y la comunicación. Me parece sorprendente porque al menos en nuestra realidad, en nuestro país, en Colombia, nuestras facultades tienden a equiparar el periodismo con la comunicación. Me gustaría si pudiéramos conversar sobre qué significaría para usted hablar de una escuela de comunicación y por qué, para la comunidad en general, habría que distinguirla propiamente de las escuelas de periodismo, sobre todo en un país en el que tienden a confundirse.

ARMAND MATTELART. Sí, lo que pienso es que las escuelas de periodismo, fundamentalmente dependían, en países como Colombia y México, de una filosofía (del periodismo) que desembocaba necesariamente en medios tradicionales. Medios tradicionales podían ser tanto mercantiles como del tipo en la línea de servicio público. Y, a partir de un momento determinado, las necesidades en comunicación emergieron de acuerdo con otros sectores de la sociedad. Por algo se llama comunicación social; es decir, parte de la necesidad de lo que llamaría mediadores comunicacionales de diversos sectores de la sociedad. Y, a veces, este salto que no hemos podido dar (en las facultades) lo dimos en televisión y radio comunitaria, etcétera, pero la sociedad necesita mediadores sociales, y la gente de comunicación es fundamental en ese sentido, y me parece que esto es muy importante.

El problema mayor hoy en las facultades, además, y sobre todo en la nueva generación, y creo que esto es internacional, es un elemento común, es tomar en cuenta solo lo presente en la evolución de la comunicación, y lo presente son las nuevas tecnologías, por tanto el problema es la dificultad de no hacerse atrapar por lo que llamo "la fuga hacia delante tecnológica" y tratar cada vez de equilibrar la visión que uno tiene de las necesidades de la sociedad en las formaciones en comunicación.

SERGIO RONCALLO. Profesor, hace un momento mencionaba la necesidad que tenemos de reconocer que desde otras disciplinas llegan ciertos vectores, ciertas fuerzas que nos obligan un poco a repensarnos como facultades, como investigadores, pero finalmente uno de los grandes discursos, que en lo personal no sé si haya pasado el discurso, ha sido siempre que la comunicación es un campo de estudios interdisciplinario, es algo que se viene oyendo al menos desde la década de 1980, y muy fuertemente entre nosotros. Sin embargo, a veces, cuando uno se aproxima a estudios más recientes, parecería haber un renacimiento un poco positivista del objeto de la comunicación. Quisiera saber qué opina al respecto.

ARMAND MATTELART. Eso es verdad, es totalmente exacto, pero forma parte también de la herencia de los años hiperpositivistas, que fueron los años de la desreglamentación neoliberal. Estamos cobrando la inversión positivista de estos años, lo cual es evidente, es evidente que el neoliberalismo atrajo otras mentalidades, y el positivismo, la actitud positivista, en relación con la herencia anterior que era crítica, y hoy se trata de recuperar o de repensar la crítica a partir de otras necesidades.

SERGIO RONCALLO. ¿Y cómo explicaría el hecho de que cada vez más algunas facultades de Comunicación estén dando menos espacio a asignaturas teóricas. Básicamente pienso en teorías de la comunicación, por considerarlas muchas veces poco relevantes para la formación de los estudiantes? Es decir, si esta conversación la leyera un estudiante, usted que es un teórico de la comunicación, ¿qué podría decirme respecto del papel que desempeña la teoría dentro de su formación como profesional?

ARMAND MATTELART. Mira, para tratar de convencerlos, diría que sin teoría no hay posibilidad de evolución de las prácticas, porque la teoría te permite tomar un distanciamiento, incluso a partir de tu propia práctica, porque estamos en un mundo donde las prácticas no están congeladas, aun el auge tecnológico, el salto tecnológico, te implica finalmente replantearte tu inserción en esta sociedad, y creo que es importante... el problema mayor, y considero que es un problema clave tanto en América Latina como en Europa, en los Estados Unidos es un poco distinto, seguramente, es que hoy la profesionalización de nuestro campo en el sentido a veces también negativo de profesionalización a ultranza va en contra de una concepción del vínculo entre teoría y práctica profesional. Es eso que es el papel de la Facultad de Comunicación de hacer entender a los estudiantes que sin teoría se quedarán siendo no profesionales sino profesionalistas en el sentido correspondiente a un ideal, a una ideología profesionalista, encerrados en una perspectiva que es solo corporativista y neoliberal.

En mi propia facultad, en Francia, incluso ahora estoy emérito desde hace cuatro o cinco años, veo que evoluciona en este sentido (corporativista y neoliberal), incluso los profesores que siguen teniendo esta idea de que es necesaria la teoría tienen problemas para que finalmente se le reconozca su legitimidad. El problema es la legitimidad de la teoría, y creo que debería tener plena legitimidad. Este es un problema general, no solo un problema de las facultades de Comunicación. Cuando uno ve evolucionar las universidades europeas y latinoamericanas, es verdad que cada vez hay menos espacio para lo que llamamos el dominio humanístico: literatura, lenguas, filosofía. Por lo tanto, considero que nosotros padecemos también de esta evolución, nos quieren modernizar o hipermodernizar a precio de abandonar lo que fue la fuerza de las facultades de Comunicación, sobre todo en América Latina, que finalmente era una visión del mundo y no solo la visión de un mercado de trabajo profesional. Sobre esto se debería discutir en las facultades.

SERGIO RONCALLO. Por supuesto, creo que es una discusión que nosotros mismos estamos callando porque no es un debate fácil de dar.

ARMAND MATTELART. No, no es fácil, y además hay que plantearla en la medida de lo posible, serenamente, y no a partir de intereses creados, porque hay muchos intereses creados también. Todos los campos de estudios son también campos de lucha por la hegemonía de una sola visión.

SERGIO RONCALLO. Y esta línea nos aproxima a los abordajes más teóricos de la comunicación. Quisiera preguntarle algo que como profesor y como investigador de la comunicación me inquieta, y es el presente y el futuro de la teoría de la comunicación. Es decir, por momentos siento que nuestros referentes siguen siendo los referentes clásicos, en alguna época los llamaron paradigmas de la comunicación, expresión que jamás me gustó, pero los llamamos así, y leemos los referentes más tradicionales. Sin embargo, y es la percepción que alguna vez discutíamos con algunos colegas, parecería no haber un presente de las teorías de la comunicación, más allá de ciertos disparos que hay, quizá al aire. Recientemente llegó a nuestro medio el trabajo que ha hecho Henry Jenkins con el tema de la convergencia y este tipo de cosas, que yo no sé si sean propiamente teorías de la comunicación, pero ha refrescado un poco nuestro panorama epistemológico. En ese orden de ideas, quisiera preguntarle, ¿cómo ve el presente de las teorías de la comunicación, el presente de nuestra reflexión, y hacia dónde ve que debemos apuntar?

ARMAND MATTELART. Pienso que desde hace diez años, desde fines del periodo que hemos llamado desertificación, progresivamente, hay todo un proceso de revisión crítica, incluso de los clásicos. Por ejemplo, por momentos está muy deformada la Escuela de Frankfurt, hoy no se puede hablar de la Escuela de Frankfurt como se hablaba de solo Adorno y Horkheimer, incluso Benjamín... porque hay gente que en ese propio campo de la filosofía crítica está tratando de releer a la Escuela de Frankfurt. Por ejemplo, hay una persona como Axel Honneth que finalmente presenta una nueva manera de entrar en la actualidad de la Escuela de Frankfurt, y eso se da en muchos otros campos.

Para darle una ilustración más general, durante este periodo de desertificación del pensamiento crítico, es evidente que el paradigma marxista ya no es uno solo. Hay varios paradigmas marxistas, uno lo sabe: Gramsci no es Althusser, Althusser no es Adorno, etcétera.

Pero lo que es interesante ver es que frente a lo que es un poco un descalabro del modelo neoliberal de globalización, el modelo mercantil, se vuelve esta regresión del pensamiento crítico a partir de perspectivas marxistas. Yo recibo cada día del medio anglosajón títulos de conferencias, de libros, que están revisando a Marx, que están revisando a Gramsci, no para decir "¡no valen!", sino para ver lo que pueden ellos aportar de nuevo a otra realidad. Porque, tratando de responder a su pregunta, ¿los clásicos se quedan aislados? ¡No! Creo que ahí la realidad hoy de la reflexión sobre la comunicación está atravesada por revisiones, reinterrogaciones sobre el porqué de las preguntas que hacía Adorno, que hacía Gramsci, que hacía Althusser, que hacía Marx incluso sobre la comunicación, y me parece que es totalmente novedoso. No sé lo que va a resultar, pero me parece que es fundamental decir eso para decir que nada está congelado. Considero que decir que la famosa crisis financiera, crisis que algunos llamaron crisis de civilización, es una crisis de paradigmas y por tanto implica una reapertura de las preguntas y muchas de nuestras certezas tambalean, afirmo eso teniendo en cuenta la revisión de las preguntas iníciales (que siguen vigentes en las reformulaciones). Estos son ejemplos de una revisión dentro de un campo donde muchas personas, de muchos otros campos, tienen una visión crítica de lo que debe ser. Y justamente todos estos acercamientos que no pertenecen necesariamente al campo de la comunicación nos ayudan a ir más lejos e ir en contra del antiteoricismo. Es un problema clave.

SERGIO RONCALLO. De acuerdo, y me lleva a pregunta que quería ponerle sobre la mesa, y es finalmente sobre su obra. Pienso, por ejemplo, en ese libro, que es un clásico para nosotros, el que escribió con Dorfman a propósito del Pato Donald, que sigue siendo un clásico para nosotros, que sigue teniendo una vigencia inusitada. He visto muchas versiones, incluso que han sacado los bancos. El Banco Santander sacó acá una versión que se llama La economía de Tío Rico, y era lo que usted hacía, pero para enseñarle a los niños a ser capitalistas [risas]. Salió en la década de 1990. Conseguí un ejemplar hace poco. Y finalmente sus trabajos abrieron un debate muy interesante a propósito de lo que significaba hablar o no hablar de ideología. Yo quisiera preguntarle, hoy en este ecosistema mediático y cultural, en este momento histórico en el que estamos, ¿cree que podemos seguir hablando de ideología, y si pudiéramos hacerlo, en qué términos habría que hacerlo?

ARMAND MATTELART. Sí, eso es verdad. Creo que la fuerza de las primeras reflexiones críticas que llevaron a la construcción de las facultades de Comunicación fue precisamente a partir del aporte del estructuralismo, el concepto de 'ideología' en el estructuralismo. A pesar de todos los desvíos del estructuralismo, su encerramiento únicamente en el texto, etcétera, mostró de todos modos que lo que se recibía no se podía leer, como decían los funcionalistas, a partir de lo que se ve, lo que se entiende, lo que se oye, y lo dramático es que progresivamente nos hemos alejado y finalmente evacuado el niño y el agua de su baño, y en circunstancias en que cada vez más estamos en sistemas mediáticos nacionales, locales e internacionales, que son atrapados por expresiones de la ideología como protección de intereses privados, porque la ideología es eso también, como decía además Barthes, son significados segundos, son subtextos que muestran intereses creados y el sentido hay que buscarlo fuera del manifiesto.

Por tanto, pienso que, sin repetir los discursos o catequismos estructuralistas, hay que replantear la necesidad de acercarse a partir de lo que llamábamos los contenidos. Hay realmente, a veces, un retroceso, aceptamos cosas porque no vemos, finalmente, que la ideología arrastra.

Considero que su pregunta es importante por una razón, es la ausencia de una interrogación sobre la ideología, tema está volviendo con fuerza en los grupos más radicales de crítica a los medios, lo cual es finalmente el reto no a las teorías críticas, sino a teorías sobre la manipulación.

Hay una vuelta, una regresión en este sentido, es decir, finalmente la regresión a un concepto de la crítica de la comunicación que sigue la idea de manipulación. Lo veo en mi propia realidad, en mi facultad, el libro que tiene más éxito en mis propios estudiantes es el libro que fue escrito en la década de 1920 por Edward Bernays, que fundó las relaciones públicas y que tuvo el genio de producir un texto para definir lo que es la manipulación. A veces los medios tradicionales, clásicos, sobre todo los concentrados, son tan simplistas, y es verdad que manipulan, que exageran, es verdad que para muchos jóvenes estos textos explican la realidad. el problema de nuestras facultades es reubicar estos textos que son textos importantes, forman parte de la genealogía sobre la reflexión crítica, incluso de la publicidad, y de las relaciones públicas. Mi preocupación es la vuelta, el regreso de la noción de 'manipulación' y entonces la evacuación de todo un conjunto, de una acumulación teórica que implica repensar el problema con muchas (nuevas) mediaciones.


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