¿Retratando la realidad? Análisis de los estereotipos de los indígenas presentes en los programas de ficción de la televisión mexicana1

Portraying Reality? An Analysis of Indigenous Stereotypes in Fictional Programs on Mexican Television

Retratando a realidade? Análise dos estereótipos dos indígenas presentes nos programas de ficção da televisão mexicana

Carlos Muñiz2, Felipe Marañón3, Alma Rosa Saldierna4

1 Este estudio forma parte del proyecto de investigación titulado "Efectos de la representación de los indígenas en los medios de comunicación sobre su percepción por la población juvenil", financiado por CONACYT en su convocatoria de 2008 de Investigación Básica SEP-CONACYT, Modalidad Joven Investigador (J2), dirigido por el Dr. Carlos Muñiz.

2 Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
carmunizmuriel@gmail.com, carlos.munizm@uanl.mx.

3 Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
felipedejesusml@gmail.com.

4 Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
saldierna_alma@yahoo.com.mx.

Recibido: 2013-04-14
Envío a pares: 2013-05-30
Aprobado por pares: 2013-10-19
Aceptado: 2013-12-03

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Muñiz, C., Marañón, F., Saldierna, A.R. Junio de 2014. ¿Retratando la realidad? Análisis de los estereotipos de los indígenas presentes en los programas de ficción de la televisión mexicana. Palabra Clave 17(2):263-293.


Resumen

Los estudios sobre la representación de las minorías en los medios han mostrado que los grupos minoritarios son normalmente infrarrepresentados y estereotipados en la televisión, con papeles menores y ocupaciones de bajo estatus. Son escasos los estudios cuantitativos mexicanos sobre la representación mediática de los grupos minoritarios, como el indígena. Para conocer la imagen televisiva de la población indígena, se realizó un análisis de contenido de los programas de ficción emitidos por las televisoras nacionales durante 2010. Los resultados muestran una baja presencia de personajes indígenas, normalmente en papeles secundarios o de reparto. Se detectaron los rasgos físicos, de apariencia y actitudinales que determinan sus estereotipos. Se discute el posible impacto de esta representación en la imaginería social del colectivo.

Palabras clave

Estereotipos, ficción, televisión, indígenas, grupo minoritario. (Fuente: tesauro de la UNESCO).

Abstract

Studies on the representation of minorities in the media show minority groups generally are underrepresented and stereotyped on television through minor roles and low-status occupations. There are very few quantitative Mexican studies on media representation of minority groups, such as indigenous peoples. A content analysis of fiction programs broadcast on national television in 2010 was conducted to understand the television image of the indigenous population. The results show a reduced presence of indigenous characters, usually cast in secondary or supporting roles. The physical traits, appearance and attitudes that determine their stereotypes were detected. The possible impact of this representation on the social imaginary of the collective is discussed.

Keywords

Stereotypes, fiction, television, indigenous people, minority group (Source: UNESCO Thesaurus).

Resumo

Os estudos sobre a representação das minorias nos meios têm demonstrado que os grupos minoritários são normalmente infrarrepresentados e estereotipados na televisão, com papéis menores e ocupações de baixo status. São raros os estudos quantitativos mexicanos sobre a representação mediática dos grupos minoritários, como o indígena. Para conhecer a imagem televisiva da população indígena, realizou-se uma análise de conteúdo dos programas de ficção emitidos pelos canais de televisão nacionais durante 2010. Os resultados mostram uma presença baixa de personagens indígenas, normalmente em papéis secundários ou de elenco. Detectaram-se os traços físicos e atitudinais, os quais determinam seus estereótipos. Discute-se o possível impacto dessa representação no imaginário social coletivo.

Palavras-chave

Estereótipos, ficção, televisão, indígenas, grupo minoritário. (Fonte: Tesauro da Unesco).



1. Introducción

Ofrecer una definición única de qué es ser indígena es complicado, incluso en un país como México, donde una parte importante de su población tiene este origen. Oficialmente, la legislación y normativa mexicanas suelen circunscribir la noción de indígena a su acepción más básica de "originario de un país". Sin embargo, esta adscripción o indianidad ha transitado por diferentes estadios complicados a lo largo de la historia (Stefanoni, 2012). Durante la Colonia se estableció una condición jurídica para clasificar al indígena, que diferenciaba entre una masa indígena considerada 'miserable' frente a otros indígenas reconocidos como nobles por la Corona. Posteriormente se utilizaría la condición de clase para ligar al indígena con el ámbito rural y, por tanto, relacionarlo con la tierra y el atraso. Más recientemente, se entiende que la definición de indígena deriva de una valoración de auto-pertenencia étnico-cultural realizada por las personas pertenecientes a las comunidades indígenas nacionales. Esta estrategia ha sido utilizada para elaborar los últimos censos de población, como por ejemplo el recientemente realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2010) en México, que asume como indígenas a aquellos que se autoclasifican como tales y señalan hablar alguna lengua indígena.

Se puede, por tanto, observar que la caracterización del indígena es producto de procesos históricos de identificación, donde sólo los que ejercen el poder pueden imponer la definición de sí mismos y de los demás (Giménez, 2000). Categorías como 'indio', 'negro', 'mestizo' o 'blanco' representan la "marca de nacimiento de América y la base misma del actual poder global" (Nahmad, 2007, p. 110). Ahora bien, así como está clara su presencia histórica en países como México, cabe preguntarse por su realidad actual. Según los últimos datos, la población indígena mexicana se sitúa en torno al 6,5% del total (INEGI, 2010), con cerca de 6 700 000 personas, lo que convierte a México en uno de los países con mayor número de habitantes de este origen en toda América. Sin embargo, como se ha mencionado, para este cálculo se toma como referencia únicamente a quienes se autoclasifican como indígenas, además de ser mayores de 5 años y hablar alguna de las 62 lenguas indígenas existentes en el país. Este reduccionismo genera un conteo no apegado a la realidad, lo que motivó que desde hace varios años la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) realice un conteo alternativo. Así, la CDI (2012) eleva la población indígena de México hasta superar ligeramente los 11 millones de personas, lo que representa el 10% de la población total del país.

A pesar de este porcentaje relativamente reducido en la actual composición de la población mexicana, la presencia indígena ha sido histórica en las diferentes sociedades que han conformado el actual México. Ello ha motivado que en el repertorio cultural nacionalista la imagen, o el concepto, que se ha manejado del indígena se haya convertido en una de las bases sobre las cuales se han ido construyendo las identidades de los países latinoamericanos, ya sea para inmortalizarla y regocijarse en su glorioso pasado o para negarla y afirmar su total exterminio (Giménez, 2000). Su relación con la población no indígena muchas veces viene marcada por procesos de desensibilización social con respecto de la situación de la población indígena (Durín, 2006). Así, es habitual que los procesos de discriminación hacia alguna persona indígena despierten emociones en la población, al sentirlos como algo reprobable, más no una intención de realizar acciones concretas para tratar de solucionarlo. Y es que, como señala Durín (2007), es posible que los indígenas representen todavía para ciertos mexicanos un problema de atraso. Frente al indígena ancestral admirado, el indígena presente o actual es ignorado y discriminado por una sociedad que rara vez lo cataloga como un factor activo (Vázquez, 2012).

Así parecen dejarlo de manifiesto algunos estudios, como el realizado por la CDI en 2006) acerca de la imagen que tiene la población de México sobre los indígenas. Sus resultados muestran cómo, en primer lugar, identifican un indígena histórico, normalmente acompañado de estereotipos más positivos e idealizados al ser considerado el verdadero mexicano, mantenedor de la cultura y las esencias culturales mexicanas. Sin embargo, también se encuentra la imagen del indígena en sus comunidades, asociado con rasgos como pobre, reacio al cambio e imposible de civilizar. Finalmente, se percibe un indígena en la ciudad, que es aquel que no se adapta, contamina, malea y peca de inocencia al dejar que otros se aprovechen de él. Esto refleja una sorprendente lejanía y desconocimiento del tema indígena que tienen los mexicanos, lo que "complica aún más la visión sobre este sector, cuya imagen está cargada de mitos, vaguedades y estereotipos" (CDI, 2006, p. 46). Esta realidad también se presenta en otros países, como es el caso de Chile, donde coexisten estereotipos contradictorios respecto de la población mapuche (Saiz, Rapimán y Mladinic, 2008).

Muchas veces el ideario sobre el colectivo social no está apoyado en la experiencia personal, un hecho que se ha contrastado como un importante factor explicativo del aumento de ideas estereotipadas y prejuiciosas hacia los miembros de los grupos minoritarios (Schiappa, Gregg y Hewes, 2005; Tan, Fujioka y Lucht, 1997). Es también el caso del indígena mexicano, donde las actitudes de la población vienen marcadas por un profundo desconocimiento y un proceso de simplificación (Vázquez, 2012). En este terreno los estereotipos aprendidos a través de la información recibida de terceros que actúan como agentes generadores de un contacto vicario juegan un papel primordial (Seiter, 1986). En este sentido, el papel de los medios de comunicación puede ser clave para esta preactivación de los estereotipos raciales y étnicos, mediante la presentación estereotipada de los grupos sociales en sus contenidos informativos o de ficción de forma constante en el tiempo. Un ejercicio que convierte a esa imaginería mediática en un verdadero recurso informativo tomado por las personas como conocimiento común (Brown Givens y Monahan, 2005).

Esta es la hipótesis planteada desde la teoría del cultivo, que busca el análisis de la imaginería transmitida por la televisión, en tanto que es un "sistema centralizado para contar historias" (Gerbner, Gross, Morgan y Signorielli, 1996, p. 36). No hay que olvidar que la televisión es un instrumento cultural que socializa conductas y roles sociales, afectando a través del cultivo de asunciones básicas sobre la realidad social (Gerbner, 1993). Aunque tradicionalmente se ha vinculado esta teoría con estudios de violencia, autores como Shanahan (2004) indican que los retratos de las minorías pueden ser un indicador cultural mucho más válido. Por ello, parece adecuado estudiar el papel que juega la televisión en la trasmisión y creación del imaginario sobre los indígenas antes descrito. El presente estudio busca determinar qué estereotipos o rasgos definen la presencia de personajes indígenas en los programas de ficción (series, telenovelas, películas, etc.) emitidas por las televisoras de ámbito nacional de México.


2. Marco teórico

2.1. Las representaciones mediáticas como indicadores culturales

Gran parte del conocimiento que las personas tienen del mundo que los rodea no viene de la propia experiencia, sino más bien de las historias que escuchan. En este sentido, la televisión es un medio con una amplia experiencia en la transmisión de historias, lo que la convierte en un instrumento cultural de socialización a través del cultivo de asunciones sobre la realidad social (Gerbner et al., 1996). A partir de esta asunción, desde la teoría del cultivo se ha desarrollado un amplio trabajo de investigación en tres líneas estratégicas: a) el análisis institucional de las políticas que determinan la creación de los mensajes, b) el análisis del sistema, que permite "delinear con precisión las características seleccionadas y las tendencias que el mundo de la televisión presenta a sus espectadores" (Gerbner et al., 1996, p. 41) y c) el análisis de la aculturación, es decir, de los efectos de esta representación en la audiencia que la consume. Dentro de la segunda línea de estudio, se ha señalado que es muy importante conocer los indicadores culturales presentes en la televisión, los cuales constituyen una especie de barómetro de la importancia sobre los temas culturales, en similar función a la desempeñada por otros indicadores empleados habitualmente, como pueden ser los económicos (Shanahan, 2004).

Aunque desde los inicios del proyecto que sirvió de base al desarrollo de la teoría las investigaciones se centraron en la violencia presente en la televisión, en tanto que es un buen indicador cultural con repercusiones en la audiencia, otro de los indicadores culturales que ha sido analizado frecuentemente es el retrato que la televisión -aunque se podría ampliar a otros medios- hace de los de los grupos minoritarios. Incluso, para Shanahan (2004) los retratos de los grupos sociales que se realizan en los medios, a través de la utilización de ciertos estereotipos repetitivos, juegan mucho mejor el papel de indicadores culturales, debido a que tienen una mayor capacidad para evolucionar en función de los cambios sociales que se producen al mismo tiempo en el entorno real. Precisamente a partir del análisis del sistema antes indicado se puede tener una noción de cómo evolucionan las representaciones mediáticas y, al menos en el caso de los Estados Unidos, se ha observado que varían en la misma medida que evolucionan también las actitudes de la sociedad (Greenberg, Mastro y Brand, 2002).

Los estudios empíricos sobre la representación de las minorías étnicas en los medios de comunicación en el ámbito norteamericano se remontan a principios de los años sesenta y setenta (Greenberg et al., 2002). La técnica del análisis de contenido ha sido la utilizada normalmente en este tipo de estudios, principalmente porque posibilita realizar comparaciones a partir de los datos obtenidos. Al respecto, Dixon y Linz (2000) proponen tres posibles estrategias de comparación: a) la comparación entre grupos (intergroup comparison), donde se pone en relación la imagen mediática de dos o más grupos étnicos; b) la comparación de roles (inter-role comparison), que compara los posibles papeles desempeñados por un mismo grupo étnico dentro de los contenidos de los medios, y c) la comparación con la realidad (inter-reality comparison), en la que los datos obtenidos en el estudio se cotejan con los diferentes índices de la realidad social.

Este tipo de comparaciones ha sido usado por varios autores en sus trabajos empíricos sobre minorías y medios de comunicación (por ejemplo: Bowen y Schmid, 1997). En concreto, cuando se utiliza el índice de 'comparación de roles o papeles' (inter-role comparison), el estudio se centra en un único grupo, normalmente el considerado como minoritario, sobre el que se quiere conocer la imagen general retratada en los medios. Así, este tipo de investigaciones comparan el "número de retratos de un rol positivo dentro de un grupo racial o cultural con el número de retratos de un rol negativo dentro de ese mismo grupo" (Dixon, Azocar y Casas, 2003, p. 503). Por tanto, una pregunta de investigación típica sería, por ejemplo: ¿qué rol tienen más probabilidad de desempeñar los personajes caracterizados como indígenas en los programas de ficción? Además, los datos ofrecidos por este índice permiten conocer si la imaginería utilizada por los medios se compone de elementos negativos o positivos (Dixon y Linz, 2000).

Dixon y Linz (2000) señalan que estas comparaciones intragrupos pueden ser muy útiles si se realizan constantemente a lo largo del tiempo, pues de esta manera se generaría un mejor conocimiento de la evolución de la representación de los colectivos sociales en los medios. Pero, además, las comparaciones realizadas también posibilitan conocer los estereotipos que se transmiten en los medios, que pueden llegar a generar efectos psicológicos particulares en el público. Estos datos constituyen índices que pueden ser interpretados como "indicadores de la realidad social potencialmente cultivada entre el público de los medios" (Dixon y Linz, 2000, p. 551), en términos similares a los indicadores culturales presentes en los estudios apoyados en la 'teoría del cultivo' (Gerbner, 1993). En este sentido, Dixon y Linz (2000) plantean la posibilidad de que esos espectadores abracen la realidad social transmitida por los medios -con unas minorías representadas con ciertos estereotipos- y la incorporen a su propia visión de la realidad.

Junto al tipo de comparaciones a realizar con los datos obtenidos, los análisis de contenido se han centrado a lo largo de los años en diversas áreas de estudio sobre las que poder trabajar. Una línea de trabajo muy fructífera al respecto ha sido el estudio de los roles desempeñados por las minorías dentro de las series y programas de ficción de la televisión (Greenberg et al., 2002). En el caso concreto de la representación de las minorías étnicas en los programas de televisión, en especial en sus series de ficción, los estudios se centran primordialmente en los espacios emitidos en la franja horaria de mayor audiencia: prime-time o triple A (Nama, 2003). Un rápido repaso por estos trabajos arroja una gran cantidad de estudios centrados en la representación de los afroamericanos en las series de los Estados Unidos, por encima de otras minorías étnicas -latinos, asiáticos y americanos nativos- normalmente infrarrepresentadas en las series y con representaciones altamente cargadas de estereotipos (Greenberg et al., 2002). Respecto a los indígenas norteamericanos, los estudios han detectado que su presencia en la televisión es mínima, ocupando normalmente representaciones como la del 'indio genérico', que refleja el poder dominante del grupo mayoritario blanco o anglosajón; la del 'indio bueno', con el que se enfatizan rasgos de benevolencia, amistad o cortesía; pero también la imagen del 'indio malo', vinculado con el alcoholismo u otro tipo de degradación frente al virtuosismo del grupo mayoritario (Behm-Morawitz y Ortiz, 2013; Mastro y Stern, 2000).

En el caso de la televisión mexicana, son aún escasos los estudios sobre representación mediática de los grupos minoritarios, tanto étnicos como de otro tipo (Lozano, 2006). Los existentes marcan una clara presencia ínfima de personajes indígenas, en papeles normalmente muy estereotipados (Flores y García, 2007; Lozano, de la Fuente, Garza y Treviño, 1997), algo similar a lo detectado con respecto a los indígenas de otros países, como por ejemplo Colombia (González y Arteaga, 2005). Uno de los pocos estudios encontrados sobre la representación mediática de los personajes indígenas es el realizado por Nahmad (2007) acerca de los personajes indígenas en la época de oro del cine mexicano. La autora considera que los personajes creados por esas películas constituyeron desde entonces documentos culturales que convirtieron al indio en uno de los grandes personajes representativos del México. Un caso paradigmático es el de María Candelaria, la película que creó todo un concepto para elevar al máximo la figura del indio, pero que al mismo tiempo conformó un estereotipo de lo que debía ser concebido como el indígena real. Ciertos rasgos estereotípicos -tanto físicos como actitudinales- han quedado marcados en el ideario colectivo y han sido reutilizados a la hora de representar a personajes indígenas en los medios, lo que hace que aún hoy las diferentes etnias indígenas en México vivan una pelea diaria contra los estereotipos y representaciones históricos que los han subyugado por siglos (Giménez, 2000).

Sin embargo, esta realidad mediática no es privativa de México. En otros países también tienden a aparecer representaciones con una carga estereotípica negativa (Amolef, 2004; González y Arteaga, 2005; Pagán-Teitelbaum, 2008). En el caso chileno, Quilaqueo, Merino y Saiz (2007) señalan que en gran medida la percepción de los mapuches está permeada por estereotipos que históricamente los han presentado como una cultura inferior, a través de un discurso que los muestra como 'pobres', 'agresivos' e 'inferiores' y con una clara "falta de habilidades cognitivas" (p. 93), una representación social a la que ayudan los medios (Amolef, 2004), donde constantemente los mapuches son presentados como los 'otros', retratados antiguamente como salvajes, incivilizados, borrachos y ladrones y ahora como subversivos y terroristas, unos estereotipos evolucionados pero igualmente negativos. También es de interés el estudio realizado por Pagán-Teitelbaum (2008) acerca de la representación indígena en las series y telenovelas de televisión peruanas y los programas de entretenimiento. Mientras que en los programas de ficción los personajes indígenas son normalmente interpretados por actrices euroamericanas caracterizadas con trenzas y polleras, en los programas de comedia suele hacerse una caricatura grotesca y despectiva de la indígena, denominada despectivamente como 'chola'.

2.2. Aproximaciones a la definición de estereotipo

Aunque existe cierta ambigüedad conceptual a la hora de definir los estereotipos (Martínez, 1996), se suelen describir como "creencias más o menos estructuradas en la mente de un sujeto sobre un grupo social" (Páez, 2004, p. 760). Se observa, por tanto, la importante función cognitiva que los estereotipos mantienen, lo que permite definirlos también como "estructuras cognitivas que contienen el conocimiento de los sujetos y las creencias sobre distintos grupos sociales" (Martínez, 1996, p. 21). Se asume por tanto que los estereotipos provienen de un proceso de categorización social acerca de los diferentes grupos con los que se tiene contacto o, incluso, con los que no existen relaciones directas. Son generalizaciones que constituyen, en cierta forma, un rechazo de las diferencias individuales que caracterizan a los miembros de los exogrupos. Es decir, los estereotipos consiguen que se ignore la variabilidad de los miembros del grupo. De esta manera, cuando una persona es categorizada dentro de un grupo étnico concreto, se le asignan determinados atributos, muchas veces de carácter negativo, aunque también pueden tener un valor positivo (Tan, Fujioka y Lucht, 1997).

Uno de los primeros estudiosos que planteó la existencia de estas estructuras cognitivas fue Lippman (1922), quien señaló que los estereotipos son imágenes que tenemos en nuestra mente y que usamos para capturar el mundo que nos rodea. Asume el autor que su uso implica una economía de esfuerzo: cada persona mantiene ciertos estereotipos para entender la información que percibe, aunque pueden ser modificados cuando las nuevas experiencias o evidencias son contradictorias con los estereotipos previamente establecidos. Dicho de otra forma, los estereotipos pueden cambiar con el paso del tiempo, en función del contexto (Martínez, 1996), o si se comprueba que ya no son útiles para facilitar la comprensión de la realidad (Páez, 2004). Dentro del contexto de los estudios de la comunicación, se asume que los estereotipos son difíciles de contrarrestar, debido al ejercicio constante de los medios de comunicación en su transmisión, sobre todo de la televisión, que tiene una tendencia innata estereotipar todo (Shanahan, 2004). Sin embargo, la generación de información contraestereotipada puede ayudar a su reducción (Covert y Dixon, 2008).

En su trabajo, Lippman (1922) apuntó que los estereotipos juegan una función justificadora de las normas sociales, en tanto que suponen una fortaleza de las tradiciones. Pero, en el lado más negativo, también contribuyen en cierta forma a justificar las diferencias sociales, legitimando el statu quo de las sociedades. De hecho, muchas veces son utilizados para justificar la discriminación de unos grupos frente a otros (Tamborini, Mastro, Chory-Assad y Huang, 2000). Y es que, a pesar de que su naturaleza es puramente cognitiva, no dejan de relacionarse con procesos evaluativos, como el prejuicio, en tanto que sirven para racionalizar la hostilidad que ciertos individuos sienten hacia otros grupos (Martínez, 1996). Obviamente, cuando sirven a este fin, son construidos a partir de ideas negativas y muchas veces erróneas de los grupos a los que se supone que representan. Los estereotipos se generan a partir de ciertas descripciones sobre a) la apariencia física, b) las conductas de rol, c) los rasgos de personalidad y d) los roles laborales de los miembros del exogrupo (Páez, 2004). En su trabajo, Martínez (1996) señala que constan de rasgos definidores, que son las características que sirven para identificar y categorizar a los sujetos, y rasgos adscritos, que informan de los caracteres psicológicos atribuidos a los comportamientos de los miembros de dicho grupo y que nos permiten predecir y explicar su conducta.

2.3. Los medios como transmisores de estereotipos

El uso de estereotipos es un ejercicio universal, es decir, son utilizados habitualmente por las personas para procesar la información que perciben de su entorno social. De este modo, cuando se mantengan relaciones ulteriores con personas del exogrupo, los estereotipos actuarán de una forma funcional, permitiendo mantener una rápida interacción con esas personas. Por tanto, son producto de procesos de tipo cognitivo que se desarrollan para categorizar en diferentes grupos a las personas, un proceso que conlleva la creación de ciertas creencias estereotípicas. Éstas se caracterizan por la 'simplificación o exageración', por el carácter 'justificador y racionalizador' de las conductas ante el exogrupo, por el carácter 'consensual', al ser compartidas, y por su 'rigidez', pues son resistentes al cambio si no se recibe información contraestereotipada que contradiga la idea normalmente mantenida (Covert y Dixon, 2008). Muchas veces la información que sirve para la construcción de los estereotipos no proviene de la experiencia personal, sino que es adquirida de otras personas o transmitida por los medios de comunicación (Seiter, 1986).

Hoy parece demostrado que los medios juegan un papel crucial en la generación de estereotipos, en especial la televisión, en tanto que representa mejor que ningún otro medio la realidad social (Covert y Dixon, 2008; Dixon, 2000; Seiter, 1986; Tamborini et al., 2000; Gorham, 2004). No en vano se ha afirmado que "la información que obtenemos en los medios de comunicación actúa en la producción de estereotipos que nos ayudan a simplificar nuestro ambiente social" y, por tanto, a "procesar la información" (Dixon, 2000, p.62). A fin de corroborar esta hipótesis, se han realizado principalmente análisis de contenido de los medios que han permitido observar la frecuencia de aparición en ellos de determinados grupos étnicos o sociales (como pueden ser los indígenas o las personas con alguna discapacidad), así como determinar los roles desempeñados por los personajes pertenecientes a estos grupos (Nama, 2003).

Un concepto clave dentro de los estudios acerca del proceso de generación de estereotipos mediáticos y de sus efectos en el público es el de los esquemas. Éstos son estructuras o categorías cognitivas utilizadas para evaluar a los grupos y a sus miembros y constituyen los estereotipos sociales (Domke, 2001). Estas estructuras se forman a partir de los conocimientos, creencias y expectativas percibidas por las personas acerca de un grupo social determinado (Dixon, 2000). Partiendo de esta idea, se plantea que los estereotipos contribuyen a generar esquemas mentales (schema) que "ayudan a las personas a simplificar el medio ambiente social en el que viven, procesando rápida y eficazmente los estímulos entrantes basados en la presencia de unas pocas características relevantes" que les son asignadas a ciertos grupos sociales (Gorham, 2004, p. 15). Estos esquemas no sólo ayudan a estructurar el conocimiento sobre los grupos sociales, sino que también contribuyen a generar expectativas acerca de los miembros que pertenecen a esos grupos debido a las características que por su pertenencia deben compartir.

Este proceso de categorización ordinaria, que activa ciertas expectativas sobre los rasgos o características que se espera que una persona tenga por el hecho de ser miembro de cierto grupo, se denomina estereotipación racial (Brown Givens y Monahan, 2005; Devine, 1989). El papel de los medios puede ser clave, pues se ha detectado que tienen la capacidad de generar un proceso de preactivación de los estereotipos raciales (priming stereotypes) (Domke, 2001; Gorham, 2004; Muñiz, Saldierna, Marañón y Rodríguez, 2013; Nama, 2003) a través de la presentación estereotipada de ciertos grupos sociales en sus contenidos informativos, en especial cuando estas imágenes estereotipadas se repiten de forma constante en el tiempo, lo que convierte a esa imaginería en un verdadero recurso informativo tomado por las personas como conocimiento común (Brown Givens y Monahan, 2005).

De acuerdo con esta línea de investigación, el proceso de estereotipación se desarrolla en dos etapas diferenciadas (Brown Givens y Monahan, 2005). La primera conlleva la activación de los estereotipos de forma inconsciente, debido a que éstos ya han sido activados de forma frecuente en el pasado y, por tanto, actuarán con la mera presencia de miembros de un grupo estereotipado. En esta etapa, se activa un sistema de creencias personales que asocia a los grupos con ciertos estereotipos -por ejemplo, los latinos como vagos, los negros como criminales o, en el contexto mexicano, los indígenas como pobres, incultos o inadaptados-. En la segunda etapa, los estereotipos activados en la mente de las personas son usados para interpretar la información recibida, así como para hacer juicios de valor en el futuro. Por ello, es de esperar que cuando se tenga que pensar o relacionarse con miembros de grupos concretos, los estereotipos emerjan para 'ayudar' a la persona a tomar sus decisiones (Brown Givens y Monahan, 2005; Gorham, 2004).

Los estudios realizados siguiendo esta hipótesis demuestran que la asociación de los grupos raciales a determinados estereotipos en los contenidos de los medios fomenta el uso de esos mismos estereotipos a la hora de evaluar a los miembros de esos grupos estereotipados (Covert y Dixon, 2008; Domke, 2001; Gorham, 2004; Nama, 2003). La exposición a contenidos mediáticos con presencia de estereotipos negativos sobre las minorías raciales o étnicas "puede incrementar la propensión de los individuos a realizar razonamientos prejuiciosos de esos grupos" (Behm-Morawitz y Ortiz, 2013, p. 256). Frente a ello, algunos autores han detectado que la exposición a ejemplos positivos puede reducir las actitudes negativas hacia los grupos minoritarios representados en los medios, haciendo a su vez aumentar la sensibilidad social con respecto a problemas sociales como la discriminación (Ramasubramanian, 2011; Schiappa et al., 2005). En el contexto mexicano, Muñiz et al. (2013) detectaron el impacto que tienen los estereotipos, tanto negativos como positivos, en el nivel de prejuicio de las personas hacia la población indígena. Así, estereotipos negativos vinculados a la apariencia hacían aumentar este prejuicio, mientras que los estereotipos positivos de personalidad impactaban más fuertemente en la reducción de actitudes prejuiciosas en los participantes de su estudio.

A partir de la literatura revisada, se plantean las siguientes preguntas de investigación a las que se pretende dar respuesta con este estudio:

PI1: ¿Qué tanta presencia tienen los personajes indígenas dentro de los programas de ficción, y qué rol juegan en ellos?

PI2: ¿Qué rasgos definidores y rasgos adscritos son utilizados principalmente en los programas de ficción para crear los estereotipos de los indígenas?

PI3: ¿Existen diferencias en la caracterización de los personajes indígenas, en función del tipo de personaje o rol que desempeñan en el programa?


3. Método

3.1. Muestra y unidades de análisis

Se realizó un análisis de contenido comparativo de los programas de entretenimiento y ficción de producción mexicana emitidos en las televisoras nacionales Televisa y TV Azteca. Dentro de estos canales, el universo de estudio venía constituido por todos los personajes caracterizados como indígenas aparecidos en los programas emitidos durante una semana completa de cada uno de los meses de marzo a noviembre de 2010. Se contemplaron todos los días de la semana, así como los programas que estuvieran englobados en alguna de las siguientes tres franjas de horario: 6:00 a.m. a 12:00 p.m., 12:01 p.m. a 6:00 p.m. y 6:01 p.m. a 12:00 a.m. De esta manera, se estima que se pudo analizar el máximo de la programación presentada en los canales y vista por los telespectadores.

En la selección de los programas emitidos por los canales fueron excluidos los comerciales, las noticias, los programas de entretenimiento (como por ejemplo realities) o de ficción (películas, series, sitcoms) de origen extranjero y los espacios dedicados a la ayuda social. Seleccionados los tiempos, se procedió a identificar dentro de los programas semanales la aparición de personajes indígenas, para utilizar exclusivamente los programas que mostraran estos personajes, ya fueran interpretados por indígenas o caracterizados. La clasificación del personaje como indígena se realizó a partir de la información obtenida del propio programa en el que participaba el personaje, evitando las inferencias a partir de indicios subjetivos. Se tomaron referencias objetivas y manifiestas, como referencias del propio personaje o de otros a su condición de indígena o indicadores como usar alguna lengua indígena, señalar su comunidad de procedencia, etc. Este procedimiento arrojó un total de cinco programas con representación indígena en sus contenidos, en los cuales había un total de 874 personajes, de los que el 7,3% eran personajes indígenas (n = 64).

3.2. Libro de códigos

Para la realización del estudio, se elaboró un libro de códigos con las características o variables a analizar en los personajes, que se agruparon en los siguientes grupos o apartados:

Datos de identificación básicos y sociodemográficos

Se codificó el tipo de programa analizado (1 = película; 2 = serie), así como el rol del personaje dentro del programa que en concreto se analizaba (1 = principal; 2 = secundario; 3 = reparto o background). También se evaluó si el personaje era hombre (1) o mujer (2), a qué grupo de edad pertenecía (1 = niño, 2 = adulto-joven y 3 = adulto) y su estado civil (1 = no identificado, 2 = soltero, 3 = casado, 4 = viudo). Mediante una pregunta abierta, que se recodificó posteriormente, se determinó la ocupación del personaje, que podía ser campesina (1), empleada doméstica (2), pescadora (3), curandero/partera (4) o estudiante (5).

Características físicas del personaje

Se codificó de forma dicotómica (1 = sí y 0 = no) si el personaje tenía alguna de las siguientes características físicas: ojos claros, ojos oscuros, complexión delgada, complexión normal, complexión gorda/obesa, estatura alta, estatura normal, estatura baja, cabello rubio, cabello negro, piel oscura, apariencia física guapa, apariencia física normal o apariencia física fea. También se identificó si el personaje era caracterizado con algún acento, entendiendo por éste la entonación o modulación de la voz de un personaje, la cual se integra de las particularidades fonéticas, rítmicas y melódicas que caracterizan el habla de una región, ciudad o comunidad.

Características de apariencia del personaje

De la misma manera se evaluó si el personaje tenía (1) o no (0) las siguientes características de apariencia: aparecer maquillado, aparecer natural (sin maquillaje), llevar adornos o accesorios o bien carecer de ellos, llevar ropa atrevida y provocativa, vestir ropa conservadora, vestir ropa actual, llevar ropa tradicional mexicana, ir con un peinado arreglado o aparecer limpio o con suciedad.

Características actitudinales del personaje

Finalmente, también se evaluaron algunas características de corte actitudinal de los personajes. De esta manera, se pidió a los codificadores que indicaran si el personaje era (1) o no (0) agradecido, ingrato, amistoso, antisocial, bueno, malo, desconfiado, confiado, desleal, injusto, calmado, alterado, pasivo, agresivo, flojo, trabajador, tonto, inteligente, abierto, mentiroso, provocativo, ridiculizado o bien respetado.

3.3. Procedimiento y codificación

La codificación del corpus de unidades de análisis detectadas para el análisis de la programación nacional fue realizada por varios evaluadores, todos ellos estudiantes participantes en el proyecto. Si bien es recomendable en estudios como este contar con la visión del colectivo estudiado a través de la participación de algún codificador perteneciente al propio grupo (Quilaqueo et al., 2007), no se logró contar con personal de origen indígena que pudiera participar en la codificación. Una vez realizada dicha codificación, la fiabilidad del estudio (intercoder reliability) fue estimada nuevamente. Para ello, se codificó una segunda vez toda la muestra, al estar constituida por pocas unidades. El valor promedio obtenido tras el chequeo de la fiabilidad intercodificadores (fórmula de la Pi de Scott) fue de 0,94, lo que indicó una alta confiabilidad. Todos los datos obtenidos en la codificación fueron capturados y analizados con el paquete estadístico SPSS v. 19.0. En concreto, se calcularon análisis descriptivos de frecuencias y pruebas de Chi cuadrado, al contar únicamente con variables cualitativas en el estudio.


4. Análisis de datos

4.1. Localización de las unidades

Del total de personajes analizados, un 55% aparecieron en programas emitidos en Televisa, mientras que el 45% restante se localizó en TV Azteca. Si bien había dos personajes que pertenecían al reparto de series, la gran parte de los personajes fueron detectados en capítulos de telenovelas (n = 62, 97%). Del total de personajes, sólo uno ocupó en el programa el papel principal. La mayor parte de las caracterizaciones se realizaron mediante personajes secundarios (n = 42, 66%) o de reparto (n = 21, 33%). Cabe mencionar respecto a estos personajes que, aunque se supone que todos coincidían en la caracterización como indígenas, no se hizo referencia en ningún caso a su comunidad de pertenencia.

4.2. Comparación entre personajes secundarios y de reparto

Entrando al detalle de los personajes caracterizados como indígenas en roles secundarios o de reparto, no se detectaron diferencias de género, donde dominan en ambos casos los personajes femeninos, con un 96,8%, x2 (1, N = 63) = 4,131, p = 0,108. Sí se detectaron diferencias en cuanto al grupo de edad, donde dominan los jóvenes entre los actores de reparto (61,9%) y los adultos entre los secundarios (97,6%), x2 (2, N = 63) = 32,878, p < 0,001. También se detectó que entre los personajes secundarios dominaban los viudos (35,7%), mientras que los de reparto eran raramente identificables en su estado civil (81%), x2 (3, N = 63) = 11,657, p < 0,01. Finalmente, se detectaron diferencias en relación con la profesión con que se representaba a los personajes: x2(4, N = 63) = 63,000, p < 0,001 (ver datos en la tabla 1). Así, las que jugaban un rol secundario en las series y telenovelas eran en mayor medida campesinas (57,1%), pescadoras (40,5%) o estudiantes (2,4%). Por su parte, los personajes de reparto caracterizados como indígenas desempeñaban normalmente puestos de empleada doméstica (85,7%) o curanderos y parteras (14,3%).

En cuanto a los aspectos físicos (ver Tabla 2), se puede indicar que los personajes indígenas mantenían en general ciertos rasgos característicos. En este sentido, en su totalidad tenían ojos y cabello negros, con una apariencia física normal o promedio, en oposición a la caracterización como personajes feos o poco agradables físicamente. Normalmente tenían una complexión física normal u obesa, con una estatura normal o baja. Era interesante observar cómo dominaban los personajes con piel blanca frente a aquellos que la tenían oscura y cómo únicamente el 24% eran caracterizados con algún tipo de acento. Entrando en la comparación entre personajes secundarios y de reparto, se observaron diferencias en nueve aspectos referidos al físico. Así, los personajes secundarios dominaban en la caracterización como personas de estatura normal (59,5%) o alta (40,5%) y con piel blanca y complexión normal en su práctica totalidad (97,6% en ambos casos). Por el contrario, los personajes indígenas que aparecían en el reparto del programa eran más bien de complexión delgada (19%) y sobre todo gorda u obesa (66,7%), normalmente con acento (71,4%) real o simulado y en su totalidad con la piel oscura (100%).

Respecto a los aspectos relacionados con la apariencia exterior de los personajes (Tabla 3), también se detectó un patrón particular de los actores caracterizados como indígenas. Así, cabe mencionar que no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre papeles secundarios y de reparto, lo que permite generalizar los datos descriptivos a toda la muestra. Cuando el personaje de las series o telenovelas aparecía representando a un indígena, éste estaba caracterizado normalmente con adornos o accesorios externos, claramente maquillado, vestido con ropa tradicional, con un peinado arreglado y limpio en apariencia y vestimenta. Esto último independientemente del trabajo desempeñado en el programa por el personaje, que, como en el caso de los campesinos, puede conllevar la caracterización con ropaje y piel con suciedad. Por el contrario, fue muy bajo el número de personajes que reflejaban una apariencia natural sin maquillaje (6,4%) y muy raro que tuvieran ropa de corte más actual, sin accesorios ni adornos en su cuerpo, con peinado desaliñado o desarreglado y con apariencia y vestimenta sucia (1,6% para todos los grupos).

Finalmente, como parte del estudio también se analizaron las diferencias en cuanto a los aspectos de corte actitudinal de los personajes (Tabla 4). En general, se observa que los personajes caracterizados como indígenas en las series y telenovelas analizadas eran amistosos, agradecidos, buenos, abiertos, leales, trabajadores, confiados, justos y respetados. Todos estos rasgos positivos fueron utilizados en mayor medida para caracterizarlos. Sin embargo, también fueron, aunque en menor medida, caracterizados como pasivos, antisociales, malos, desconfiados, desleales, injustos, flojos o ridiculizados. Por otra parte, sorprende la alta frecuencia de personajes indígenas caracterizados como alterados ante acontecimientos o hechos vividos y sufridos, y lo poco que se les representa como inteligentes. Por tanto, se detecta una representación mediática predominante con rasgos actitudinales positivos de los indígenas referidos a aspectos de personalidad, aunque no de capacidad o formación, pues no se refleja su inteligencia.

Al comparar entre personajes caracterizados como secundarios o de reparto, se detectaron diferencias estadísticamente significativas en un importante conjunto de rasgos. En conjunto, los personajes indígenas secundarios mostraban un menor abanico de rasgos definitorios, y aparecían con mayor profusión como justos, respetados y, sobre todo, confiados o alterados. Sin embargo, los personajes de reparto tendían a ser, en caso de tener una presencia en el programa que permitiera analizarlo, calmados, trabajadores, abiertos y leales. Pero, sobre todo, dominaban en la caracterización como personas agradecidas, amistosas y buenas (ver Tabla 4 para más detalle).


5. Discusión y conclusiones

Dando respuesta a las preguntas de investigación planteadas en el estudio, se observa en primer lugar que la presencia de indígenas en los programas de las televisoras mexicanas es más bien reducida, y que los personajes caracterizados como indígenas tienen normalmente roles secundarios, con un abanico muy reducido de representaciones profesionales. En concreto se detectaron principalmente tres trabajos: trabajadoras del campo o pescadoras, empleadas del servicio doméstico y curanderos o parteras. Así pues, respondiendo a la primera pregunta, ¿qué tanta presencia tienen los personajes indígenas dentro de los programas de ficción, y qué rol juegan en ellos?, se puede concluir que en muy pocas ocasiones son tenidos en cuenta a la hora de elaborar el elenco de protagonistas de las series y telenovelas. Sin embargo, esto no quiere decir que no tengan presencia, pues es habitual que todos los programas cuenten al menos con un personaje caracterizado como indígena, aunque en roles secundarios y con empleos de baja cualificación.

En cuando a la segunda pregunta, ¿qué rasgos definidores y rasgos adscritos son utilizados principalmente en los programas de ficción para crear los estereotipos de los indígenas?, se detecta que los programas de ficción tienden a diluir las peculiaridades de los diferentes colectivos indígenas del país, tendiendo a una unificación y la generación (o mantenimiento) del arquetipo mediático del indígena. Esta tendencia queda clara en el hecho de que en ninguna ocasión se hace referencia a la comunidad de pertenencia a la hora de caracterizar al personaje. Se está contribuyendo así al mantenimiento de un estereotipo que, como señala Páez (2004), ignora la variabilidad de los miembros del grupo, en este caso el indígena mexicano con su riqueza y diversidad, y prima una idea unitaria que se les aplica a todos por el mero hecho de pertenecer a ese grupo. Esta tendencia de los medios comenzó por el cine mexicano en su edad de oro, donde, como bien indica Nahmad (2007), se inventaron características imaginarias para homogeneizar a los indígenas. A la vista de estos resultados, parece que la tendencia no ha concluido.

En términos generales, el indígena en la televisión es una persona blanca, con ojos y cabello negros, con apariencia física estándar o, en todo caso, tendente a la gordura y de estatura baja o promedio. En cuanto a la apariencia, que implica a la parte de la escenografía que trabaja la caracterización externa del personaje mediante el diseño de aspectos como el vestuario o el maquillaje, se observa un claro patrón general: el indígena normalmente fue presentado en los programas analizados vistiendo ropa tradicional mexicana, una manera típica de caracterizar al indígena en los medios de comunicación (Nahmad, 2007). También aparece portando adornos o accesorios externos, con maquillaje marcado y un peinado arreglado. Finalmente, entre los aspectos actitudinales, dominan los rasgos positivos, como el de ser bueno, amistoso, agradecido o amable, más relacionados con una personalidad afable que con una formación y capacidad intelectual, de la que sistemáticamente se le priva. Este resultado demuestra cómo en el repertorio de rasgos utilizados para caracterizar mediáticamente al indígena coexisten aquellos que tienen una carga negativa con los que mantienen un valor más positivo. Esto plantea muchas expectativas sobre los efectos que su consumo puede tener en la actitud de la audiencia, pues más allá de la tradicional hipótesis de unos efectos mediáticos negativos al presentar de forma simplista a los grupos sociales, se puede esperar que ciertas representaciones positivas como las detectadas en el análisis de contenido generen actitudes más favorables hacia el colectivo estereotipado.

Finalmente, en cuanto a la tercera pregunta de investigación, ¿existen diferencias en la caracterización de los personajes indígenas, en función del tipo de personaje o rol que desempeñan en el programa?, la respuesta es positiva. En concreto, y centrándose en los papeles secundarios y de reparto, se detecta que las diferencias vienen dadas por aspectos físicos y de actitud, mientras que la caracterización externa realizada por la dirección artística es similar para ambos tipos de personajes. Así, en los personajes que jugaban roles secundarios se apreciaba una cierta desindigenización, al predominar entre ellos el color de piel blanco, una estatura alta y una complexión estándar. Estos personajes, además, eran presentados con rasgos actitudinales más positivos en el trato con otras personas. Se observa por tanto una idealización de estos personajes indígenas, quizá debido al papel más destacado que jugaban en la trama de la serie o telenovela Por otra parte, los personajes de reparto, con una presencia puntual y mucho menos importante en la trama del programa, eran quienes se presentaban con rasgos más estereotipados, como la estatura baja, la piel oscura, la complexión gorda, una clara presencia de acento y demostrando rasgos actitudinales positivos, pero normalmente vinculados al ámbito profesional y con una connotación de inferioridad, como ser trabajadores o leales.

Se detecta, por tanto, la transmisión de un conjunto de rasgos estereotipados que puede llevar a la audiencia a reforzar las ideas preexistentes con respecto a los integrantes de la comunidad indígena mexicana. Y cabe destacarlo así, en términos genéricos, pues la representación mediática se realiza, como se ha mostrado anteriormente, con una clara falta de diferenciación dentro de los más de 60 pueblos que engloba el colectivo. Si a eso se une la pequeña variedad de roles con los que son presentados en los programas y la utilización habitual y constante de ciertos rasgos físicos, aspectuales y actitudinales, el proceso de estereotipación mencionado a nivel teórico (Brown Givens y Monahan, 2005; Nama, 2003) es posible que también se produzca en el caso mexicano.

Obviamente este impacto aún debe ser estudiado en investigaciones posteriores, pero cabe pensar que la fuerte influencia que tiene la televisión para una gran parte de la población pueda contribuir al proceso de la estereotipación, ya sea manteniendo los estereotipos del indígena socialmente aceptados o transmitiendo nuevos estereotipos en los programas de ficción. Por ello, es necesario que se desarrollen nuevos estudios, de corte correlacional o experimental, que determinen en el caso mexicano si la exposición a contenidos estereotipados en medios genera efectos de corte cognitivo o afectivo en la audiencia respecto del grupo social representado.

Por otra parte, el presente estudio plantea ciertas limitaciones que abren nuevas vías de investigación para futuras investigaciones sobre la temática. Tal es el caso del espectro relativamente reducido que se analizó. Sería conveniente que otros análisis amplíen el corpus de contenidos para estudiar la imagen del indígena en los contenidos locales, además de los nacionales, así como en la producción internacional y no sólo nacional. Junto a ello, sería conveniente que próximos estudios sobre las representaciones indígenas en medios analicen otras categorías igualmente interesantes para conocer de forma precisa la reconstrucción de su imagen que hacen los medios a través de sus contenidos de ficción y entretenimiento. Aspectos como las relaciones laborales, filiales, de convivencia o amistad mantenidas por los personajes indígenas con los no indígenas pueden ayudar a profundizar más en la comprensión de la caracterización de los personajes indígenas realizada por los medios y perfilar los estereotipos construidos, más allá de los rasgos de apariencia o personalidad analizados. Finalmente, es necesario que en futuros estudios se incorpore al cuerpo de codificadores personal de origen indígena, lo que ayudará a perfeccionar los instrumentos utilizados y la interpretación de los resultados.



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