Tierra de cruces:
estudios de comunicación y cultura en la frontera noroeste de México

Crossroads:
Communication and Culture Studies Along Mexico's Northeastern Border

Terra de interferências:
estudos de comunicação e cultura na fronteira noroeste do México

Luz María Ortega-Villa1, Hugo Edgardo Méndez-Fierros2, Fernando Vizcarra3

1 Universidad Autónoma de Baja California, México.
lucyo@uabc.edu.mx

2 Universidad Autónoma de Baja California, México.
hugomendez@uabc.edu.mx

3 Universidad Autónoma de Baja California, México.
fernandovizcarra@hotmail.com

Recibido: 2012-08-03
Envío a pares: 2012-08-22
Aprobado por pares: 2012-12-10
Aceptado: 2013-01-24

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Ortega-Villa, L. M., Méndez-Fierros, H. E., Vizcarra, F. Abril de 2013. Tierra de cruces: estudios de comunicación y cultura en la frontera noroeste de México. Palabra Clave 16 (1), 154-181.


Resumen

Este ensayo presenta un breve panorama sobre los principales autores cuyos trabajos y perspectivas teóricas han influido en la investigación sobre cultura y comunicación en la frontera noroeste de México, tal como se manifiesta en la producción académica de Baja California. Su propósito es establecer los temas esenciales a partir de los cuales se ha organizado el pensamiento académico en materia de cultura y comunicación en esta región colindante con EUA. Se identifican convergencias generales en cuanto a perspectivas teóricas y conceptuales tanto europeas como anglosajonas, pero a la vez se reconoce que los contextos que estructuran los procesos culturales y comunicacionales en Latinoamérica y, específicamente, en esa parte de México, establecen problemáticas y agendas particulares para las cuales se están elaborando ejercicios analíticos y metodológicos específicos, que identifican y dan sentido a los estudios culturales/comunicacionales en esta región.

Palabras clave

Estudios culturales, comunicación, frontera, México-Estados Unidos.

Abstract

This essay presents a brief outlook on the main authors whose work and theory have influenced research on culture and communication along Mexico's Northeastern border, which is evidenced in academic production in Baja California. Its purpose is to determine the core themes that have grounded academic thought on culture and communication along this border with the U.S. The conjunction between Anglo Saxon and European theoretic and practical outlooks is identified; it also acknowledges that the contexts that ground cultural and communication processes in Latin America -specifically in that region of Mexico- establish particular problems and agendas that are being addressed using specific analytical and methodological practices that identify and give meaning to cultural/ communication studies in the region.

Keywords

Cultural studies, communication, border, US-Mexico.

Resumo

Este ensaio apresenta um breve panorama sobre os principais autores cujos trabalhos e perspectivas teóricas influenciam na pesquisa sobre cultura e comunicação na fronteira noroeste do México, tal como se manifesta na produção acadêmica de Baixa Califórnia. Seu propósito é estabelecer os temas essenciais a partir dos quais se organiza o pensamento acadêmico em matéria de cultura e comunicação nessa região limítrofe com os Estados Unidos da América. Identificam-se convergências gerais quanto a perspectivas teóricas e conceituais tanto europeias quanto anglo-saxãs, mas ao mesmo tempo se reconhece que os contextos que estruturam os processos culturais e comunicacionais na América Latina e, especificamente, nessa parte do México, estabelecem problemáticas e agendas particulares para as quais se estão elaborando exercícios analíticos e metodológicos específicos, que identificam e dão sentido aos estudos culturais/comunicacionais nessa região.

Palavras-chave

Estudos culturais, comunicação, fronteira, México-Estados Unidos.


Preámbulo

En este ensayo se expone la manera como se ha constituido el pensamiento académico en materia de cultura y comunicación en la región de la frontera México-Estados Unidos, específicamente en el noroeste mexicano. Para ello, es necesario comprender cómo han influido las perspectivas anglosajonas, europeas y latinoamericanas en la investigación y el análisis sobre los fenómenos socioculturales situados en dicha franja. A lo largo del texto se plantea, como tesis central, la coexistencia de dos premisas que atraviesan la generación de conocimiento cultural y comunicacional. Por un lado, se reconocen las convergencias generales con respecto a los ejes temáticos y los recursos teóricos desarrollados por autores europeos y anglosajones pertenecientes a la tradición de los estudios culturales. Por otro lado, se identifica que los contextos que estructuran los procesos culturales y comunicacionales en Latinoamérica y, en este caso, en la frontera noroeste de México, permiten la construcción simbólica de problemáticas y agendas particulares para las cuales se están elaborando ejercicios analíticos y metodológicos específicos, que identifican y dan sentido a los estudios culturales en esta región.

Para hilvanar este escenario, el ensayo se ha organizado en cuatro apartados. En el primero, "Introducción a los estudios culturales en México", se realiza un breve recorrido por los antecedentes de los estudios culturales en este país, a fin de reconocer las influencias originales en el pensamiento de los principales autores. En el segundo acápite, denominado "La veta comunicacional dentro de los estudios culturales", se explora la producción de conocimiento en el ámbito de los estudios sobre comunicación en México, y con perspectiva histórica se reconocen los momentos de cambios y virajes en los enfoques epistémicos, teóricos y metodológicos. Se inicia con los estudios sobre efectos de los mass media hasta llegar a la década de los noventa, cuando se intensifica en el campo académico mexicano el debate en torno a la comunicación y la cultura, gracias al reconocimiento que adquieren los trabajos de autores como Jesús Martín-Barbero, Néstor García Canclini, Jorge A. González, Rossana Reguillo y Guillermo Orozco. En la tercera parte, titulada "Baja California y el campo académico de la comunicación y la cultura", se ubica al lector en el contexto bajacaliforniano y se describe a grandes rasgos la constitución de este espacio académico, en el seno de un grupo de instituciones de educación superior dedicadas a la docencia o investigación de dichos temas. Asimismo, se mencionan las presencias e influencias de académicos externos en la conformación regional de este campo. En el cuarto apartado, "La investigación sobre cultura y comunicación en el noroeste de México: Autores, obras y enfoques", se traza una línea de continuidad entre la tradición (anglosajona, europea y latinoamericana) de los estudios socioculturales y el desarrollo del pensamiento comunicacional en esta región. A través de un breve recuento de la producción realizada por profesores e investigadores ubicados principalmente en Baja California se establecen los temas, los tratamientos y las orientaciones de los estudios socioculturales en esta franja. Finalmente, en el espacio de las conclusiones se proponen algunos ejes explicativos que, a manera de cierre, pretenden dar respuesta a la pregunta inicial de este ensayo: ¿cómo se organiza el pensamiento académico en materia de cultura y comunicación en esta región de la frontera México-Estados Unidos, a la luz de las perspectivas anglosajonas y latinoamericanas?


Introducción a los estudios culturales en México

Los estudios culturales en Latinoamérica tienen raíces multidisciplinarias. Específicamente, en el campo de las ciencias sociales, ciertos espacios disciplinarios como la sociología, la historia, la antropología y la comunicación -con énfasis en el pensamiento de la dimensión representacional-simbólica- aportaron desde el inicio, con distintos niveles de intensidad, elementos para edificar los marcos epistémicos, teóricos y metodológicos necesarios para el estudio de los fenómenos socioculturales. En contraste con lo anterior, la tradición estadounidense en este ámbito de estudios construyó sus estamentos sobre una base de corte más humanista que social. Es decir, las principales aportaciones para la conformación de un corpus teórico-conceptual fueron recibidas de las artes, especialmente de las letras. En adición a lo anterior, las divergencias de los procesos de estructuración de los contextos anglosajones y latinoamericanos han aportado condiciones y elementos de distinción en las formas de generar conocimiento en torno a los fenómenos culturales. García Canclini lo explica de la siguiente forma:

Un alto número de especialistas de esta tendencia en la academia estadounidense proviene de las humanidades, en particular de la literatura, como lo revela su predominio en la 'enciclopedia' Cultural Studies, editada por Grossberg, Nelson y Treichler; mientras que en los países latinoamericanos los estudios culturales se desarrollan sobre todo en las ciencias sociales y comunicacionales (por ejemplo, Roger Bartra, José Joaquín Bruner, Jesús Martín Barbero, Renato Ortiz), lo cual aproxima más el perfil de estos autores a los temas y enfoques de los cultural studies ingleses que a los estadunidenses (García Canclini, 2003, p. 35).

En México, la investigación cultural formalizada en el ámbito académico data de la década de los años 70, en este sentido, su historia es realmente corta. Y ha estado enmarcada más en la tradición del pensamiento europeo que en la del estadounidense, pues la línea del surgimiento de este corpus de estudios conduce directamente a Antonio Gramsci. Según Giménez (2003), fue a través de los trabajos de Antonio M. Cirese que la divulgación de las ideas gramscianas constituyeron un dispositivo de clara influencia, en un momento histórico de las ciencias sociales mexicanas caracterizado por un ambiente de reconocimiento y adopción de los principales postulados marxistas.

Su primer seminario sobre culturas populares en el CIESAS [Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social], en julio de 1979, bajo el patrocinio de su entonces director Guillermo Bonfil, y el seminario subsiguiente que impartió sobre el mismo tema en la UAM-Xochimilco [Universidad Autónoma Metropolitana], en agosto de 1981, pueden considerarse como hitos importantes en el desarrollo de los estudios culturales en México. Pero debe añadirse de inmediato que el estímulo gramsciano así mediado no operó en un completo vacío. Por una parte ya existían antecedentes importantes en cuanto a investigaciones culturales (...). Por otra parte, ya existía un terreno abonado por la tradición antropológica indigenista y campesinista mexicana (Giménez, 2003, p. 59).

Los estudios culturales en México, con el antecedente mencionado, dibujaron desde sus inicios derroteros hacia el pensamiento de temas diversos, entre los que han destacado: el poder, los discursos hegemónicos, las industrias culturales, las mediaciones, los estudios de género, la cultura como sistema simbólico, las estructuras y las agencias, entre otros. De esta forma, en el campo académico mexicano, la apertura hacia las aportaciones generadas por la Escuela de Estudios Culturales de Birmingham permitió que se legitimaran como debates centrales la superioridad de lo moderno frente a lo tradicional o de lo dominante sobre lo subalterno (Valenzuela, 2003). Y es desde la concepción simbólica de la cultura que lo representacional traza vínculos entre la comunicación mediática y la cultura, en tanto objetos de estudio concomitantes que interesan a investigadores de múltiples disciplinas, sobre todo, del campo de las ciencias sociales. Nos referimos a la comprensión de la cultura como un compendio de esquemas simbólicos que permiten a un conjunto de agentes ordenar el universo de significaciones, a través del cual interpretan el mundo y sus propias posiciones en él, y que, además, constituye el corpus desde donde producen su sentido y su fuerza de reproducción los actores del grupo determinado (Geertz, 1995, citado en Giménez, 1999).

Bajo el sistema de pensamiento enunciado, la vida social no se reduce a una cuestión de sujetos-objetos e incidentes que de manera involuntaria afectan el mundo natural. También, y ante todo, es una cuestión de acciones y expresiones significativas, de enunciados, símbolos y de representaciones construidas socialmente. La vida sociocultural, además, es un asunto de agentes que poseen reflexividad y racionalizan, que son capaces de expresarse por medio de discursos y buscan comprenderse a sí mismos y a los demás mediante la interpretación de las expresiones que producen y reciben (Thompson, 1998). Desde esta tradición, se afirma que es posible interpretar la realidad social a través del lenguaje, es posible compartir la realidad a través de la interacción y es posible olvidar todo el proceso de construcción de esta realidad, sin tener que preguntar todo el tiempo sobre 'cómo lograr un adecuado desempeño', gracias a los procesos de institucionalización. Los medios de comunicación juegan un papel central en la construcción social del sentido. Por ello, los estudios sobre los efectos y la recepción de los mass media han sido parte importante de la agenda de investigación de los estudios culturales latinoamericanos y particularmente mexicanos, como se detalla a continuación.


La veta comunicacional dentro de los estudios culturales

En la obra La comunicación en México. Una agenda de investigación (Vega, 2009), Guillermo Orozco y David González hacen un análisis del estado de la investigación sobre recepción -uno de los principales ámbitos de los estudios culturales- en México, a partir de la sistematización y catalogación hecha por Raúl Fuentes Navarro en dos proyectos bajo su coordinación. En este trabajo, el capítulo "Cuatro décadas de analizar la recepción de medios en México" (Orozco y González, 2009) ubica como principales corrientes de influencia para la investigación de audiencias en México las que se denominan 'consumo cultural', de Néstor García Canclini; 'frentes culturales', de Jorge A. González; 'recepción activa', de Valerio Fuenzalida; 'uso social de los medios'', de Jesús Martín-Barbero, y el 'modelo de las multimediaciones', del propio Guillermo Orozco.

Como en gran parte de América Latina, los estudios de recepción en México iniciaron en la década de los 60, y junto con la de los 70 son consideradas como la primera etapa en la investigación mexicana sobre el tema. Orozco y González identifican como una influencia predominante la tradición de los estudios de efectos, sobre todo de la televisión, en audiencias infantiles. Dichos estudios muestran, principalmente, dos enfoques epistemológicos. Por una parte, la comprensión matemática y la medición del comportamiento. Y, por otra, la comprensión hermenéutica. Sin embargo, a partir de 1975 los trabajos publicados experimentan un viraje cuando empiezan a reflexionar no sólo sobre las implicaciones sociales, sino también ideológicas, de los medios. Al análisis funcionalista se incorporan conceptos marxistas, y se abordan temas como "la ideología, la relación de los medios con el Estado y el papel del gobierno" (Orozco y González, 2009, p. 74). Cabe destacar que, en esta década, la fuerte presencia de la teoría de la dependencia como amplio marco teórico-referencial de los estudios sobre comunicación masiva, vinculada con la perspectiva sobre el imperialismo cultural, marcó buena parte de los trabajos sobre contenidos de los mensajes de los medios y el estudio del desarrollo de la comunicación masiva en México, sobre todo desde las universidades públicas del centro del país.

En la década de los 80, si bien continúan los estudios sobre efectos, estos se sitúan en dos perspectivas: los efectos en sentido positivista, por un lado, y los efectos ideológicos, interpretados desde las corrientes críticas, por el otro. En este escenario ya destacan trabajos inscritos en la tradición de los estudios culturales, sobre todo en la segunda mitad de la década. Desde la óptica de Jesús Martín-Barbero, durante esta época en América Latina (y México no fue la excepción) estudiar críticamente los medios, la comunicación y la cultura de masas tenía poco que ver con lo popular. "De lo que se trataba entonces era de descubrir las artimañas mediante las cuales la ideología dominante penetra los procesos de comunicación, o más precisamente penetraba los mensajes produciendo determinados efectos" (Martín-Barbero, 1987a, p. 163). Para este autor, el encuentro entre el modelo psicológico-conductista y el semiótico-estructuralista, amalgamado con la denuncia política, tuvo como consecuencia algo más que el eclecticismo: una concepción instrumentalista de los medios de comunicación, que los convirtió en meras herramientas de acción ideológica, lo cual no permitió comprender los problemas que traía consigo la transnacionalización de las comunicaciones y la pluralización de los problemas socioculturales.

En México, durante esta década, se sientan las bases de lo que se identificará en los años noventa como "estudios culturales y análisis de la recepción en el ámbito internacional" (Orozco y González, 2009, p. 75). Es a mediados de los 80 cuando surgen, en el ámbito académico mexicano, autores como Néstor García Canclini, Jesús Martín-Barbero, Gilberto Giménez, Jorge A. González, Jesús Galindo y Guillermo Orozco, entre otros.

Jorge A. González, fundador en los años 80 junto con Jesús Galindo del Programa Cultura de la Universidad de Colima, desarrolló la categoría de 'frentes culturales', vinculada a la noción de culturas subalternas y fundamentada sobre todo en la lectura de Alberto Cirese, Robert Fossaert y Pierre Bourdieu. Los frentes culturales son entendidos como "espacios o arenas de lucha, que son generadas mediante un trabajo de elaboración discursiva, que traza la dinámica de diferentes tensiones y conflictos localizados" (González, 2003, p. 168) y que, en ocasiones, coinciden con lugares específicos, identificables en un espacio geográfico. En tanto concepto abierto o sistémico, "no puede ser aplicado separado de sus relaciones con otras construcciones: hegemonía, campos, redes ideológicas, discurso social, formas simbólicas" (González, 2003, p. 168).

Los frentes culturales no son estáticos, si bien presentan una estabilidad precaria que González imagina como "un espacio caótico de movimientos oscilantes que una vez que arriban a una bifurcación crítica, de repente se cristalizan dentro de estructuras y proyectos reconocibles, y sin embargo no completamente fijos, que forman un orden simbólico" (González, 2003, p. 171). Su propuesta consiste en descubrir las luchas simbólicas no sólo entre los dos polos de un campo, sino también a partir de un tercero que sin estar en el polo subalterno/subordinado no logra establecerse como hegemónico, lo que, dice, "nos abre a una posible acción disipativa dentro de un territorio simbólicamente ocupado" (p. 162).

Para abordar el estudio de los frentes culturales, Jorge A. González propone una estrategia metodológica que involucra cuatro miradas o formas de abordaje: una mirada estructural, que sitúa todo proceso cultural en el marco de relaciones sociales objetivas; una mirada histórica, para entender la imagen estructural como un punto o momento de una trayectoria (en términos de Bourdieu); una mirada situacional, que ubica la acción humana y a los actores concretos en entornos o escenarios cotidianos y específicos, y una mirada simbólica, a fin de describir "las dinámicas de la construcción del significado que se forma, se deforma y se transforma en los escenarios y situaciones sociales tanto cotidianas como en los rituales públicos" (González, 2003, p.183).

Por su parte, Guillermo Orozco, coordinador del Programa Institucional de Investigación y Prácticas Sociales en la Universidad Iberoamericana a fines de la década de los 80 y principios de los 90, propone un modelo de multimediaciones, con una preocupación central sobre los modos como interactúan las audiencias y la televisión, a partir de la consideración de diversas mediaciones que se ubican en las prácticas sociales y en la vida cotidiana. Orozco entiende la mediación "como 'proceso estructurante' que configura y reconfigura tanto a la interacción de los miembros de la audiencia con la TV como la creación por ellos del sentido de esa interacción" (Orozco, 1996, p. 84), e identifica cinco tipos de mediaciones: individual, situacional, institucional, videotecnológica y de referencia. Sin embargo, aclara que la cultura impregna todas las mediaciones, y al reconocer la agencia de los miembros de la audiencia, la acota en los mismos términos de Giddens (1998), ya que esta se produce en contextos concretos. Entiende, entonces, que la agencia se 'concretiza' en las estrategias puestas en práctica por los individuos en el proceso de recepción televisiva (Orozco, 1996, p. 91).

Por su parte, Néstor García Canclini y Jesús Martín-Barbero se encuentran entre los investigadores latinoamericanos más conocidos a nivel internacional. El primero se distingue, sobre todo, por su llamado a la colaboración entre antropólogos, sociólogos y comunicólogos para abordar el estudio de las culturas híbridas, y por la superación del paradigma que opone la cultura de élite a la cultura popular, la cultura dominante a la cultura subalterna y lo nacional a lo extranjero (García Canclini, 1989). El segundo, Martín-Barbero, trasciende a mediados de los 80 por sus obras Procesos de comunicación y matrices de cultura y De los medios a las mediaciones, donde invita a los investigadores a abandonar la razón dualista: derecha/izquierda, culto/popular, popular/masivo, comunicación/cultura. Además, focaliza el estudio de la comunicación ya no en los medios, sino en los procesos de mediación (Martín-Barbero, 1987a, 1987b).

En los años 90 se consolidan los estudios culturales y el análisis de la recepción como líneas de investigación, pero al mismo tiempo se abren otras nuevas temáticas, que, con metodologías diversas (desde las francamente positivistas, pasando por los análisis del discurso y hasta el estudio de la vida cotidiana y los contextos de recepción), hacen que la investigación en comunicación adquiera un carácter ecléctico. En la primera mitad de los 90 inicia lo que formalmente se conoce como el estudio del consumo cultural, a partir de los trabajos de García Canclini (1993). Mientras tanto, desde una perspectiva eminentemente empírica, José Carlos Lozano Rendón y sus colaboradores del Centro de Comunicación e Información del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey se preocupan por "estudiar el proceso de recepción en relación al consumo e impacto de los mensajes mediáticos desde diferentes tradiciones de estudio que pueden ir desde los efectos (...) hasta los estudios culturales" (Orozco y González, 2009, p. 80).

En esta década destaca la tradición de los estudios culturales, seguida por los estudios sobre efectos y los análisis de la recepción. No obstante, los autores citados señalan que hacia fines de esta década se manifiesta una dualidad que se expresa en dos corrientes paralelas: la primera hace énfasis en los medios y tecnologías de información desde la tradición del estudio de efectos, usos y gratificaciones y el análisis de la recepción individual o colectiva; la segunda pone el acento en el consumo cultural y diluye por tanto la interacción mediática (Orozco y González, 2009).

Por su parte, Cornejo y Castellanos manifiestan que es en los 90 cuando la comunicación pasa a ser entendida como un proceso de interacción, de manera que se trata de "aprehender a la comunicación desde la mirada de la cultura y la significación, y explorar lo social como territorio simbólico de relaciones e interpelaciones comunicativas y culturales, comprendiendo a la comunicación y a la cultura como coextensivas" (Cornejo y Castellanos, 2009, p. 200).

Finalmente, en la primera década del siglo XXI se observa la incorporación de teorías ligadas a la recepción "pero con alcance estructural" (Orozco y González, 2009, p. 84). Es decir, se postula que la interacción con los medios estructura a las audiencias, pero, a la vez, se destaca la participación de los individuos en diferentes audiencias y ante diversos medios. Asimismo, en este periodo se integran los niveles micro y macrosocial como fuentes de mediación, propuestos por Guillermo Orozco. Otros investigadores estudian dimensiones estructurales o sistémicas de la relación ya no sólo de los medios, sino de las tecnologías con los sujetos, como lo proponen Jorge A. González (2003) yJesús Galindo (2006) en torno a las ciberculturas.

La centralidad de la cultura, como contexto y concepto comprensivo para la comunicación, se vuelve evidente en esta década, y si bien se continúa estudiando la recepción y el consumo cultural, para Cornejo y Castellanos (2009) la vinculación entre comunicación y cultura introduce sobre todo a las problemáticas relacionadas con la identidad, la multiculturalidad y la interculturalidad.


Baja California y el campo académico de la comunicación y la cultura

México y Estados Unidos de América comparten una frontera de 3200 km de longitud. Del lado norteamericano están asentados los territorios de cuatro estados: Texas, Nuevo México, Arizona y California, mientras que del lado mexicano se localizan seis entidades federativas: Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Sonora y Baja California. De esta vasta extensión territorial, la frontera noroeste está definida a partir de la vecindad entre California y Baja California.

La península de Baja California es un brazo de tierra que tiene un área de 142 578 km2, sin incluir las islas que bordean los aproximadamente 3500 km de costa (Pinera, 1983), y que agregan al territorio peninsular otros 1800 km2 (Álvarez, 1989). La península se encuentra bañada por las aguas del océano Pacífico (al oeste y al sur) y separada del resto del territorio mexicano en el noroeste por el río Colorado y después por el golfo de California o mar de Cortés. Es una península rugosa de 1300 km de largo y entre 57 y 375 km de ancho; en la actualidad, está dividida políticamente en dos entidades federativas: Baja California y Baja California Sur (Álvarez, 1989).

El estado de Baja California, que ocupa la parte norte de la península, tiene un total de 3 155 070 habitantes (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2010), concentrados en las zonas urbanas. La capital de Baja California es Mexicali, que debido a su calidad de ciudad fronteriza ha tenido un crecimiento considerable impactado por la industria maquiladora, así como por la exportación y el fortalecimiento de su desarrollo comercial. Su población, de acuerdo con los datos de INEGI (2010), es de 936 826 habitantes. No obstante, la mayor localidad urbana del estado es Tijuana, que para el año 2010 contaba con 1 559 683 pobladores (INEGI, 2010). Ambas ciudades tienen colindancia con poblaciones de EUA.

Las otras cabeceras municipales de la entidad son Ensenada, ciudad portuaria y turística, que tiene 466 814 habitantes; Tecate, con 101 079 pobladores, y Rosarito, que cuenta con 90 668 habitantes (INEGI, 2010).

En Baja California existen diversas instituciones dedicadas al fomento de la educación y la cultura, lo cual ha generado una oferta más variada y enriquecida en los últimos años. Entre estas destacan el Instituto de Cultura de Baja California, que administra el Centro Estatal de las Artes en Mexicali y Ensenada; el Centro Cultural Tijuana, perteneciente al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Mexicali y el de Tijuana, y, por supuesto, la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

En el espacio de la educación superior, la oferta de educación superior pública es liderada por la UABC, aunque también existen los Institutos Tecnológicos y la Universidad Politécnica, y en el ámbito de la educación privada se encuentran el Centro de Enseñanza Técnica y Superior (Cetys Universidad), el Centro Universitario de Tijuana (CUT), la Universidad Iberoamericana Tijuana, la Universidad del Valle de México (UVM), la Universidad Xochicalco, la Univer, y la Universidad de Estudios Profesionales (Unidep), entre otras.

En Estados Unidos de América, por su parte, el sistema universitario de California es diverso, e incluye instituciones educativas que integran a su vez una oferta disciplinaria múltiple en los niveles de pregrado y posgrado, de modo que la cercanía con esta importante zona de desarrollo económico, educativo y cultural ha representado una ventaja importante para la población académica de la frontera noroeste de México. El intercambio estudiantil y de personal académico ha ido cobrado mayor intensidad y, con ello, el campo académico de la comunicación y la cultura se ha fortalecido.

En el contexto nacional, en las últimas cuatro décadas los estudios sobre comunicación y cultura se configuran en torno a la problematización de las discursividades, las interacciones sociales y simbólicas, los contenidos de los mass media y sus efectos en las audiencias. Los insumos teóricos y metodológicos provenientes de la sociología, la semiótica, la psicología, la sociolingística y la ciencia política, entre otras disciplinas, contribuyeron al desarrollo de un saber académico en torno a la producción de significados, los medios y las mediaciones, la recepción mediática, las identidades, las prácticas sociales y otros objetos de estudio. En cuanto a la formación de comunicadores, las escuelas de comunicación integran principalmente cuatro perfiles profesionales: 1) periodistas e informadores, 2) humanistas y divulgadores de la cultura, 3) científicos y analistas sociales y 4) publicistas y comunicadores organizacionales. Estas identidades profesionales se articulan en los programas de licenciatura en Baja California, con sus énfasis y tensiones particulares, y de este modo determinan los objetos y agendas de investigación de la comunicación y la cultura a nivel regional.

A mediados de los 80 surgen las primeras escuelas de comunicación en Baja California. Los rasgos específicos de este campo académico se fueron modelando a partir de la adaptación de pautas disciplinarias tanto del entorno nacional y latinoamericano como de las condiciones locales de carácter institucional y grupal. En el periodo de 1985 a 1989 aparecen las primeras licenciaturas en comunicación en la entidad. Surgen la Universidad Iberoamericana, campus Tijuana, y la Universidad Autónoma de Baja California, en Mexicali. Los pocos comunicólogos, provenientes del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), la Universidad Iberoamericana (UIA) de la Ciudad de México, la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco (UAM-X), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), combinan algunas horas de su práctica profesional con la docencia universitaria. Son escasos los profesores de tiempo completo, y la investigación, aunque forma parte del discurso institucional, es una práctica definida por el voluntarismo de docentes y alumnos. En este tiempo no existen condiciones institucionales para la investigación sistemática y formal. Los profesores no tienen posgrados, la producción de conocimiento y análisis es poco reconocida entre colegas y, salvo algún programa de El Colegio de la Frontera Norte, no hay maestrías ni doctorados en las áreas de ciencias sociales. En esta etapa, las preocupaciones académicas giran en torno a las industrias culturales, al análisis de los contenidos mediáticos, las discursividades y las identidades sociales. Sin embargo, existe una escasa problematización de los procesos locales y regionales.

De 1990 a 1994 se crean las primeras redes institucionales que permitirán orientar, con un mayor grado de información y conciencia, los planes de estudios de cada licenciatura. La UABC y la UIA Tijuana ingresan al Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (Coneicc) e impulsan la formación de la Asociación Binacional de Escuelas de Comunicación (Binacom), que posteriormente vinculará a nuestras universidades con las del sur de California (San Diego State University, University of California San Diego, University of San Diego, Southwestern College, San Diego City College y otros centros de educación superior). Se inician además los primeros proyectos de investigación interinstitucional, particularmente con el Programa Cultura de la Universidad de Colima, que encabezan Jorge A. González y Jesús Galindo, cuyo proyecto nacional de investigación, denominado La transformación de las ofertas culturales y sus públicos en México: Genealogías, cartografías y prácticas culturales en el siglo XX y que formó parte del Programa de Formación de Ofertas Culturales y sus Públicos (FOCYP), marcará a una generación de estudiantes que en la siguiente década serán profesores e investigadores de la comunicación y la cultura en Baja California. En esta fase, surgen en la entidad universidades privadas que ofrecen la licenciatura en comunicación (o ciencias de la comunicación), y cuya expansión tanto en número de escuelas como en matrícula continuará hasta la actualidad.

Este periodo puede considerarse como de crecimiento y legitimación del campo académico de la comunicación en la entidad. En ciertos escenarios académicos se hace mención de la perspectiva comunicacional para acotar ciertos objetos de conocimiento, y los estudios en esta materia frecuentemente son utilizados por diversas instituciones. Al mismo tiempo, la crisis de la sociología marxista afecta los frentes de las ciencias sociales y las humanidades, dando paso a las reformulaciones disciplinarias y a un llamado mundial a abrir las ciencias sociales.

El lustro comprendido entre 1995 y 1999 marca el inicio de la producción de conocimiento sistematizado y continuo en materia de comunicación en Baja California. A través de diversas publicaciones de investigación y divulgación, el campo va ampliando sus redes institucionales y va acreditando sus prácticas al interior del espacio universitario y frente a otras instituciones públicas y privadas. Crece el número de profesores de tiempo completo, lo que posibilita el desarrollo de proyectos académicos continuos y de mayor alcance. Con respecto a los contenidos curriculares, los enfoques funcionalistas o deterministas quedan reducidos a la historia de las teorías de la comunicación y el ocaso del estructuralismo anuncia el regreso del sujeto en los estudios culturales.

En la primera década del siglo XXI se observa un notable crecimiento tanto cualitativo como cuantitativo del campo comunicacional bajacaliforniano. Se implementan programas de posgrado como la Maestría en Comunicación ofrecida por la Universidad de La Habana, para profesores de la UABC; la Maestría en Ciencias Sociales del Instituto de Investigaciones Sociales y la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales de la UABC; la Maestría en Estudios y Proyectos Sociales que suscriben la Facultad de Ciencias Humanas, la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas y el Instituto de Investigaciones Sociales de la UABC; la Maestría en Estudios Socio-culturales que ofrece el Instituto de Investigaciones Culturales-Museo de la UABC, y el Doctorado en Estudios del Desarrollo Global, de la Facultad de Economía de la UABC. En el año 2010, se abre la convocatoria para la primera generación de la Maestría en Comunicación, ofrecida de manera conjunta por la Facultad de Ciencias Humanas, la Facultad de Humanidades y la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales de la UABC.

Otro rasgo central de esta última etapa es la reorganización del espacio docente e investigativo a través de los cuerpos académicos (grupos de profesores e investigadores con intereses temáticos afines) que podrían ser un factor determinante para la consolidación de este campo a mediano y largo plazo. En los últimos años, la investigación en comunicación y cultura en esta región ha tendido hacia la institucionalización, gracias a los mecanismos de apoyo de cada universidad y por efecto de las diversas convocatorias nacionales e internacionales para el intercambio académico y el financiamiento de proyectos. En esta década, resurge la revista Estudios Fronterizos y aparece Culturales, publicación arbitrada del IIC-Museo UABC. Junto con Frontera Norte, editada por El Colegio de la Frontera Norte (en Tijuana), estas publicaciones (pertenecientes al Índice de revistas mexicanas de investigación científica y tecnológica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) representan un espacio académico fundamental para la divulgación de las ciencias sociales y las humanidades en Baja California. Son, en particular, una fuente de formación, consulta y apoyo para las actividades de docencia, investigación y reflexión de diversas problemáticas comunicacionales y socioculturales.


La investigación sobre cultura y comunicación en el noroeste de México: autores, obras, enfoques

Nueve años después de creada la primera licenciatura en ciencias de la comunicación en Baja California, es en 1995 que tiende a consolidarse en esta entidad la producción de conocimiento sistematizado y continuo en materia de comunicación y cultura. Mediante publicaciones que registran la investigación empírica o la reflexión crítica, este campo va ampliando sus redes y acreditando sus prácticas al interior del espacio universitario y frente a otras instituciones públicas y privadas.

En este escenario, se incorporan a la discusión académica un grupo de investigadores pertenecientes a El Colegio de la Frontera Norte, centro de posgrados y de estudios sobre la problemática transfronteriza, fundado a fines de los años 70. Entre ellos destacan José Manuel Valenzuela, doctor en ciencias sociales por El Colegio de México e investigador del Departamento del Estudios Culturales de El Colef, cuyo objeto de estudio son las identidades y representaciones socioculturales en la frontera México-Estados Unidos. Autor de una vasta obra tanto de investigación empírica como de análisis cultural, Valenzuela ha estudiado las identidades juveniles, el movimiento urbano popular, las comunidades de migrantes mexicanos en Estados Unidos de América, los mitos y leyendas de la región, las expresiones musicales como el rock y el narcocorrido, el cine y otras artes visuales. Entre sus libros podemos mencionar Paso del Nortec. This is Tijuana (2004), Jefe de jefes. Corridos y narcocultura en México (2002), Impecable y diamantina. La deconstrucción del discurso nacional (1999), El color de las sombras. Chicanos, identidad y racismo (1998), Nuestros piensos. Culturas populares en la frontera México-Estados Unidos (1998) y A la brava ése! Identidades juveniles en México: Cholos, punks y chavos banda (1997). Como coordinador de libros, Valenzuela tiene una amplia producción. Destacan, entre otros, Las Maras. Identidades juveniles al límite (con Alfredo Nateras y Rossana Reguillo) (2007), Renacerá la palabra. Identidades y diálogo intercultural (2003), Por las fronteras del norte. Una aproximación cultural a la frontera México-Estados Unidos (2003), Los estudios culturales en México (2003), Entre la magia y la historia. Tradiciones, mitos y leyendas de la frontera (2000), Procesos culturales de fin de milenio (1998) y Decadencia y auge de las identidades (1992).

En la investigación sobre las representaciones culturales y de género en el cine y el arte fronterizos, sobresale el trabajo de Norma Iglesias, doctora en comunicación por la Universidad Complutense de Madrid, quien inició su trayectoria académica en El Colegio de la Frontera Norte y continúa ahora en San Diego State University. Es autora del libro Entre yerba, polvo y plomo. Lo fronterizo visto por el cine mexicano (1991). Como coordinadora, editó junto con Rosa Linda Fregoso la memoria Miradas de mujer. Encuentro de cineastas y videoastas mexicanas y chicanas (1998). Sin embargo, su amplia producción académica se encuentra publicada principalmente en capítulos de libros y revistas de investigación. Sobresalen "Tijuana, impulso creativo en contexto transfronterizo", aparecido en Tijuana. La tercera nación (2006); "Redefiniendo lo femenino en el cine. La película Danzón y su lectura por género", publicado en la edición de Inés Cornejo de Texturas Urbanas. Comunicación y Culturas (2003); "Retratos cinematográficos de la frontera. El cine fronterizo, el poder de la imagen y la redimensión del espectáculo cinematográfico", incluido en el libro coordinado por José Manuel Valenzuela Por las fronteras del norte. Una aproximación cultural a la frontera México-Estados Unidos (2003); "Border representations. Border cinema and independent video", que aparece en la edición de Michael Dear y Gustavo Leclerc de Postborder City. Cultural Space of Bajalta California (2003); "Una frontera de película: características e importancia del cine fronterizo", en la obra, coordinada por Eduardo de la Vega Alfaro, Microhistorias del cine en México (2001); "Re-constructing the border: Mexican border cinema and the relation to their audiences", en la edición de Hershfield and Maciel de Mexican Cinemas. A Century of Films and Filmmakers (1999), y "Recepción y género en la película Danzón" en la compilación de Julianne Burton-Carbajal, Patricia Torres San Martín y Ángel Miquel titulada Horizontes del segundo siglo: Investigación y docencia del cine mexicano, latinoamericano y chicano (1998).

Desde mediados de los años noventa, se suman a este escenario un grupo de profesores e investigadores adscritos la Universidad Autónoma de Baja California. Así, en la investigación y el análisis sobre el consumo de bienes culturales en el noroeste de México, destaca la labor de Luz María Ortega Villa, profesora e investigadora de la UABC en Mexicali y doctora en ciencias de la comunicación social por la Universidad de La Habana. Es autora de los libros Cerca y lejos. Aproximaciones al estudio del consumo de bienes culturales (2011) y Donde empieza la carne asada. Consumo de bienes culturales en sectores populares de Mexicali (2005). También ha publicado capítulos "Números para pensar la cultura en Baja California", en el libro Cultura, agentes y representaciones sociales en Baja California (2006), coordinado por Everardo Garduño, y "El consumo de bienes culturales como elemento de identidad: Dime qué consumes y te diré quién eres", en la obra coordinada por Garduño y Pelths Mexicali ayer, Mexicali hoy. Entre la memoria, el centenario y la reflexión (2004). Entre sus artículos de investigación se encuentran "Non-publics of legitimized cultural goods. Who are they?", en Loisir et Société (2009); "Uso de métodos cualitativos y cuantitativos en el estudio del consumo de bienes culturales en sectores populares de Mexicali, B. C.", en Estudios fronterizos (2007); "Tipología del consumo de bienes culturales en Mexicali, B. C.", en Frontera norte (2006), y "De los puentes para los campos. Reflexiones en torno a la divulgación de la ciencia", en Razón y palabra (2003).

Por último, es importante resaltar el trabajo de David González Hernández, profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Baja California en Tijuana, quien obtuvo el Premio Nacional de Tesis de Maestría otorgado por el Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (Coneicc) en 2004. González estudia las confluencias entre los jóvenes fronterizos y los contenidos televisivos. Es autor del libro Sueño americano en México. Televisión estadounidense y audiencias juveniles en Tijuana (2007). También ha publicado los capítulos "Televisión y frontera: el espacio audiovisual en Tijuana", en Los medios de comunicación en Baja California (2006), libro coordinado por Manuel Ortiz, y "Viajar por la Revolución. El oficio de taxista: prácticas y públicos culturales", en la compilación de Castillo, García Cortez y Morales titulada La Revolución también es una calle (1996). Entre sus artículos se pueden destacar "Medios, interacción y audiencia", en Razón y Palabra (2007); "En busca del entretenimiento: televisión y audiencia juvenil en la frontera norte", en Comunicación y Sociedad (2006); "Vetas de investigación: análisis de televisión e interculturales de recepción en la frontera norte", en Anuario de Investigación de la Comunicación Coneicc (2005), y "Diálogos entre dos re-establecimientos teóricos-metodológicos: las propuestas de John B. Thompson y Klaus B. Jensen", en Anuario de Investigación de la Comunicación Coneicc (2003).

Otros profesores que están indagando procesos socioculturales con perspectivas comunicológicas son Hugo Méndez Fierros, autor de los libros Agentes locales, comunicación mediática y redes de política globales. La construcción simbólica del problema público del agua (2011) y Cómo hacer una rica sopa con la metodología. Caminos y veredas de la investigación en comunicación (2010), escrito en coautoría con Manuel Ortiz. Académico de la UABC, Méndez desarrolla estudios sobre las representaciones mediáticas y la construcción simbólica de los problemas socioambientales.

Por su parte, Fernando Vizcarra, quien trabaja principalmente sobre temas de cine y modernidad, publicó recientemente el libro En busca de la frontera y otros ensayos sobre comunicación y cultura (2012) y, en coordinación con Hugo Méndez, Huellas compartidas. Ensayos sobre el campo académico de la comunicación en Baja California (2009). En este escenario, debemos incluir la labor académica de Gerardo León, cuya línea de investigación gira principalmente en torno a las identidades juveniles. Todos ellos son académicos de la Universidad Autónoma de Baja California. Las referencias a estos autores se basan no sólo en la cantidad de publicaciones, sino en la presencia de un corpus de trabajos significativos y, sobre todo, metodológicamente consistentes, que evidencian un programa de investigación de mediano y largo plazo.

Pero, ¿cuáles son en general los temas y los enfoques metodológicos que distinguen los estudios sobre comunicación y cultura en Baja California?

Si bien se ha llegado al consenso de que los fenómenos comunicacionales no se agotan en los medios masivos, estudios recientes (Vizcarra, 2006, 2007, 2008) señalan que continúan teniendo una presencia dominante en las agendas de investigación y análisis de la academia bajacaliforniana. Los medios siguen siendo el referente de los procesos socioculturales vinculados con las identidades, los imaginarios y las dinámicas de la globalización. En este contexto, no resulta extraño que el cine, Internet y la televisión despunten como objetos privilegiados de indagación.

En cuanto a las orientaciones temáticas asociadas con el entorno sociocultural, sobresalen los estudios relacionados con las identidades y prácticas sociales, las representaciones e imaginarios y los dominios del discurso. Y es así porque la frontera que comparten México y Estados Unidos es un complejo surtidor de fenómenos simbólicos e identitarios, muchos de carácter emergente, cuyas dinámicas plantean interrogantes inéditos para las ciencias sociales en otras latitudes. Este énfasis temático también revela uno de los principios más reconocidos por la tradición de los estudios comunicacionales: la comprensión de los procesos comunicativos como procesos culturales, y viceversa.

Por lo que se refiere a la investigación sobre comunicación y cultura relacionada con agentes sociales, resulta evidente la inclinación de la academia bajacaliforniana hacia la problemática de los jóvenes y sectores populares urbanos. No obstante, en general, los sujetos específicos son mucho menos estudiados que los procesos y productos de la comunicación. Nuestras agendas de investigación giran principalmente alrededor de los escenarios de la interacción, las instituciones y los discursos mediáticos. ¿Y las agencias sociales? Ese ámbito preinterpretado que donde se inscribe la doxa o, como lo plantea J. B. Thompson (1998), la hermenéutica de la vida cotidiana, todavía no adquiere la suficiente centralidad en nuestras agendas de investigación comunicativa y sociocultural. Por otra parte, los estudios sobre comunicación y cultura en este entidad son poco antropológicos. De allí que la etnografía sea una práctica relegada en nuestra cultura de investigación. Los enfoques disciplinarios se orientan preferentemente hacia los estudios culturales, la sociología de la comunicación y la sociología de la cultura, cuyas fases de análisis privilegian sobre todo lo estructural y lo discursivo. Por último, podemos afirmar que en este campo sobresalen los enfoques cualitativos sobre los cuantitativos, pero también son cada vez más los trabajos que buscan integrar ambas estrategias.

En parte, esto puede ser resultado de que a casi 25 años del surgimiento del espacio académico de la comunicación en Baja California su desarrollo ha reproducido, a escala local, el tránsito que por diversas perspectivas ha registrado el avance disciplinario a escala nacional e internacional: desde el funcionalismo y sus modelos originarios, pasando por la corriente crítica y el estructuralismo de los años 70, hasta los recientes abordajes integradores, que si bien reconocen el papel de la estructura, también identifican el poder y la resistencia, así como la reflexividad de los agentes sociales (Ortega, 2009).

Se puede constatar, además, que en este ámbito geográfico aún no existe desarrollo epistemológico. Es decir, la escasa reflexión teórica y metodológica que se desarrolla en esta región se orienta fundamentalmente a la construcción empírica del objeto de estudio. Por ahora, tampoco hay iniciativas académicas para el desarrollo de modelos de análisis.

A partir del trabajo de Méndez y Vizcarra (2009) en torno a la configuración histórica del campo académico de la comunicación en Baja California, puede establecerse que los autores que más han influido en la academia bajacaliforniana, fuera del espacio hispanoamericano, son: Michel Foucault, Pierre Bourdieu, Michel de Certeau, Armand Mattelart, Marshall McLuhan, Mauro Wolf,John B. Thompson, Klaus Brunh Jensen, Anthony Giddens, Alain Touraine, Immanuel Wallerstein, Zygmunt Bauman, Giovanni Sartori, Peter Berger y Thomas Luckmann. Por su parte, los autores hispanoamericanos más influyentes han sido Jesús Martín-Barbero, José Márquez de Melo, Guillermo Bonfil Batalla, Gilberto Giménez, Néstor García Canclini, Renato Ortiz, Manuel Martín Serrano, Manuel Castells, Enrique Sánchez Ruiz, Javier Esteinou, Guillermo Orozco, Immacolata Vasallo de Lopes, José Carlos Lozano, Rossana Reguillo, Octavio Islas, Jesús Galindo y Jorge A. González, entre otros.


Conclusiones

Con base en lo expuesto anteriormente se pueden identificar algunos ejes en torno a los cuales se está organizando el pensamiento sobre cultura y comunicación en el noroeste mexicano:

  1.  El reconocimiento de procesos y fenómenos socioculturales de frontera que poseen su propia especificidad, a la luz de las dinámicas que articulan lo local y lo global. De allí el énfasis de los estudios culturales y comunicacionales de esta región dedicados a la comprensión de las identidades, las prácticas discursivas, las representaciones y los imaginarios colectivos.

  2.  Una tendencia hacia la institucionalización de las dinámicas asociadas a la investigación; evidencias de dispersión teórica, metodológica y temática; así como fragmentación de objetos de estudio. Para algunos analistas, estas dos últimas tendencias, también inscritas con sus propias características en otras latitudes, pueden representar factores que problematizan y debilitan la constitución del campo. Para otros, lo enriquecen, lo fortalecen y lo complejizan.

  3.  Una atención a lo que Martín-Barbero (1987b) denomina "diferencia que no se agota en el atraso", compartida con el resto de Latinoamérica y que se hace más evidente frente a los procesos que involucra la globalización.

  4.  Una perspectiva estructural que asocia los procesos culturales -comprendidos como sistemas simbólicos- con el poder, la hegemonía, la institucionalización y la reproducción.

  5.  Pero, al mismo tiempo, el interés por comprender las prácticas culturales como expresiones de la capacidad para generar agencia, creatividad, resistencia y transformación.

  6.  La complejidad y el dinamismo de los fenómenos culturales y comunicacionales situados en la frontera México-Estados Unidos, que exigen un pensamiento académico abierto y transdisciplinario.

Asimismo, es importante señalar que el proceso de expansión que experimentan los estudios culturales bajacalifornianos a partir de mediados de los años 90 revela el surgimiento gradual de una cultura de investigación en las instituciones de educación superior. En particular, pone en relieve la aparición de una generación de profesores cuya actividad académica, anteriormente centrada en la docencia, se ha transformado en una práctica que hoy incluye la investigación y el análisis formal, gracias al impulso de un conjunto de iniciativas institucionales como la aparición de programas de posgrado y centros de investigación, el desarrollo de proyectos editoriales y la implementación de estímulos a la generación de conocimiento. La centralidad que han adquirido la comunicación y la cultura en las ciencias sociales está relacionada con la complejidad del mundo contemporáneo. Y particularmente, la investigación y el análisis en el noroeste de México cobraron relevancia a partir de que los procesos regionales y las identidades locales fueron reconocidos como dimensiones esenciales de lo global, y viceversa. Cuando los estudios comunicacionales estaban preocupados por lo masivo, por el imperialismo y la industria cultural, el sujeto y lo local tenían escasa relevancia. Hoy resulta fundamental estudiar las múltiples localidades y regionalidades a fin de comprender los procesos globales. Mientras tanto, en el futuro inmediato, serán determinantes las aportaciones que hagan los estudios comunicacionales y culturales en la producción de conocimiento sobre la problemática de la frontera México-Estados Unidos.



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