Reseña

Fowler, J. & Christakis, N. (2009). Connected: the surprising power of our social networks and how they shape our lives. New York: Little, Brown and Company.

Disponible en: http://connectedthebook.com/ [Fecha de consulta: junio 23 de 2012].

Ricardo Llano-González
Facultad de Comunicación, Universidad de La Sabana.
Correo electrónico: ricardo.llano@unisabana.edu.co



En un mundo en el que las redes sociales virtuales ya no sólo están de moda, sino que se han convertido en parte de nuestra vida, es necesario entender cómo nos afectan y cómo nos introducimos en ellas. Pero, más allá de la herramienta digital, debemos entenderlas como un conjunto de conexiones humanas que interviene en cada aspecto de nuestra vida.

Connected es un libro en el que sus autores, James Fowler y Nicholas Christakis, nos muestran cómo la interconexión entre personas no sólo es natural y necesaria en nuestras vidas, sino que también configura una fuerza que tiende a generar beneficios para las personas que componen una red social. Tal como los organismos, hay logros que sólo pueden ser alcanzados por redes sociales, que nunca habrían podido ser alcanzados de forma individual.

Nicholas Christakis es un médico investigador en Harvard que notó cómo la salud de pacientes que perdían a su pareja se veía afectada, en apariencia, por la muerte de ese ser amado. Esta situación lo llevó a pensar que si las personas están conectadas, su salud también lo puede estar. Fue así como entró a investigar la composición de las redes sociales y cómo estas nos afectan.

Al investigar cómo las personas eran afectadas por su entorno y sus conexiones, un amigo de Christakis le presentó a James Fowler un profesor de Harvard que venía estudiando la composición y la organización de redes sociales pero en el ámbito político. Desde este pequeño incidente, los autores de Connected reflejan cómo las redes sociales reportan beneficios a sus miembros. El amigo de un amigo conectó a dos personas que a pesar de trabajar en la misma institución, y a pocos metros de distancia, no se conocían. Ambos estaban en un grupo: Harvard, pero fueron sus conexiones las que permitieron la presente investigación.

Para los autores un grupo puede ser definido por un atributo; una red, en cambio, es definida por sus conexiones entre humanos. Son estas últimas las que nos van a mostrar por qué el todo es más que la suma de sus partes cuando hablamos de redes sociales.

Fowler y Christakis retoman trabajos de Milgram (1960) y Watts (2002) como punto de partida de sus investigaciones: la teoría de los seis grados de separación y los tres grados de influencia. Es decir, cada persona puede llegar a cualquier persona en el planeta por medio de las conexiones de sus conexiones, y cada uno de nosotros puede influir en los amigos de los amigos de nuestros amigos.

En dicho contexto, una vez establecido el hecho de que tenemos alcance e influencia, Fowler y Christakis establecen cómo la red en la que estamos insertos puede afectar nuestra salud, nuestro nivel económico y la forma en la que nos enamoramos. En la investigación que realizan hacen, por ejemplo, un mapa de personas con su respectivo peso. Las conclusiones afirman que tener una conexión directa con una persona clínicamente obesa aumenta la posibilidad a un 45 % de que su pareja también lo sea. Esta posibilidad disminuye -hasta desaparecer- tres grados más lejos de la persona con problemas de sobrepeso.

Las conclusiones llevan a cierres similares en diferentes aspectos de nuestra vida. Por ejemplo que es probable que nuestra pareja esté en ese grupo de personas que tenemos a tres grados de distancia y que esta conexión romántica, eventualmente de matrimonio, afecta nuestra salud y nuestra longevidad. Así, las personas casadas resultan más propensas a vivir durante más tiempo.

Hay dos factores fundamentales en las redes sociales: la conexión, quién está conectado a quién (estructura), y el contagio, qué fluye a través de la red (función). Así, estructuramos nuestra red según el número de conexiones, la densidad de las mismas y qué tan centrales somos en esta.

A partir de la investigación los autores establecen unas reglas sobre la vida en las redes sociales. Estas son: nosotros le damos forma a nuestra red, nuestra red nos forma a nosotros, nuestros amigos nos afectan, los amigos de los amigos de nuestros amigos nos afectan, y la red tiene una vida propia.

Lo anterior es llevado al mundo digital y a los portales de redes sociales. Para los autores este paso no ha disminuido nuestra capacidad de conexión; por el contrario, la ha potencializado. Afirman que Internet ha hecho posible nuevas formas sociales que son modificaciones radicales de interacciones sociales existentes, como: ampliación del tamaño de nuestras redes sociales, ampliación de nuestra comunidad, conexiones con nodos más específicos según el tema y virtualidad, como la capacidad de asumir identidades virtuales.

A través de una investigación que realizan en un colegio de los Estados Unidos, los autores establecen que los cambios en la forma como nos relacionamos o ampliamos nuestra red social -gracias a estas nuevas formas de conectarnos- no son muchos y que simplemente llevamos nuestra vida al mundo digital. Sin embargo, uno de los cambios es que ya no sólo mantenemos nuestros vínculos, sino que también monitoreamos la vida de nuestras relaciones. Ahora somos más conscientes de la vida de los demás.

Otro aspecto importante que plantean Fowler y Christakis con la inmersión de las personas en redes sociales que sustentan su comunicación en herramientas digitales es la posibilidad de aumento del contagio de ideas. Pero en cuanto a las emociones, afirman que necesitan contacto personal para propagarse. Para los autores es claro que Internet aumenta la velocidad por la cual se propagan las ideas, pero el contagio es algo distinto y es un tema que no es tan evidente.

Gracias al estudio de la composición de las redes sociales y a cómo se han desarrollado en los últimos siglos, los autores proponen que no se debe temer a la inserción en las nuevas tecnologías digitales. Plantean que cuando apareció el teléfono los mismos miedos salieron a flote. Pero este paso se debe mirar como un paso más en la evolución del hombre y su capacidad de comunicación.

Connected busca entender, a partir de experiencias e investigaciones, el súper organismo humano y la manera en que este se convierte más que en la suma de sus partes. La recapitulación que hacen Fowler y Christakis, sobre cómo las redes sociales afectan nuestras vidas basados en evidencia, se convierte en punto de referencia cuando buscamos entender cómo funcionan las redes sociales y cómo podemos usarlas con fines comunicativos; no sólo en el campo digital.



Referencias

Fowler, J. & Christakis, N. (2009). Connected: the surprising power of our social networks and how they shape our lives. New York: Little, Brown and Company. Disponible en: http://connectedthebook.com/, consultado: fecha de consulta.

Milgram, S.; Bickman, L., & Berkowitz, L. (1969). "Note on the drawing power of crowds of different size". Journal of personality and social psychology, 13: 79-82.

Watts, D. J. (2003). Six Degrees: the science of a connected age. New York: Norton & Company, Inc.

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